Los lectores de Gina Montaner (La Habana, Cuba, 1960) sabíamos que, oculta en el tono literario de algunas de sus mejores columnas periodísticas, germinaba una novela. En muchas de ellas --las más personales y reflexivas-- creíamos adivinar posibles argumentos y personajes. Eran, por definirlas con un símil manido pero oportuno, como crónicas de una novela anunciada. Para los iniciados, las columnas que describían un atardecer mágico a orillas del Ganges no hacían otra cosa que anunciar un posible escenario. Aquellas que evocaban la tristeza de los inviernos madrileños, sólo eran reflejos de los estados de ánimo de algún personaje. Y en las que se añoraba una adolescencia signada por el amor a la literatura, no veíamos más que las señales de una probable historia de iniciación. Sólo era cuestión de tiempo. Y ese tiempo ha llegado para Gina Montaner con la publicación de La mala fama (Random House Mondadori, 2009), su opera prima.