El debate inclina la balanza por Mitt Romney

10/05/2012 3:21 AM

09/09/2014 9:14 AM

Es una nueva carrera por la Casa Blanca. Mitt Romney cambió el juego con su desempeño agresivo y confiado en el debate en Denver, y borró el espectro de fatalidad que persiguió a su campaña por semanas.

Las fuerzas del presidente Barack Obama habían dado a entender que todo lo que necesitaban era un buen golpe para noquear a Romney después que el republicano se la pasó dando traspiés durante el verano y el inicio del otoño.

En su lugar, el Romney que observaron los televidentes el miércoles era el que habían conocido desde hace mucho sus amigos: el tipo conversacional, inteligente y decente, dispuesto a defender vigorosamente sus puntos de vista y declarar que sus deseos de reducir los impuestos y cambiar los sistemas de salud de las personas de la tercera edad tienen sentido.

Escarbar ligeramente en los detalles de esos planes de Romney – detalles que son a menudo elusivos – continuará dándole a los demócratas municiones en su contra y Obama podría recuperarse rápidamente al presionar sin piedad a Romney en esos puntos.

Obama también puede consolarse con la historia, que muestra que los presidentes titulares tienen a menudo problemas en sus primeros debates – véase a George W. Bush en el 2004 o Ronald Reagan en 1984 – y entonces recuperarse y ganar.

Pero un fuerte desempeño de un candidato reorganiza en varias formas la contienda.

Los donantes y trabajadores de base de Romney recibieron una inyección fresca y muy necesitada de impulso y energía.

Los votantes que no se han decidido también prestaron gran atención. Los indecisos, una parte pequeña pero crucial del electorado, tienden a ser personas a las que raramente les interesa la política, pero toman en cuenta al menos parte de un debate. Esos votantes son usualmente jóvenes, sin la clase de compromiso político fijo que hace que muchos votantes respalden con renuencia a los candidatos de su partido.

Otro grupo de votantes que hay que observar son los persuasibles, personas que dicen que votarán de una forma, pero aún pueden cambiar. Ellos son los que dicen que irán con Obama porque no les gusta Romney o viceversa.

Una actuación enérgica en el debate puede cambiar la ecuación. De repente, ellos pueden tener a alguien por quien votar, no en contra.

Un debate tal como el del miércoles provoca otros cambios. La cultura toma nota de ello. Una encuesta del Centro de Investigación Pew encontró recientemente que el encuentro de Clint Eastwood con una silla vacía en la Convención Nacional Republicana fue lo más destacado del evento, no el discurso de aceptación de Romney.

En los próximos días, si el desempeño de Obama se satiriza en The Daily Show, Saturday Night Live, Leno y Letterman, puede crear una impresión que dura, una imagen del presidente como demasiado académico, demasiado frío, incómodo cuando se le desafía.

“La vida de Obama y su estilo operativo se han formado alrededor de evitar los enfrentamientos”, escribió Bob Woodward en su libro The Price of Politics, al describir la relación glacial del presidente con los líderes demócratas del Congreso.

Ese estilo fue aparente el miércoles. Hacia el final del debate, Romney –conocido como un conversador amistoso y fácil– ofreció una laberíntica, pero optimista evaluación de cómo gobernaría.

“Como presidente me sentaría el primer día –en realidad, el día después de ser electo– me sentaría con los líderes, los líderes demócratas como también los líderes republicanos, y continuaría, como hicimos en mi estado, nos reuniríamos todos los lunes por unas horas, hablaríamos sobre los temas y los desafíos en nuestro estado en ese caso”, dijo.

Obama le dio una mirada displicente y bromeó que Romney va “a tener un muy ocupado primer día, porque también va a rechazar Obamacare, lo que no será muy popular entre los demócratas si te vas a sentar con ellos”.

Entonces se hizo noble, tratando de invocar el tono por encima de la batalla que le sirvió tan bien hace cuatro años. “Pero miren”, dijo el presidente, “mi filosofía ha sido, tomaré ideas de cualquiera”. Entonces se lanzó en una larga descripción de políticas.

Ese estilo va a ser más difícil de vender en el próximo debate presidencial, del 16 de octubre en Hempstead, Nueva York, donde las apuestas se han elevado instantáneamente.

La especulación se centrará en si Obama puede mirar y actuar cómodamente, si puede hacer el contacto visual con la audiencia que al parecer no tuvo el miércoles. El formato de reunión de autoridades y ciudadanos hará que miembros de la audiencia hagan preguntas sobre política exterior y nacional.

El campo de Obama estaba claramente nervioso después del debate del miércoles. “Y creo que Mitt Romney, sí, ganó absolutamente la preparación. Y ganó los puntos de estilo”, dijo la subdirectora de la campaña demócrata Stephanie Cutter a CNN.

El principal asesor de la campaña demócrata David Axelrod concedió que Romney “es muy bueno en el ataque. Eso no me sorprendió para nada”. Agregó que la estrategia de Obama no cambiaría, que cuando los votantes reflexionen sobre ambos candidatos, “deben recordar a un líder considerado y honesto que debate contra alguien que trata de vender teorías inverosímiles”.

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