PADRES E HIJOS
Los viajes nos cambian la perspectiva
Dra. María Francisca Arbona
Con la llegada del fin del año escolar muchas familias celebran graduaciones y aprovechan el verano para viajar ya sea por regalo de graduación, para hacer labor voluntaria o simplemente como placer.
Viajar es uno de los mejores regalos que los padres o abuelos les pueden ofrecer a sus niños y adolescentes. Es una de las actividades que nos abre la mente y nos cambia la percepción de vida. Nos ayuda a restablecer prioridades y, sobre todo, nos facilita el agradecimiento de lo que somos y tenemos.
Rápidamente, con la velocidad de un rayo aprendemos al viajar que todas las cosas se pueden hacer de forma diferente a la que nosotros estamos acostumbrados. El mismo objeto es llamado de forma distinta en diversos países o áreas, por ejemplo al el maíz se le conoce como choclo y al aguacate como palta en algunos países sudamericanos. Al visitar otros países o lugares dentro de un país, los niños y adolescentes comienzan a entender que el concepto ''tiempo'' es relativo. Cada vez que cruzamos diferentes zonas de tiempo se nos pierden o añaden horas a nuestro día, que recuperamos al regresar a nuestro lugar de origen.
A la vez realizamos cuán iguales somos en miles de cosas. Todos los seres humanos viven con sus familias en casas, comen, duermen, van a la escuela, juegan, pelean, se expresan cariño, se cuidan los unos a los otros y aprenden de ese grupo familiar valores y conductas que los ayudarán a ser exitosos en su medio ambiente. Obviamente también es cierto que encontramos similares problemas sociales en todos los sitios que visitamos como lo son el abuso del alcohol o las drogas, el maltrato físico y emocional, la delincuencia, el hambre y la pobreza.
Lo más importante que ocurre cuando viajamos desde chicos es que comprendemos desde temprano en la vida el lema que hizo famosa a la psicología trascendental ''yo estoy bien y tú también estas bien''. Todos los seres del planeta desarrollamos diversas maneras de aprender, solucionar problemas y decidir qué es apropiado y qué no lo es. Todos los acercamientos o métodos son igualmente buenos, ninguno es superior al otro.
Las personas que viajan pensando que ellos saben más que los demás, o que su forma de hacer las cosas es superior a otras, se sorprenderán de lo equivocados que estaban al visitar otros lugares, incluyendo los sabidos países tercermundistas.
Yo soy una viajera y mis mejores lecciones las he aprendido en mis andares por la vida, con mente y corazón abiertos. Considero que la lección más importante que podemos aprender es que todos somos iguales. Todos estamos conectados por la energía de vida y todos estamos tratando de hacerlo lo mejor posible de acuerdo a nuestras circunstancias. Papás y abuelitos provéanle a sus niños y adolescentes la maravillosa experiencia de conocerse a ellos mismos a través de los ojos y de las experiencias de personas de otros lugares. ¡Anímense!
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