Punto de vista: Una acertada sátira sobre el mercado laboral
By ANTONIO ORLANDO RODRIGUEZ
Especial/El Nuevo Herald
El método Grönholm, del dramaturgo catalán Jordi Calcerán, llega a Miami después de haberse presentado con éxito en diversas ciudades de Europa y de América Latina. Se trata de una obra que exagera y caricaturiza --a través de una equilibrada combinación de drama y de comedia corrosiva-- los endiablados mecanismos a los que puede llegar la elección del personal en el mercado laboral contemporáneo. Con ella, Teatro 8 lanza una interrogante de cariz satírico que cada espectador deberá responder: ¿hasta dónde puede humillarse el aspirante a un puesto de trabajo, con tal de vencer a sus rivales y alcanzar su meta?
Fernando, Enrique, Carlos y Mercedes, cuatro candidatos a desempeñar la dirección de marketing de una importante empresa, se enfrascan en una dura contienda. Las pruebas a que los someten son auténticos juegos de roles en los que deben demostrar su capacidad para manejar situaciones difíciles y para manipular a quienes los rodean. Calcerán coloca a sus ejecutivos en una situación de gran teatralidad que recuerda la teoría de Darwin sobre la evolución de las especies. Solo que, al parecer, en los tiempos que corren no basta con ser el más fuerte para sobrevivir a los procesos de selección de personal, también hay que ser inescrupuloso y poseer el don de convertirse en otro para satisfacer las expectativas del posible empleador.
Los principales aciertos de El método Grönholm están en la originalidad del tema, la agudeza de los diálogos y su sostenida tensión dramática. Aunque en los primeros minutos puede creerse que los personajes responden a estereotipos, a medida que la trama progresa se hace evidente que tienen múltiples aristas, y los puntos de giros se suceden uno tras otro, con una aceitada concatenación y sustentados por un inquietante juego entre apariencia y verdad, hasta desembocar en un clímax y un desenlace bien urdidos.
La puesta en escena de Marcos Casanova ubica la acción en un edificio corporativo de Brickell, y su discurso escénico --tal como sugiere la lectura del texto-- se inscribe en un estilo ``realista'' apegado a lo tradicional. Las luces de Pedro Remírez, discretas y eficaces, reservan su creatividad para la expresiva imagen final; la música se limita a pinceladas que sirven de pórtico y cierre, y subrayan el carácter burlesco de una de las pruebas. La escenografía, diseñada por el propio Casanova, un tanto opresiva, sugiere lo claustrofóbico e impersonal del espacio y la atmósfera de desconfianza y competitividad en que se mueven los contendientes.
La obra exige de los actores un permanente compromiso con los diferentes estadios por los que transitan sus caracteres y también habilidad para resolver las múltiples transiciones que genera el contrapunteo entre ficción y realidad. Martha Picanes, Jorge Hernández, Gerardo Riverón y Marcos Casanova delinean sus personajes de forma convincente. Dentro del cuarteto sobresale Hernández con su cuidadoso trabajo de expresión corporal. A Casanova cabría reprocharle cierto automatismo en parlamentos clave, que reclaman inflexiones de voz y ademanes más efectivos.
El montaje tiene algunos altibajos de ritmo y por momentos se echa de menos un mejor estudio de las acciones físicas. Sin embargo, aunque sus resultados no sean particularmente brillantes, El método Grönholm constituye una propuesta meritoria, con un tema de actualidad, que vale la pena apreciar. Una inteligente elección de Hispanic Theater Guild para celebrar sus dos primeras décadas de existencia. •
`El método Grönholm', de Jordi Galcerán, se presenta viernes y sábados, a las 8:30 p.m., y domingos a las 5 p.m., hasta el 15 de noviembre, en Teatro 8, 2101 SW 8 St., Miami. (305) 541-4841.
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