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Tableau Baroque, algo refrescante en el verano

dfernandez@elnuevoherald.com

Está visto que no todo es calor en el verano; hay varias series de conciertos clásicos de jazz en teatros e iglesias. La clave está en mantenerse informado y lanzarse a explorar. Una de esas series veraniegas es la del conocido grupo local Seraphic Fire, especializado en música renacentista y barroca, que presentó en la noche del viernes 24, en la First United Methodist Church de Coral Gables, como invitado especial, al excelente grupo Tableau Baroque, con el concierto Handel's Inheritance que ofrecía una interesante panorámica de la carrera del famoso compositor germanobritánico, sus maestros y contemporáneos.

La Suite en sol menor, para violín, violoncello y clavicémbalo, de Strungk, fue una introducción ideal al programa por su brevedad, sus suaves melodías y graciosa invención, que sirvió como carta de presentación para Michael Albert, Brian Howard y Henry Lebedinsky en los mencionados instrumentos.

Luego un solo, Allemande, de Zachow, uno de los maestros de Handel, en las expertas manos de Lebedinsky, sirvió de adecuada transición a un plato de mayor sustancia, el dúo Ach, mein herzliebes Jesulein, de Schelle, en el que se unió a los instrumentistas el conocido contratenor Ian Howelll y donde Albert mostró su talento como cantante en igual tesitura. Fue uno de los mejores momentos de la noche, no sólo por la impecable ejecución, sino por lo inusual de la oferta.

Richard Keiser es uno de los contemporáneos de Handel cuya fama ha comenzado a reverdecer recientemente con nuevas grabaciones de sus óperas. Pasajes de la suite de una de éstas, Claudius, sirvieron para enmarcar el número más conocido y aplaudido de esa noche, la famosa Lascia que io pianga, de Rinaldo, de Handel. Como introducción a la famosa aria, que en la exquisita voz de Howell resultó casi dolorosa por su belleza, el mismo tema, pero en su versión primera, sólo instrumental, de la Almira, del propio autor.

Es preciso decir que cada fragmento a interpretar era presentado por alguno de los integrantes del conjunto con breves pero muy informativos comentarios. Aunque el programa no tuvo intermedios, sí se dividió en tres partes, reflejando distintos períodos en la vida de Handel. El tercero y último --que abarcaba su paso por Italia, segunda estadía en Hanover y su fin en Londres-- comenzó con una verdadera joya de la época, La Seneca, de Stradella, hermosa cantata que Howell supo entregar con riqueza expresiva.

Luego, una bella canción handeliana: Quel fior che all'alba ride, sobre la brevedad de la vida, una vez más en la dulce voz de Howell. La Sonata para violoncello y continuo, en la menor, de Bononcini, sirvió a Howard para demostrar su pericia en el cello y para dar una breve muestra del arte de ese maravilloso compositor, que también dejó óperas notables.

Finalmente, una de las nueve hermosísimas canciones alemanas de Handel: Flammende Rose, inteligentemente presentada y ejecutada por Howell que parece dominar los secretos idiomáticos de las distintas lenguas en que cantó esa noche. Fue tan vistosa su entrega, cuajada de ornamentaciones, que el público ovacionó de pie, por lo que el grupo regaló como encore, otra de esas canciones: Susse Stille, Sanfte Quelle.

Aunque se le podría reprochar al Tableau Baroque que el programa fue demasiado uniforme, sin arias o canciones más movidas o coloraturas más vistosas, fue sin duda un refresco de música clásica de alta calidad en medio de los calores del verano. • 

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