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`Marina', un gran esfuerzo desigual

dfernandez@elnuevoherald.com

Con una ovación de pie recibió el público el estreno de Marina, de Emilio Arrieta, por la Miami Lyric Opera en el Colony de Miami Beach. Aunque eso no es mucho decir, porque en esta ciudad prácticamente todo lo aplauden de pie.

¿Merecía esta puesta semejante reconocimiento? Si se toma en cuenta el esfuerzo, el tesón con que los cantantes, el director y los músicos se han empeñado en traer esta bella ópera española al público miamense, pues sí. Poner cualquier ópera con escasos recursos es una proeza, pero si se trata de algo desconocido para la mayoría y una novedad para los participantes, pues es un trabajo merecedor de reconocimiento. Ahora, si nos concretamos al logro estrictamente artístico, el aplauso debe ser moderado en algunos aspectos y, en otros, inexistente. Vayamos por partes.

Arrieta se propuso --sin ser un revolucionario del género-- renovar la zarzuela española en muchos aspectos, y con Marina da un salto de género, al convertirla en ópera de corte italiano aunque con elementos estructurales muy hispanos como la seguidilla y la habanera. Uno de lo aspectos distintivos de la obra es su riqueza orquestal, su especial timbre. Arrieta, sin abandonar la pandereta y la castañuela, le da mayor relevancia melódica a las maderas, y por primera vez, a los metales. Lamentablemente, con una orquesta reducida a 23 músicos, muchas de las sutilezas del compositor se perdieron en esta puesta, en la que el director, el experimentado Alfredo Munar, tuvo que hacer un trabajo especial para cumplir con la partitura y mantener el balance instrumental y con los cantantes. El resultado fue de mediano a satisfactorio en general con algunos momentos logrados y otros no tanto.

Lo mismo podría decirse de los cantantes. Beverly Coulter demostró que se mantiene en forma y que su voz conserva el vigor juvenil. Sus notas altas fueron firmes y nítidas y la coloratura final fue un alarde de virtuosismo; sin embargo, en el aspecto dramático no resultó convincente, sobre todo porque su dicción en español dejó mucho que desear. Quizá la falta de seguridad en un idioma que no es el suyo le restó a su caracterización del personaje, que aunque es muy simple, le quedó envarado y poco convincente. Es cierto que muchas cantantes de habla hispana tampoco son inteligibles cuando cantan, pero como no había supertítulos, los diálogos eran muy importantes para que la acción pudiera seguirse.

Aurelio Gabaldón, aunque también debutaba en su papel, resultó más seguro, supo transmitir matices y vida a su hermoso personaje, y musicalmente tuvo sus momentos de brillo, especialmente en el aria No sabes tú que yo tenía y en el dúo Marina, yo parto...

Diego Baner, como Pascual, embutido en un calurosísimo traje de pana que no le quedaba bien, sudó la gota gorda. Su hermosa voz de bajo no tuvo el lustre que en otras ocasiones, no por problemas musicales, sino tal vez por falta de concentración o verdadera identificación con su personaje.

Hugo Marcos tuvo una voz extraordinaria que todavía puede dar momentos valiosos en escena. El problema son las notas altas, el cantante no puede mantenerlas sin recurrir a un excesivo vibrato que casi ridiculiza el esfuerzo. Por otra parte, su personaje es el toque de humor en Marina que ayuda a disolver situaciones intensas, y hasta un recurso moderno de ``distanciamiento'' para las escenas románticas. Sin contar que tiene a su cargo las seguidillas y la habanera con el coro. Lamentablemente, el actor no pudo sacarle todo el partido que tiene su

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