Punto de vista
'Harold & Kumar Escape from Guantanamo', lo que el humo nos trae
RENE JORDAN
Crítico de cine/El Nuevo Herald
En Harold and Kumar Go to White Castle, los dos marihuaneros hambrientos buscaban yerba en un episodio al estilo de Cheech and Chong, pero ahora John Cho y Kal Penn, como todos los payasos del momento, se han metido en política. Iban volando a Amsterdam, paraíso de la fumadera, pero causan un estropicio en el avión, caen víctimas de la discriminación étnica y los recluyen como terroristas en Guantánamo.
En presidio, sufren agresión sexual por parte de los guardias, pero ese preámbulo de protesta a las regulaciones post 9/11 dura bien poco. Harold y Kumar salen fácil del cautiverio, llegan a la costa, se embarcan con cubanos fugitivos, llegan a Miami y ahí empieza el tema central del vodevil, que consiste en burlarse del supuesto atraso de las regiones rurales en Estados del Sur.
Se cuelan en una choza que contiene un apartamento modernísimo donde una incestuosa pareja de hermanos han concebido un ciclópeo fenómeno de un solo ojo en la frente, que al parecer tiene intenciones deshonestas con los escapados y los obliga a continuar la huida. Nada de esto tiene la menor gracia, pero provoca estentóreas carcajadas en grupitos del público previamente refaccionados con hilarantes humos.
Escape From Guantanamo incita dudas sobre cuáles son los límites cada vez más elásticos de la clasificación ''R''. Aquí hay amplios desnudos frontales femeninos y un breve pestañazo de su equivalente masculino. El lenguaje es singularmente soez y se describen actos carnales de acrobática peculiaridad. Para aspirar a NC-17 habrá que caer en directa
pornografía.
Todo lo anterior es palabrería inútil porque esto tiene su público especializado. John Cho y Kal Penn logran lo que en un tiempo hubiera parecido imposible: añorar las travesuras de Cheech Marin y Tommy Chong en Up in Smopke.