Ella, que todo lo tuvo: un premio y algunos desafíos
By MADELINE CAMARA
Especial/El Nuevo Herald
Debo comenzar esta nota avisando al lector de las condiciones de la recepción del libro que reseño. Lo pedí especialmente a El Nuevo Herald por dos razones válidas: primero porque me enamoré de su título, que prometía la historia de una mujer fuerte; segundo, porque me entusiasmaba la idea de comentar la primera obra de mujer reconocida por el ``Premio Iberoamericano de Narrativa Planeta-Casamerica'', en su tercera edición de 2009. Pero confieso que resulté decepcionada en mis expectativas.
La primera vez que se entregó el galardón tuve la suerte de estar en Bogotá, como parte de la prensa, y supe de las grandes ilusiones que críticos, autores y editores han puesto en este nuevo premio literario que se plantea comunicar las dos orillas del Atlántico, destacando las mejores creaciones novelísticas en la lengua de Cervantes, el genio castellano, y también de Sor Juana, la monja mexicana. Entonces la pregunta que me hacía era, ¿mereció la novela Ella, que todo lo tuvo, de Angela Becerra (Colombia, 1957), la importante distinción? ¿Hizo bien el jurado en premiarla si con ello promueve esta obra como representativa de la calidad que puede alcanzar la novela entre lo que escribe hoy día tanto en España como en Latinoamerica? En mi opinión, no.
La escritora y periodista colombiana Angela Becerra tiene una destacada trayectoria: otra de sus novelas, El penúltimo sueño, recibió el prestigioso Premio Azorín en el 2005.
Las más recientes creaciones de la novela en el continente exhiben una combinación de fórmulas. Menciono algunas: la metaficción historiográfica (o reelaboración del pasado desde la invención); el pastiche, (fusión de subgéneros como el thriller o la llamada novela gótica); la revitalización de viejos estilos literarios, tomando los tradicionales tonos del Romanticismo para crear novelas de amor y de locación exótica, y claro está la intertextualidad más erudita (mezcla de otras referencias artísticas dentro de un texto) junto a altas dosis de erotismo. Ella, Becerra, todo lo usó. Por lo tanto, ambición literaria sobra. Resultados concretos, faltan.
La primer página es excelente, y nos sitúa de golpe in media res de un conflicto que daba para una historia desgarradora y personajes fuertes: Una mujer pierde a su marido y a su hija en un accidente automovilístico. Ella, este es su nombre bisémico, de oficio escritora, pierde, como era de esperarse, la pasión por la vida y la escritura, y sólo va a recuperar ambas yendo a rescatar una vieja leyenda que se desarrolla en Firenze, Italia. Acá se introduce la otra historia que se intenta contrapuntear con la ya mencionada: se trata de una misteriosa ``Donna di Lacrima'' que ``recibe en un soberbio ático de la via Ghibellina a hombres que le cuentan su vida y adoran su cuerpo y su silencio''. Ambas caracterizaciones femeninas sirven a la novelista para explorar ``los abismos de la soledad'', como nos sigue diciendo la nota de contracubierta.
Entonces, ¿qué más pedir a un/a escritor/a en el mundo moderno que iluminarnos sobre cómo rescatarnos a nosotros mismos? Por mi parte, creo que en el diálogo mismo entre conflictos y personajes alter ego es donde fracasa el texto. Pero, igualmente, una novela escrita en dos planos exige más cuidado al enlazar uno y otro, manteniendo un equilibrio estructural en términos de la tensión dramática que producen. En la presente obra, a veces la acción se detiene en innecesarias descripciones, otras se atropellan sucesos que luego no se hilvanan adecuadamente. A nivel de expresión poética, el lenguaje peca de exaltado y deinjustificadamente lírico, sin que lo presentado predomine sobre lo sugerido. De ahí al estereotipo, (lo cual sucede en los personajes femeninos) o su contrario, los caracteres desdibujados (que observo en los masculinos, en particular, Lívido) hay sólo una línea muy frágil que un escritor/a talentoso/a debe evitar.
Angela Becerra se presentará en La Feria Internacional del libro de Miami el viernes 13 de noviembre a las 6:30 en el salón 2106 del Edificio 2.
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