• Salir
  • Centro de Membresía

Vampiresas o divas: los mitos sexuales hollywoodenses

ccotayo@elnuevoherald.com

Cuando el viento causado por un tren subterráneo sopló el vestido de Marilyn Monroe en The Seven Year Itch (1955), el reinado de las llamadas ``símbolos sexuales'' de Hollywood llegó a su espectacular clímax.

Las primeras sex symbols pudieran haber sido ``novias'' de un vampiro. Incluso, el término vamp se ha usado para clasificar a la enigmática diva del cine silente Theda Bara (A Fool There Was, 1915) por su provocativa y letal mirada de seductora. Luego, Clara Bow se convirtió en la It Girl --una suerte de chica ideal-- que representaba una fusión de inocencia y tentación sexual con el poder de estimular la libido de hombres y mujeres por igual. Louise Brooks, que logró más éxito en Europa que en Hollywood, fue otra luminaria en la evolución de la bad girl --la chica mala-- que además de ser bella, desafiaba las normas que el comportamiento puritano establecía para una mujer, en películas como Pandora's Box (1929), en la que obvió limitaciones dogmáticas.

La alemana Marlene Dietrich con The Blue Angel (1930) lució sus piernas perfectas en un número musical que le abrió las puertas al otro lado del Atlántico en la industria hollywoodense. En Morocco, estrenada en este país en 1930, vistió tuxedo y besó a una mujer en los labios en un cabaret. Con esa película los personajes femeninos sofisticados --la diva andrógina, atrevida e indomable-- llegó a cierto apogeo, abriendo aún más el mar rojo de la sensualidad en la gran pantalla antes del notorio ``código de producción''. Este se estableció a principios de la década de los años 30 y trató de suprimir la presentación explícita de la sexualidad, entre otros supuestos ``libertinajes'', en el cine estadounidense. El código hizo que la sexualidad ``explícita'' entrara en el clóset de la imaginación, provocando que las insinuaciones e implicaciones sexuales --el doble sentido-- se convirtieran en el antídoto de toda las restricciones moralistas. Actrices voluptuosas y sin pelos en la lengua como Mae West lo desafiaron en cintas humorísticas como I'm No Angel (1933)

Jean Harlow (Dinner at Eight, 1933), la rubia que murió joven, fue otro símbolo que decoró la pantalla con su propio glamour y picardía. No era una gran actriz, pero junto a otras mujeres iconográficas de su época, como Greta Garbo (Mata Hari, 1931), Dolores del Río (Bird of Paradise, 1932) --con otro aspecto de la sensualidad femenina: el exotismo--, Joan Crawford (Rain, 1932), Hedy Lamarr (Ecstasy, 1933) y Dietrich (The Devil is a Woman, 1935), contribuyó a crear una imagen que casi desapareció con la muerte de Monroe en 1962, a los 36 años de edad: la de la "diosa'' cinematográfica.

Otras figuras notables son Jane Russell en la controversial producción de Howard Hughes, The Outlaw (1941), Rita Hayworth en Gilda (1946), Betty Grable, Ava Gardner, Elizabeth Taylor y Kim Novak, mujeres con una electrizante presencia de puro erotismo que nunca cayeron en vulgaridades.

En el panorama internacional, Harriet Andersson, Gina Lollobrigida, Brigitte Bardot, Jeanne Moreau, Sophia Loren y Anita Ekberg mantuvieron viva la imagen de la diosa sensual en el celuloide. No se pueden pasar por alto bellezas despampanantes como la española Sarita Montiel y, por supuesto, Raquel Welch --de ascendencia boliviana por parte de padre--, entre otras que encendían la pantalla con su contribución al sublime arte de la sensualidad cinematográfica.

Dos elementos han jugado un papel clave tanto en la creación como en la gradual desaparición de los íconos sensuales femeninos que todos adoramos. Su raíz histórica es tan antigua como los mitos y se puede vincular al concepto de caballería medieval, por el que los hombres de la nobleza adoraban a ciertas mujeres como si fueran representantes de la Virgen. Su descenso se puede atribuir a los contundentes dramas protagonizados por actrices fuertes en los años 70, que cimentaron la liberación sexual y la independencia feminista en la pantalla.

Lo indiscutible es que ninguna de estas legendarias divas de la pasión y la diversión, sobre todo durante su apogeo, tiene hoy equivalente. • 

¡Sea la primera persona en comentar sobre este artículo. Haga clic en la barra de 'Agregar Comentario'.


El Nuevo Herald se complace en ofrecerle a sus lectores la oportunidad de compartir experiencias e intercambiar observaciones sobre lo que publicamos diariamente en nuestra edición digital.

Los instamos a participar en nuestros debates de manera abierta y franca, pero sin hacer juicios hirientes o fuera de orden. Nos reservamos el derecho a eliminar las opiniones que no cumplan estas normas. Algunos de las comentarios que usted hace pueden ser reproducidos en el diario impreso o en otras páginas de nuestro sitio.

Muchas gracias por compartir sus puntos de vista.

Para hacer comentarios debe registrarse en elNuevoHerald.com la primera vez. Lo que escriba estará debidamente identificado con su nombre de usuario. ¿Todavía no se ha registrado? Clic aquí -- para hacerlo ahora mismo.

  • Videos