Nuevo testimonio en caso de boleteros de Hialeah

11/04/2012 5:00 AM

10/08/2013 10:38 AM

Anamary Pedrosa, la joven involucrada en el escándalo de los boleteros de Hialeah y que estudiaba para convertirse en abogada, juró ante las autoridades que desconocía la ordenanza condal que prohíbe la recolección de boletas ausentes, a pesar de que la medida fue copatrocinada por su propio jefe, el comisionado Esteban Bovo.

Sin embargo, Pedrosa, de 25 años, admitió que hizo todo lo posible por ocultar las boletas que conocidos boleteros de Hialeah le entregaban sistemáticamente en una oficina de Bovo. Incluso las llevaba desde la oficina a su carro a escondidas en bolsas de plástico y envueltas en periódicos.

Pedrosa reveló al fiscal Tim VanderGiesen y al detective de Joaquín García, de la Unidad de Corrupción Publica del Departamento de Policía de Miami-Dade, el rol protagónico que cumplía en la recolección de 164 boletas ausentes en Hialeah. Este testimonio, obtenido esta semana por El Nuevo Herald, indica que las autoridades no interrogaron a la joven como una sospechosa en el caso de posible fraude electoral sino como una pieza menor de la trama.

A cambio de su testimonio, Pedrosa recibió inmunidad y no se le presentaron cargos. Pero el 10 de agosto, al día siguiente del interrogatorio, las autoridades arrestaron a uno de los boleteros más populares de la Ciudad Que Progresa: Sergio Robaina, el tío del ex alcalde de Hialeah, Julio Robaina.

“Yo no sé por qué Anamary me echó pa’lante”, declaró Robaina, de 74 años, tras leer el testimonio de Pedrosa. “Me quedé frío. Me da pena y dolor”.

El testimonio se hizo público esta semana como parte del caso criminal contra Robaina, acusado de dos cargos graves de manipular boletas ausentes y dos cargos menores de violar la ordenanza condal. Es la primera vez que se conoce la versión de Pedrosa, quien no ha respondido a mensajes de El Nuevo Herald para este u otros artículos. De hecho, la casa donde vive con su madre estaba cerrada y protegida con contraventanas de huracanes esta semana.

El viernes, su abogado Juan Carlos Planas rehusó comentar sobre el interrogatorio, en el cual él participó, porque cuestionaba el motivo de El Nuevo Herald en publicar una nota sobre el caso de fraude electoral días antes de las elecciones presidenciales del martes.

Pedrosa reportó que Robaina fue el primero de cinco boleteros que le entregaron boletas porque, según ella, éstos confiaban que ella las podía llevar a un buzón de correos. Las autoridades no fueron incisivas en el interrogatorio.

“¿Tú creías que estabas haciendo lo correcto, que estabas tratando de ayudar a estas personas?”, preguntó VanderGiesen, especializado a casos de corrupción en la Oficina de la Fiscalía de Miami-Dade.

Pedrosa respondió: “Yo les estaba ayudando más allá de lo que yo debía”.

Sin embargo, Robaina y otra boletera, Claribel “Beba” Ferrer, han declarado a El Nuevo Herald que la realidad era todo lo contrario. Según ellos, Pedrosa les había pedido que recolectaran boletas a favor de tres candidatos a la Legislatura Estatal: José Oliva, Manny Díaz Jr., y Eddy González. Oliva y Díaz han rehusado responder a repetidos mensajes de El Nuevo Herald. El viernes, González indicó que Pedrosa no trabajó para su campaña.

El jueves, Robaina, quien ha recolectado boletas ausentes por años de sus amigos y vecinos, afirmó que no pensaba realizar esa labor durante las elecciones primarias de agosto.

“Pero un día, ella llegó llorando a mi casa, pidiendo que le ayudara con las boletas”, relató. “Yo acepté ayudarla, para que se ganara unos pesos”.

Ante las autoridades, Pedrosa juró que nadie le pagó por recolectar las boletas ausentes.

Sin embargo, El Nuevo Herald ha reportado que Pedrosa y su madre, Ana Valdés, hacían trabajo de campaña para Oliva y Díaz. Pedrosa organizó al menos dos visitas para Díaz a edificios de apartamentos para ancianos de bajos ingresos. Mientras tanto, la campaña de Oliva pagó a Valdés $250 por su trabajo de campaña.

No fueron las únicas campañas para las cuales trabajaron. Registros públicos muestran que los candidatos judiciales Don Cohn, Michelle Alvarez-Barakat y Tanya Brinkley pagaron un total de $5,700 a Valdés, a pesar de que era Pedrosa quien hacía el trabajo. La joven coordinó en el edificio donde vive su abuela eventos de campaña para Cohn, Alvarez-Barakat, Brinkley, y también para la candidata judicial Ivonne Cuesta.

Robaina, quien vive a dos cuadras de la oficina, insiste en que Pedrosa y su madre acudían a su casa para recoger y contar las boletas que él había recolectado en el barrio. En su testimonio, Pedrosa aseguró que Robaina fue cinco veces a la oficina, donde solía trabajar sola, para llevarle boletas. También insistió en que su madre no sabía de las boletas.

Pedrosa indicó que Milagros Guerrero, de 64 años, y Manolo Lago, de 80, también le entregaban boletas ausentes en la oficina. Lago es el mismo que servía de chofer para otra boletera, Deisy Pentón de Cabrera, acusada este verano de falsificar la firma de una votante. Ese caso fue transferido a la Oficina de la Fiscalía de Broward, cuando se reportó que Cabrera había sido observada junto a un empleado del asesor político de Katherine Fernández-Rundle, la fiscal de Miami-Dade.

Según su testimonio, Pedrosa recogía algunas de las boletas en casas de dos boleteras: Ferrer, de 71 años, y de Zoa Caridad Bárcena, de 74. Ferrer ha dicho a El Nuevo Herald que la única razón por la cual entregó boletas a Pedrosa fue por su agradecimiento en gestiones que ella le había realizado en la oficina de Bovo.

Bárcena es una activista de Hialeah que mantenía un perfil bajo pero frecuentaba los eventos políticos. Según varias fuentes, también recogía boletas ausentes en el Centro de Ancianos Goodlet, a 10 cuadras de la oficina de Bovo. Además, al igual que Robaina, Bárcena ha trabajado como inspectora de las urnas para el Departamento Electoral del Condado Miami-Dade.

En varias ocasiones, Bárcena y su esposo han rehusado hablar con El Nuevo Herald.

Pedrosa aseguró que acudió a la casa de los Bárcena durante su tiempo libre porque no quería que la entrega de boletas interfiriera con sus labores en la oficina.

“Ella va a un centro comunitario a pocas cuadras de la oficina, y ella también me visita”, subrayó Pedrosa. “Entonces ella fue y me dijo lo que tenía, y yo le dije que yo no podía en ese momento porque había mucha gente, que la iba a visitar después, durante mi tiempo libre. Entonces fui después del trabajo a su casa”.

Pedrosa amplió que algunos residentes que frecuentaban la oficina de Bovo también le entregaron sus boletas ausentes. En uno de estos casos, José Picos, de 75 años, visitó la oficina para pedir su ayuda para llenar su propia boleta.

“El no sabía por quién votar”, apuntó Pedrosa.

Durante el interrogatorio, Pedrosa reveló que la entrega de boletas empezó pocos días antes de que presentara su carta de renuncia a la oficina de Bovo, el 23 de julio, indicando en ese entonces su intención de estudiar abogacía. Iba a rendir un examen para poder entrar a una escuela de Derecho a principios de octubre.

Su último día de trabajo fue el 27 de julio.

El escándalo de las boletas ausentes en Hialeah estalló la tarde del 25 de julio, cuando las autoridades detuvieron a Cabrera con una decena de boletas en sus manos. Esa misma tarde, después del trabajo, Pedrosa visitó una oficina de correos en Hialeah para comprar cerca de 120 sellos postales para las boletas que no los tenían.

“Fui por las estampillas y las puse y después de que había completado todas, las llevé al buzón”, explicó Pedrosa a las autoridades.

La compra de los sellos habría sido un acto de generosidad por parte de Pedrosa, quien a menudo se quejaba de su salario y hasta había pedido sin éxito el permiso de Bovo para trabajar en campañas electorales.

Alredor de las 11 p.m., Pedrosa llevó 164 boletas ausentes —incluyendo la suya, la de su madre, su abuela, su ex novio y la del esposo de su prima— a un buzón postal en el noroeste de Miami-Dade la noche del 25 de julio. La investigación sobre este sospechoso paquete de boletas empezó cuando un empleado postal lo descubrió la mañana siguiente y alertó a las autoridades.

En su testimonio, Pedrosa intentó justificar por qué, cuando llegaban los boleteros a la oficina, inmediatamente llevaba las boletas al maletero de su auto. A veces, dijo, los mismos boleteros las guardaban en su auto; en otras ocasiones, dejaba al boletero solo en la oficina mientras ella corría a su auto con las boletas escondidas.

“No las quería dejar en la oficina”, explicó Pedrosa, quien aseguró que Bovo no sabía de estas actividades. “No quería causar problemas al comisionado”.

VanderGiesen le preguntó luego por qué creía que estas actividades podían causar problemas a Bovo.

“Porque a pesar de que sólo estaba llevándolas a la oficina de correos y poniendo los sellos, todavía se consideraba política”, respondió.

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