Loria, el más impopular en el sur de Florida exceptuando a Fidel Castro

11/25/2012 5:00 AM

11/26/2012 12:06 AM

Dicen que el tiempo todo lo cura, pero tendrán que pasar muchos años y victorias para que la relación entre los Marlins y los fanáticos del sur de la Florida se restablezca a niveles normales, después del megacanje que envió a Toronto a varios de los mejores peloteros de la franquicia a cambio de un puñado de prospectos y un solo jugador establecido, el cubano Yunel Escobar.

Eso quedó bien claro en una encuesta realizada entre el 18 y el 20 de noviembre por la firma Bendixen & Amandi International para The Miami Herald y El Nuevo Herald, en la cual se tomaron en cuenta opiniones de 400 personas que en su inmensa mayoría mostraron un desacuerdo total con la forma de conducirse de una organización que ha terminado en el sótano de su división por dos años consecutivos.

Con un margen de error de cinco puntos porcentuales, la encuesta –en la cual un 89 por ciento admitió ser aficionado del equipo y el ciento por ciento de las Mayores– revela la diferencia existente entre la visión que existe de los jugadores y el alto mando, pues si bien la caída de seguidores luego del pacto no fue tan sostenida y sólo un 10 por ciento admitió que no seguirá más al conjunto, la percepción sobre los jerarcas de la novena no podría ser más negativa.

Esto se acentúa más entre los llamados “súper fanáticos’’, aquellos que continúan apoyando al club después del acuerdo con Toronto y que asistieron al parque en La Pequeña Habana para presenciar partidos en la recién concluida temporada. El 83 por ciento de este tipo de aficionados tiene una opinión desfavorable del propietario Jeffrey Loria, mientras que su segundo al mando, el presidente David Samson, es mal visto por el 60 por ciento.

Sobre el caso de Loria, Fernand Amandi, socio ejecutivo de Bendixen & Amandi International, afirmó que “es mejor que la aceptación que tiene Fidel Castro, pero es muy raro ver a una figura pública con un número tan bajo en aceptación. Hoy no es mucha la distancia entre Loria y Castro. Loria es claramente la figura más impopular en el sur de la Florida hoy, exceptuando a Castro’’.

Para poner en contexto la comparación, el dictador apenas rebasa el uno por ciento de aceptación dentro de la comunidad cubana de la región.

Entre las opiniones recogidas por la encuesta, a Loria se le tilda de “sanguijuela”, “tacaño”, “aprovechado” y muchas cosas más de corte expresamente negativo. Pero Samson tampoco sale muy bien parado y hasta llegan a llamarlo “Napoléon de bolsillo’’ de su jefe.

Tanto Loria como Samson son los ingenieros del canje que envió a los Azulejos a peloteros hechos y probados como Josh Johnson, Mark Buerhle, José Reyes y Emilio Bonifacio, lo cual en el papel priva a los Marlins de cualquier atisbo de competitividad en una División Este repleta de equipos superiores, como los Bravos de Atlanta, los Nacionales de Washington y los Filis de Filadelfia.

Recientemente, Buerhle, quien vino desde los Medias Blancas de Chicago tras los pasos del defenestrado mánager Ozzie Guillén –quien empezó todo mal con sus declaraciones sobre su amor a Castro a la revista Time–, envió un comunicado a los medios de prensa donde explica que los Marlins le “mintieron repetidamente’’ sobre sus objetivos de construir una novena con mentalidad ganadora por mucho tiempo, sobre todo luego de la edificación del nuevo parque.

De acuerdo con el lanzador zurdo, el equipo le dijo que no habría necesidad de incluir una cláusula de no traspaso en el contrato y que con un acuerdo verbal era suficiente. Su ingenuidad le costó caro en el orden monetario –por los inmensos impuestos del otro lado de la Frontera– y personal, puesto que ya había asentado aquí a su familia.

Así como Buerhle, se sienten también engañados los súper fanáticos que en un 95 por ciento consideraron que el pacto de principios de noviembre no fue otra cosa que una mascarada para vender los jugadores más costosos en un intento de ahorrar dinero a toda costa. Igualmente, el 89 por ciento indicó que Loria y la organización tenían una obligación moral con los contribuyentes del Condado.

Construido a un costo de $515 millones, el parque fue financiado principalmente con fondos públicos –el club sólo aportó $192 millones– para asegurar la subsistencia del béisbol de Grandes Ligas en el sur de la Florida.

Una vez consumado el cambio de peloteros, que le ahorrará al equipo cerca de $170 millones en salarios, el 78 por ciento de los súper fanáticos dijeron estar convencidos de que los Marlins no irán a gastar un monto considerable de esa suma para contratar nuevos agentes libres en el mercado invernal previo a la venidera contienda y que ese dinero terminará en los bolsillos del dueño.

Es tanta la decepción entre los fanáticos de línea dura que un 56 por ciento está a favor de boicotear la nueva campaña con el propósito de obligar a Loria a vender el club. Entre los abonados de temporada la cifra se eleva un 61 por ciento.

“Nunca había visto una reacción tan visceral y molesta como la que están teniendo los fanáticos’’, agregó Amandi. “Esto muestra una relación irreparablemente rota entre el equipo y sus fanáticos. Esto va más allá de cualquier esfuerzo de relaciones públicas. El nivel de hostilidad y de furia es palpable. La gente entiende que se les ha mentido a plena luz del día’’.

Los Marlins, que comenzaron este fin de semana a promover sus paquetes de ventas de entradas para el 2013, están conscientes de que no será fácil llenar las gradas de su parque ahora que pasó la novedad del edificio en La Pequeña Habana y después del traspaso de figuras de calibre por jóvenes que aún están por cumplir su promesa de talento. De hecho, en la contienda previa quedaron por debajo de las expectativas con una asistencia promedio de 27,400 aficionados –la 18va peor en las Mayores– para una instalación con capacidad superior a los 37,000 asientos.

Sólo una reacción ganadora, un pase a la postemporada, la búsqueda de un récord memorable u otra atracción de importancia harían olvidar, en parte, el fiasco de estos últimos días. Pero tras el llamado “invierno caliente’’ del 2012, este diciembre se asoma como uno de los más gélidos y apáticos en la historia de los Marlins, que vuelven al punto cero de esperar por un milagro que nunca acaba de llegar.

Súmese a la Discusión

El Nuevo Herald tiene el gusto de ofrecerle la oportunidad de compartir información, experiencias y observaciones sobre las noticias que cubrimos. Los comentarios que haga pueden ser publicados tanto en nuestro sitio en línea como en el periódico. Lo invitamos a que participe en un debate abierto sobre los asuntos del día y le pedimos que evite el uso de palabras obscenas, frases de odio, comentarios personales y señalamientos que puedan resultar ofensivos. Gracias por ofrecernos sus opiniones.

Términos del Servicio