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Pensar bien no siempre es bueno

Bloomberg News

Barbara Ehrenreich quiere que dejemos de sonreír y dediquemos más tiempo a observar la cara oscura de la realidad.

Dedicó su nuevo libro, El lado brillante de las cosas: cómo la promoción asidua del pensamiento positivo ha socavado a Estados Unidos, de la editorial Metropolitan Books, a los ``quejosos de todas partes'' con la orden de ``¡quéjense más!''

Es hora de dejar de lado el optimismo forzado y volver a un poco de empirismo duro.

Hablamos con ella en Nueva York, en un hotel del centro.

Lundborg: ¿Cuándo adoptó el mundo de los negocios el pensamiento positivo?

Ehrenreich: Llegó a fines de los años 80 durante los despidos.

Usted envía a la gente despedida a la firma de colocación de desempleados, donde reciben charlas estimulantes sobre cómo cambiar su actitud. Los sobrevivientes, a su vez, necesitan motivadores para poder hacer el trabajo de dos personas.

Lundborg: ¿Pero el asunto no se acabó allí?

Ehrenreich: No. Pensé que era algo que se había incorporado de manera cínica, pero me sorprendí cuando supe que incluso los altos ejecutivos llegaron a creérselo.

Hubo un viraje sorprendente, que se apartó del análisis racional hacia la idea de que el liderazgo significaba tener intuiciones brillantes, carisma y poderes casi místicos.

Lundborg: ¿Cómo se volvió tóxico?

Ehrenreich: El pensamiento positivo se convirtió en la ideología del mundo empresarial. No se podían plantear críticas o dudas porque había normas para despedir a la gente negativa, esos que desalentaban a otros con su escepticismo

Lundborg: Deme un ejemplo.

Ehrenreich: En Lehman Brothers, un ejecutivo llamado Michael Gelband, se dirigió al máximo ejecutivo Richard Fuld y le dijo: ``Creo que eso de las viviendas es una burbuja y tendremos problemas si no nos salimos''. El ejecutivo básicamente lo obligó a renunciar.

Todos los altos ejecutivos con los que puede hablar dijeron que es universal: uno no puede ser el mensajero de las malas noticias. Así que todo el mundo estaba encerrado en su capullo de pensamientos felices.

Lundborg: Usted dice en su libro que la tarea de los gerentes es ``tranquilizar y complacer'' a los que están en la cúpula. Eso no es nuevo, ¿no?

Ehrenreich: Un gerente de crisis empresariales me dijo que un ejecutivo multimillonario le había dicho: ``Soy el hombre al que más le mienten en Estados Unidos. Nadie me dice la verdad''. Eso hace que avancemos por caminos peligrosos.

Lundborg: ¿Cuándo comienza la búsqueda chamanística de la visión en las empresas, los fines de semana de caminar sobrebrasas?

Ehrenreich: Yo ubicaría el momento en que los ejecutivos de más alto nivel abrazaron el misticismo a fines de los años 90 y comienzos del 2000. Uno no se va un fin de semana a algún lugar para aprender más sobre su producto, sino a una sauna.

A muchas de esas personas probablemente sus propias empresas les pagaron para asistir. James Arthur Ray es un nombre importante en el sector de la motivación y un defensor enérgico de la ley de laatracción.

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