¿Tiene usted un sueño? Hágalo realidad y triunfe
By Manny García-Tuñón
Fue el Martes Negro, 29 de octubre de 1929. Esa fecha se recordará siempre como el día que el mercado bursátil se desplomó y reinó el caos, impulsando una década de penurias para millones de personas en Estados Unidos y el resto del mundo. La Gran Depresión no fue el resulto de un hecho aislado ni se materializó de la noche a la mañana.
La bolsa comenzó a declinar ese septiembre, aparentemente reventando por las costuras de los años de vacas gordas de la década de 1920. Después de un alza prolongada, el mercado estaba listo para una corrección, y mientras más bajaba más personas comenzaron a notarlo. Una baja preliminar ocurrió el Lunes 28 de octubre de 1929, cuando el Promedio Industrial Dow Jones sufrió un bajón formidable, y el Martes Negro el Dow perdió 38 puntos.
La venta acelerada de acciones que ocurrió ese día abrumó el sistema de cintas perforadas que mantenía a los inversionistas al tanto del precio de las acciones. Las compañías telefónicas fueron inundadas de llamadas desesperadas de personas que colapsaron el sistema, creando un vacío de información que llevó al temor y al caos.
Millones de personas perdieron su trabajo el desempleo se disparó al 25 por ciento. Cientos de bancos quebraron cuando los propietarios no pudieron pagar sus préstamos y miles de compañías, grandes y pequeñas, se vieron obligadas a cerrar.
Ya sé lo que usted está pensando: Por favor, no queremos otra analogía de la Gran Depresión No se preocupe. No voy a someterlo a otra comparación entre entonces y ahora, pero me gustaría compartir con ustedes la historia de un hombre que, en medio de la Gran Depresión, logró un éxito tan impresionante que sobrepasó la imaginación de casi todo el mundo. La de todos, excepto la propia, porque nadie tenía la imaginación de Walt Disney.
En 1931, al comienzo de la era de la Gran Depresión, mientras los empresarios del país eran presa del miedo, Walt Disney soñó con hacer un largometraje animado. En ese momento a su estudio le iba bien, considerando las circunstancias, con cortos animados de siete minutos. ¿Por qué Disney arriesgaría ese nivel de éxito por una idea que muchos consideraron fuera de momento e incluso una locura? Los animados de siete minutos eran suficiente.
¿Pero estaría alguien dispuesto a ver un largometraje animado de una hora y media? Disney opinaba que sí, si los 90 minutos estaban llenos de acción, drama y humor, así que mantuvo su sueño vivo a pesar de la oposición que lo rodeaba.
Entonces, en 1934, en medio de la Gran Depresión, Disney decidió arriesgarlo todo, incluido el estudio, y hacer su sueño realidad. La obra era el largometraje animado Blanca Nieves y los Siete Enanitos. Sobre la base de sus cortos animados, Disney calculó que la producción del largometraje costaría $250,000.
Roy, el hermano y socio de negocios de Walt, quien le manejaba las finanzas, duplicó el cálculo a $500,000 por temor al optimismo de su hermano. Durante los próximos tres años, el estudio batalló por completar el filme, superando todos los obstáculos, desde falta de fondos hasta serios retos artísticos porque ninguno de los animadores sabía cómo dibujar personajes a escala natural.
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