Tres años después, la esposa de Alan Gross acusa tanto a Cuba como a EEUU

12/03/2012 12:36 AM

10/12/2013 8:23 AM

Tres años después del arresto del estadounidense Alan Gross en Cuba por distribuir material de comunicaciones, su esposa Judy cree que el gobierno de su país lo mandó a una encerrona, mientras que el régimen castrista no le da ninguna pista sobre el futuro.

Este domingo Judy Gross se manifestará una vez más frente a la Sección de Intereses cubanos en Washington, como ha hecho en varias ocasiones, a veces casi en solitario, frente a una verja que hasta ahora no se ha abierto.

Cansada de no ser escuchada de un lado y otro, Judy presentó junto a su marido Alan una demanda contra su gobierno, cifrada provisionalmente en sesenta millones de dólares.

“Mi prioridad es que Alan cruce la puerta de casa. Eso es lo más importante”, explicó en entrevista vía telefónica. Pero treinta y seis meses después de la detención de su marido, que acabó condenado a 15 años de cárcel, “sentimos que necesitamos hallar algún tipo de compensación”, explicó.

“Le pedimos al presidente (Barack) Obama, ahora que han pasado las elecciones, que se involucre en esto”, añadió.

Ni el gobierno estadounidense ni el cubano han reaccionado públicamente a la demanda de los Gross, ni tampoco ante los abogados, dice Judith.

“Es algo que toma tiempo”, reconoce.

Hace meses que Judy Gross no habla con la secretaria de Estado, Hillary Clinton, quien ha exigido numerosas veces públicamente la liberación de Alan.

Visitó a su esposo, de 63 años, por última vez en septiembre pasado. El trato con ella siempre fue correcto, pero hermético.

Judy Gross no sabe qué contestar sobre si su demanda juega en favor del régimen castrista.

“No sé qué es lo que piensan los cubanos, lo he estado intentando averiguar desde hace tres años”, explica.

“Estoy muy enojada con Cuba por detenerlo y por mandarlo a la cárcel. Se trata de darle una lección a Estados Unidos”, dijo.

Alan Gross empezó a viajar a La Habana en marzo de 2009 y su esposa asegura que en el último viaje antes de la detención, el 3 de diciembre de ese año, ya había planteado abiertamente a su contratista, Development Alternatives (DAI), que tenía la impresión que lo estaban siguiendo en la isla.

El gobierno, y en concreto la agencia de ayuda exterior Usaid, “debían tener alguna idea (del peligro) y fueron totalmente negligentes”, explica.

Pero Alan Gross era un especialista en ayuda a países subdesarrollados, con misiones en una cincuentena de países, reconoce su esposa.

Alan aceptó inmediatamente la misión, contratada por la agencia de desarrollo Usaid, en cuanto supo que se trataba de ayudar con material informático a grupos judíos en la isla.

“No es un hombre naif” insiste Judy, sino un entusiasta de la causa judía en todo el mundo.

Gross había viajado antes a Cuba como turista. “Pensábamos ir algún día juntos”, asegura.

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