Daniel Viñoly y sus mandalas humanizadores
By ADRIANA HERRERA
Especial/El Nuevo Herald
The Americas Collection inauguró su sede de la avenida Andalusía en Coral Gables a donde se ha trasladado, con una exhibición que demuestra que no sólo está cambiando de locación sino aventurándose en trabajos de arte contemporáneo que no formaban parte de sus exploraciones precedentes. Mandalas, de Daniel Viñoly, se inscribe dentro de un modo de relación entre arte y fotografía que recurre al uso de archivos visuales, para activar una visión.
En Words, seis rostros de distintos hombres y mujeres con expresiones diversas derivan en una sola imagen compuesta por la superposición de todos los retratos. El efecto de convergencia puede leerse como una metáfora tanto del incesante desvanecimiento de rostros que hay en la tierra, como de la identidad última que, por encima de nuestras diferencias, nos hace formar parte de una misma humanidad, más allá de lo incomunicable o de las diferencias de lenguaje. El artista escribió en diferentes lenguas un texto que alude a la insuficiencia última de cualquier palabra en cualquier idioma.
Pero además, su obra supone una meditación en el modo en que hemos construido nuestras realidades históricas. Las conexiones entre las fotos de una misma secuencia no son ni explícitas ni cerradas a una localidad. Pertenecen a un terreno abierto, ambiguo e incorporan elementos fantasmagóricos llenos de poder simbólico.
Viñoly vuelve artificiales los archivos reales. Reproduce en bajísimo contraste y con una veladura gris la foto de unos niños en edad escolar, que posan desprevenidamente ante la cámara, a uno de los lados de sus cajas fotográficas. En esta misma pieza hay otras fotografías como un personaje de capa negra y máscara de pájaro en lo que pudiera ser un escenario teatral, y, en cualquier caso, una escena construida que transmite lo incierto e inaprensible. Junto a esta imagen hay dos retratos: uno es el perfil de cuerpo entero de un hombre mayor que huye o busca una salida, y otro, un joven negro que mira al espectador desde el abismo. Está sentado en una calle, con fardos en la espalda que pueden evocar infinidad de situaciones del mundo: las masas de gente en la inopia, los desplazados de las guerras, los nuevos intocables de esta época. No importa la exactitud de la referencia. Su imprecisión es justamente lo que da a estas imágenes que funcionan juntas a partir de su aparente inconexión, una universalidad, un poder de hacer visible la fragilidad del mundo. La concepción de Allan Sekula de la fotografía como ``una expresión fragmentaria e incompleta'' se articula aquí con el efecto caleidoscópico de imágenes extraídas de contextos muy diversos, que sin embargo, tienden a despertar una reflexión totalizadora.
El título de la muestra responde al efecto buscado en sus instalaciones fotográficas en cajas de luz. Viñoly explica que el término sánscrito Mandala alude a lo que contiene la esencia, y refiere a las pinturas de círculos inscritos en cuadrados formados por polvos de colores que hacen los monjes tibetanos para describir el universo. ``En los ojos de sus creadores --dice-- no son trabajos de arte, sino herramientas para provocar una experiencia de meditación. A través de la contemplación de esas imágenes los espectadores pueden conectarse con sus verdades internas''. La lógica a partir de la cual están construidos los ``mandalas'' fotográficos de Viñoly supone no sólo la reconexión con el imaginario colectivo y la activación de historias articuladas por el espectador, sino una experiencia de inmersión en lo común humano.
adrianaherrerat@aol.com
`Mandalas' de Daniel Viñoly, en The Americas Collection, 214 Andalucia Avenue. (305) 446-5578. Hasta mañana.
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