Más detalles de deserción de hija de vicepresidente cubano

08/29/2012 12:00 AM

09/09/2014 9:07 AM

El cuento de la hija del vicepresidente cubano que desertó podría resultar una historia de amor, después de todo. Glenda Murillo fue a Tampa para estar con su novio, y no por razones políticas, declaró su tía el martes.

Murillo tiene un novio en Tampa y dejó Cuba “por razones personales y no políticas”, aseguró a El Nuevo Herald la tía, Idania Díaz, en una conversación amable pero breve desde su casa en Tampa.

Lo que es más, Murillo no está casada, agregó la tía, a pesar de que un misterioso hombre que contestó su teléfono celular en La Habana le dijo a El Nuevo Herald que era su esposo.

La deserción de Murillo, reportada inicialmente por este periódico el lunes, atrajo gran atención de los medios porque su padre es vicepresidente del gobernante Consejo de Estado de Cuba y miembro del poderoso Buró Político del Partido Comunista de la isla.

El padre, Marino Murillo, un economista de 51 años formado en la Universidad de la Defensa Nacional de Cuba, está a cargo de poner en práctica las ambiciosas reformas económicas del gobernante cubano Raúl Castro y ha sido mencionado como un posible sucesor.

Glenda Murillo no tenía una visa de Estados Unidos y llegó a Texas a través de la frontera con México, donde había estado asistiendo a un seminario de Psicología, alrededor del 16 de agosto, según fuentes bien informadas. Fue admitida bajo parole según la política de “pies secos, pies mojados”, que permite quedarse a los cubanos que ponen pie en territorio estadounidense.

El Departamento de Estado indicó el martes que regulaciones de privacidad le prohíben dar información sobre casos específicos de solicitudes de visa, asilo o parole. Refirió todas las preguntas sobre la deserción de Murillo al Departamento de Seguridad Territorial de Estados Unidos.

Idania Díaz afirmó a El Nuevo Herald en una conversación telefónica que su sobrina había dejado Cuba y estaba viviendo con ella en Tampa para estar con su novio, al que se negó a identificar.

Pero estuvo claro que Díaz habló con el periódico, primordialmente, para preguntar sobre el misterioso hombre que se identificó a sí mismo como el esposo de Murillo cuando el periódico llamó al número celular de ella en La Habana, la semana pasada, para preguntar sobre su caso. El hombre confirmó que ella estaba en Tampa, indicó que ella no haría ningún comentario, y se negó a dar su nombre.

Díaz, que afirmó a El Nuevo que Murillo estaba cerca de ella durante la charla telefónica, confirmó que el número del celular al que llamó el periódico pertenecía a Murillo, y agregó que su sobrina había hecho arreglos para vender el teléfono antes de irse a un hombre que ella no conocía.

“No sabemos quién podría haber sido ése hombre que respondió”, agregó Díaz.

Díaz también indicó que Murillo estaba feliz de estar en Tampa, pero cortó rápidamente cuando se le preguntó sobre un informe de que Marino Murillo lloró cuando supo que su hija había desertado y estaba en Tampa.

Su esposo, Boris Loynaz, también aseguró a un equipo informativo de televisión de Univisión 23, frente a la vivienda de la pareja en Tampa, que Murillo estaba feliz de estar en Estados Unidos, y se negó a comentar sobre el informe de que el padre se había echado a llorar.

Díaz también señaló que su anciano padre, Rolando Díaz, que vino a visitarla desde La Habana, había superado la conmoción que sufrió cuando respondió al timbre de la puerta el martes por la mañana y se encontró con el equipo de Univisión 23 haciendo preguntas sobre Murillo.

Díaz dijo a los integrantes del equipo que temía que le diera un infarto.

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