Yahima Torres: de la isla de Cuba a la del Lido gracias a 'Venus Noire'

09/09/2010 1:00 PM

09/09/2010 1:09 PM

Yahima Torres nunca pensó en ser actriz, pero un día se cruzó por las calles de París con el director francotunecino Abdellatif Kechiche y él vio en ella a su "Venus Noire'', filme que compite por el León de Oro de Venecia y que figura entre las favoritas de la crítica.

Ayer Torres se vio por primera vez en la gran pantalla. "Ha sido muy emocionante y un poco extraño para mí. Todavía no había visto el montaje final de este intenso trabajo. Y cada escena me recordaba a lo que fue rodarla'', explica en una entrevista con los medios internacionales esta joven cubana de 30 años que antes de que el cine se cruzara en su vida, enseñaba español a los niños franceses.

''A finales de 2003 llegué a Francia desde Cuba. Fue una invitación de unos amigos franceses y cubanos, la verdad es que no fue nada problemático'', asegura. "Pero cuando le expliqué a mi madre esto me dijo: '¿Cómo que vas a hacer el papel principal de una película?"', bromea.

Los milagros existen, aunque tienen un precio. Para estar a la altura de este giro vital, Torrès dio clases de baile africano, aprendió la lengua afrikáner y engordó unos cuantos kilos para tener ese cuerpo que parece un tótem tribal de ébano.

La razón: Saartjie Baartman, la bosquimana con los genitales hipertrofiados que sorprendió a los círculos científicos, artísticos y burgueses de la Europa decimonónica, los cuales abusaron de ella como si fuera una simple bestia.

En "Venus Noire'', Torrès queda totalmente expuesta al público: humillada, animalizada y expoliada. "Fue un trabajo física y emocionalmente muy duro. Pero el director me dio mucha confianza, hizo que no me sintiera inferior y tuvo mucha paciencia'', reconoce.

Su familia fue entendiendo la situación. "Yo sabía las escenas que iba a rodar y quería explicárselas, porque iba a salir desnuda. Mi madre me apoyó desde el primer momento. A mi padre le tuve que explicar un poquico más'', confiesa.

Pero siempre le ayudó el hecho de estar dirigida por Kechiche, ganador del máximo premio del cine francés, el César, por "La esquiva'' y de nuevo en Venecia tras resultar premiado con "Couscous (El grano y la mula)''.

''El me ayudó a buscar la emoción en mí misma, a meterme en la piel del personaje y olvidar mi propia personalidad'', argumenta Torrès.

Porque además del cuerpo, la debutante actriz basa su interpretación en la mirada. En ese cruce entre el agresivo animal y la ingenua mujer que era Baartman, cuyos restos fueron exhibidos en el Museo de Ciencias Naturales de París y finalmente repatriados a Sudáfrica en 2003.

Torres conocía "vagamente'' al personaje histórico antes de embarcarse en el filme. ‘‘Luego leí muchas cosas sobre Saarjie, investigué porque quería profundizar en ella y tratar con respeto a una mujer que había existido'', reconoció.

Y a través de ella, confecciona junto a Kechiche el discurso sobre la responsabilidad colectiva de una sociedad que asiste impávida o incluyo entretenida a la degradación de un ser humano.

Ella se siente afortunada por no conectar en la vida real con el maltrato que sufrió Baartman como emigrante en Londres y París. "Francia es un país con mucha mezcla. Sí hay situaciones en las que pasan cosas racistas, de malos sentimientos y de superioridad, por desgracia. Pero yo, por suerte, no las he sufrido'', reconoció.

Y definió Cuba como un pueblo "muy solidario, a pesar de que el sistema es totalmente diferente. La gente se preocupa por el bienestar de la otra persona''.

''En la película se ve cómo, pese a todo el calvario de humillación del personaje, siempre hay un lado bueno, alguien que le trata bien'', asegura.

Y ella, agradecida por la experiencia en este nuevo mundo, seguirá probando suerte en él. "Este trabajo ha sido un descubrimiento y un cambio en mi vida que espero seguir. Cada vez tengo mas claro que quiero dedicarme al cine'', concluye.

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