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'An Education' en la escuela de la vida

Crítico de cine/El Nuevo Herald

Alos 16 años, Jenny encuentra un glamoroso hombre de treinta y pico, que la desflora al cumplir los 17 y la invita a florecer entre elegantes cenas, jazz clubs y fines de semana en París. Con velada ironía, An Education atisba el lado romántico de la corrupción de menores.

La editora Lynn Barker reveló su despertar erótico en 1961 y el novelista Nick Hornby adapta la confesión personal en un guión exquisitamente ambientado en un Londres al borde de la revolución sexual y el apogeo de los Beatles. En este encorsetado preludio al Swinging London, la directora danesa Lone Scherfig le toma el pulso a la época y diagnostica inminente fiebre de primavera e inaplazables ganas de vivir.

La película no tendría su magia especial sin Carey Mulligan, en un debut estelar que ya comparan con el de Audrey Hepburn. Carey le da a Jenny una aureola de ingenua picardía y no hay en el cine actual quien bien proyecte este contrasentido imposible de fingirse. Es un don natural y, a los 24 años, Mulligan retorna sin traspiés al umbral de la adolescencia.

Peter Sarsgaard es David Goldman, pretendiente ideal que hasta seduce al severo padre (Alfred Molina). Con su consentimiento, Jenny abre puertas de un enclave sofisticado donde pernoctan Goldman, su untuoso socio (Dominic Cooper) y su alocada cómplice (Rosamond Pike). A Jenny poco le importa de qué viven estos vividores profesionales, que adulan a ricos incautos para colarse en sus mansiones y llevarse objetos de buen precio en el mercado.

Jenny abandona los estudios y proclama que ya es mujer, ante la escéptica negativa de su rígida profesora (Emma Thompson). Al desembarazarse de la virginidad, insiste en madurar antes de tiempo, aunque apenas ha iniciado su educación sentimental y Goldman, su Príncipe Azul, resulta desteñido padre de burguesa familia.

Lo bueno y lo malo suceden a un ritmo tan equilibrado que lo imprevisto se confunde con lo inevitable. Peter Sarsgaard, en un trabajo de impecable sutileza, embauca tanto a Jenny como al espectador: irradia la falsa inocencia de un amoral miope o ciego ante su obvia culpabilidad. Está claro que manipula a la jovencita, pero ella a su vez lo manipula para realizar su ansia amorfa de verse algún día fumando perfumados cigarrillos en un parisino café.

An Education deleita e inquieta con su doble juego, simultáneamente ilusionado y socarrón. En la escuelita de la vida, Jenny sacó mala nota en su primer curso. Perdió inocencia pero ganó experiencia. La calificación final queda en suspenso, porque a esta virgen a medias le queda poco que arriesgar, pero mucho que aprender. • 

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