Crisis por brote de cólera en Cuba

12/09/2012 5:00 AM

10/12/2013 8:23 AM

El disidente cubano Walter Clavel aseguró que cuando llevó el miércoles a su hijo de dos años al hospital con un caso de diarrea, al niño le hicieron una prueba para una enfermedad a veces letal cuya presencia en la isla el gobierno se niega terminantemente a admitir: el cólera.

Enfermeros le dijeron que la prueba había salido negativa, y no se puso al niño en cuarentena en los tres pabellones reservados para los pacientes del cólera en el Hospital Infantil Norte de la ciudad oriental de Santiago de Cuba, agregó Clavel.

Cuba, especialmente la parte oriental, sufre un alarmante brote de cólera —así como del dengue, una enfermedad transmitida por mosquitos— surgido en sus decrépitos sistemas de acueducto y alcantarillado, y alimentado por las crecidas del huracán Sandy, según sus habitantes.

Ha habido reportes confiables de más de una docena de muertes. Hospitales y prisiones han sido puestos en cuarentena en varias ocasiones. Escuelas han sido cerradas, así como restaurantes y puestos callejeros que venden jugos y otros productos líquidos.

Edificios públicos han establecido puestos en la entrada para desinfectarse las manos y los zapatos. Funcionarios de Salud Pública han ido de puerta en puerta preguntando si alguien sufre de diarrea, vómitos o fiebre, y otros repartieron pastillas para purificar el agua.

El gobierno de Cuba no ha dicho públicamente nada sobre el cólera desde el 28 de agosto, cuando anunció que un brote en la ciudad oriental de Manzanillo —el primero en un siglo— había terminado luego de tres muertes y 417 casos confirmados. Propagado por bacterias que causan fuertes vómitos y diarreas, la enfermedad mató a millones de personas durante la Edad Media.

Policías de uniforme o vestidos de paisano estacionados en los hospitales dicen a los visitantes que no hablen del cólera y otras enfermedades, declaró Clavel a El Nuevo Herald, al parecer para no afectar a la industria turística de la isla caribeña que recauda $2,500 millones al año.

“Tenemos que cuestionar si el gobierno cubano prioriza en la actualidad el turismo por encima de las necesidades locales de salud pública”, escribió Sherri Porcelain, experta de salud pública de la Universidad de Miami e investigadora del Instituto de Estudios Cubanos y Cubano Americanos.

La región más afectada por el cólera ha sido la zona oriental, donde Sandy tocó tierra el mes pasado entre Manzanillo y Santiago de Cuba, la segunda ciudad más grande de la isla y capital de la provincia de igual nombre. El ciclón dañó los sistemas de acueducto, electricidad y alcantarillado, inundó letrinas y dejó atrás charcos en los que los mosquitos portadores del dengue se reproducen con facilidad.

“Hay mucha preocupación en Santiago”, indicó Clavel, uno de la docena de cubanos contactados para esta historia. Muchos eran disidentes, que hablaron sin temor sobre la epidemia. Sus versiones coincidieron en muchos sentidos, pero no pudieron ser confirmadas individualmente.

El único informe independiente, un anuncio del 2 de noviembre de la Organización Panamericana de Salud en Washington, parte de la Organización Mundial de la Salud de la ONU, señaló que “casos sospechosos de cólera detectados en varias áreas del país continúan siendo investigados”.

Dos cubanos afirmaron que el cólera se propagó rápidamente tras el paso de Sandy, en parte porque presos infectados de la cárcel de Mar Verde fueron transferidos a la de Boniato, ambas en la provincia de Santiago, y luego a otra cárcel en la vecina provincia de Camagüey.

Mar Verde estaba en cuarentena el lunes, indicó Eunices Madaula, una disidente de la ciudad de Santiago. Se reportó que más de 100 casos de cólera eran tratados en la enfermería de la cárcel de Boniato y otros 80 en el cercano Hospital Ambrosio Grillo.

Personal del hospital colgó la semana pasada varias llamadas telefónicas de El Nuevo Herald para preguntar sobre los casos de cólera. Pero Radio/TV Martí, con sede en Miami, informó que cuando llamó recientemente, una enfermera le respondió: “¿Que si tenemos? ¡Todas las salas están llenas!”

Dania Virgen García, una disidente habanera que se mantiene en contacto con presos políticos a lo largo de la isla, afirmó que el cólera se transmite de prisión en prisión debido a la mala higiene. Agregó que ha recibido varios informes de que algunos presos han muerto de cólera, pero sus muertes se incluyeron entre los 11 fallecimientos en la isla por Sandy.

Pedro Montané, un disidente de Santiago, aseveró que habló la semana pasada con varias personas que le dijeron en privado que sus parientes eran tratados de cólera en la Clínica 28 de Septiembre, pero no quisieron dar sus nombres.

El gobierno encarceló por más de un año al médico que informó por primera vez de una epidemia de dengue en el 2000, y tiene ahora preso a Calixto Ramón Martínez Arias, el periodista independiente que informó por primera vez del brote de cólera en Manzanillo.

Janis Hernández, una bloguera de Santiago, escribió que escuchó a varios niños pequeños que jugaban en una acera al principio de este mes cuando cantaban: “Anda el cólera, anda el cólera te inyecto. Lávate las manos”.

Se informó de más casos en Guantánamo, Ciego de Avila, Yateras, Baracoa, Maisí, Palma Soriano, San Luis, Palmarito de Cauto, Songo-La Maya, Sagua de Tánamo y Antilla. Sólo el Hospital Provincial Agostinho Neto, de Guantánamo, recibió 80 casos, afirmó un residente que pidió el anonimato.

Pequeños números de casos de cólera fueron reportados en el occidente de Cuba y La Habana. Pero la capital sufre más de un brote de dengue, también conocido como la Fiebre Rompehuesos. Una epidemia de 1981 mató a 158 cubanos y afectó a otros 344,000.

Tantos casos de dengue llenan ahora los hospitales de La Habana, que las prolongadas carencias de medicinas, agujas, vendas, cloro, jabón y otros suministros se están convirtiendo en emergencias, de acuerdo con varios informes recientes de disidentes.

Aún más, los sistemas de agua y alcantarillado de Cuba están tan deteriorados después de décadas de poco mantenimiento bajo el régimen de los hermanos Castro, que los expertos consideran que será imposible impedir brotes futuros de enfermedades contagiosas como el cólera y el dengue.

Más de la mitad del agua que se bombea a través de las tuberías del país nunca llega a su destino debido a roturas y desperdicios, informó en junio la televisión cubana. Las tuberías con baja o ninguna presión de agua se pueden contaminar fácilmente.

El país de 11.2 millones de personas sólo tienen 3,300 millas de alcantarillado y ocho plantas de tratamiento de aguas residuales, de acuerdo con un informe en julio del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos a la Asamblea Nacional del Poder Popular. No se sabe cuántas de las ocho están en operación continua.

Un estudio llevado a cabo en el 2007 por investigadores de la Agencia de EEUU para el Desarrollo Internacional mostró que sólo el 65 por ciento de la población tiene acceso a agua de beber, y que los servicios de alcantarillado sólo llegan a un 38 por ciento de la población.

Incluso en La Habana, más de 100,000 residentes recibían en abril del 2011 agua potable en camiones debido a roturas en las tuberías y la sequía, según un artículo en el diario Granma, órgano oficial del gobernante Partido Comunista de Cuba.

Montané aseguró que el agua de la llave en Santiago es a menudo de color chocolate, y Madaula informó que las partes pobres de la ciudad aún no tenían agua esta semana debido a los trastornos causados por Sandy. La mayoría de las zonas suburbanas tienen letrinas y pozos de agua, agregó.

La pequeña planta de tratamiento de aguas residuales de Santiago sólo tiene capacidad para 45 por ciento del total del flujo, y a menudo no funciona del todo. El resto va directamente a la bahía, señaló Manuel Cereijo, profesor de Ingeniería Eléctrica y Computación en la Universidad de Miami, quien estudia la infraestructura de Cuba.

Con una infraestructura con tantos problemas y con el gobierno sin dinero para arreglarla, es probable que las enfermedades infecciosas continúen afectando a la isla, amplió Julio César Alfonso, un médico de Miami que se mantiene en contacto con sus colegas en la isla.

“Es muy probable que en los próximos años, el cólera se mantenga como una enfermedad endémica en Cuba”, comentó Alfonso. “Se mantendrá como parte del sufrimiento de la isla”.

Súmese a la Discusión

El Nuevo Herald tiene el gusto de ofrecerle la oportunidad de compartir información, experiencias y observaciones sobre las noticias que cubrimos. Los comentarios que haga pueden ser publicados tanto en nuestro sitio en línea como en el periódico. Lo invitamos a que participe en un debate abierto sobre los asuntos del día y le pedimos que evite el uso de palabras obscenas, frases de odio, comentarios personales y señalamientos que puedan resultar ofensivos. Gracias por ofrecernos sus opiniones.

Términos del Servicio