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`Los vivos y los muertos', `thriller' para reflexionar

Apocos días de llegar a la ciudad con motivo de la presentación de su novela más reciente Los vivos y los muertos en la Feria Internacional del Libro de Miami, Edmundo Paz Soldán está de muy buen humor. El escritor nacido en Cochabamba en 1967 sabe que su novela, editada este año por Alfaguara para todo el continente y Europa, ha tenido una favorable repercusión entre la crítica y el público, y que además es uno de los autores que más expectativas genera en cada uno de los diálogos organizados por el evento, ya sea por la calidad de sus ficciones, porque es un escritor que puede hablar con soltura y acierto sobre la confusa realidad política de la región como de la prosa experimental de Manuel Puig o por qué hoy su amada Bolivia no clasificó para el Campeonato Mundial de Fútbol.

  • Jaime Bayly: un antiburgués conservador

    Con la fama de ser el infante terrible de la televisión, Jaime Bayly se ha dado el lujo de escribir como le da la gana, de lo que quiere y como quiere, sin aparentes cortapisas ni pudores. Sus columnas periodísticas le garantizan el disgusto de muchos que, sin embargo, las leen. El sabe divertir: es un conservador político, pero a la vez un radical social, que confiesa ser bisexual desde hace mucho, cuando no estaba de moda, y en el seno de una sociedad muy conservadora, la limeña. Y se atreve a ser un redomado antiburgués, a pesar de ser miembro de las clases altas.

  • Cristina Rivera Garza y la herida de la escritura

    Escribir, para Cristina Rivera Garza (Matamoros, México, 1964) es ``abrir la herida''. Una herida a través de la cual, sobre todo, se ve. Puede abrirla en la piel de las ciudades usando la palabra como un instrumento de doble filo --el documento, la ficción--, que tiene la capacidad de hendir adentro y asomarse a los puntos ciegos de las urbes. Tal vez porque la niña que veía borroso el mundo, hasta cuando éste se transformó por obra de los lentes en un juego de imágenes que cambiaba con sólo retirarlos de sus ojos, creció viendo de otro modo. ``Voy entre ciega, exultante y cariacontecida'', ha escrito. De adolescente --como la narradora de la novela La muerte me da, con la que acaba de ganar el Premio Sor Juan a Inés de la Cruz 2008-- dejó atrás su ciudad en la frontera norte de México y entró a la urbe caótica del D.F. repitiéndose: ``No soy de aquí. Yo no soy de aquí. No soy de aquí. Yo veo más''. En medio del desconcierto de la realidad, el único modo de pretender ser invulnerable era ver todo ``como quien se despide. Como quien ya se fue''.

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'Una cola muy grande', 2009. Medio mixto sobre lienzo.

    Ernesto Capdevila y la hibridez de su arte

    En 1994, cuando Ernesto Capdevila tenía 24 años y comenzó a trabajar en el Taller Experimental de Gráfica de La Habana, era vedado hablar --o pensar-- sobre el quehacer de esa generación de los años 80 que rompió las presiones del arte comprometido y que había hecho contemporáneo el arte cubano. A medida que iban saliendo de la isla, sus nombres, sus obras, desaparecían. ``Todos los días descolgaban una pieza del Museo Nacional de Bellas Artes'', evoca. Mientras profundizaba en el aprendizaje del grabado, que es esencial en su concepción del oficio, viviendo entre las paredes despintadas --indisociables de la época del Período Especial--, que acabaron por afianzar en su obra una estética, una suerte de fijación por la superficie ``maltratada'', por las capas del tiempo que descascaran los muros, empezó a formarse en pintura. Estaba bajo el influjo del neo-expresionismo alemán, de la trasvanguardia italiana, pero también bajo el signo de la ausencia de las páginas arrancadas en la historia del arte de su lugar de origen.

  • MISAS DE JOSQUIN DES PRES

    Misas de Josquin Des Prés

    Con frecuencia se compara la carrera de Josquin des Prés (aprox. 1440-1521) con la de otro maestro del cual lo separan varios siglos y estilos: Beethoven. Y aunque pueda parecer exagerado o fuera de lugar, lo cierto es que des Prés fue en su tiempo un compositor tan influyente como lo fue Beethoven o cualquier otro creador posterior, a pesar de que su repertorio está compuesto por obras para voces. Pero equiparlo a Beethoven no es más que un acto de justicia. Las misas de des Prés equivalen a una sinfonía beethoveniana, y constituyen una experiencia musical inolvidable. Esto lo demuestran The Tallis Scholars en este disco, interpretando dos misas solemnes: Malheur me bat, y Fortuna Desperata.

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