Elsa Rivera pide por Navidad salud para los suyos

12/16/2012 12:00 AM

12/19/2012 1:39 PM

En casa de Elsa Rivera ya está puesto el árbol de Navidad, y varios pesebres que esta humilde residente de Homestead ha conseguido por menos de $3 o los ha recogido cuando son tirados en la basura de algún vecino. Su nieto menor Jonathan Alberto de cinco años ya le puso la carta al Niños Dios, como le ha enseñado su abuela, un pequeño papel escrito a media letra en donde le pide un par de juguetes. Su nieta mayor, Allyssa de siete años no pide nada aún, aunque es estudiante de Honor Roll en su escuela y sabe que se lo ha ganado, pero ayudó a su abuelita a decorar la casa con luces y guirnaldas. En casa de Elsa no falta el espíritu navideño, ni calor de hogar, ni arbolito: allí solo falta salud.

Rivera padece de epilepsia, al igual que su hija Cristina, quien además sufre de una extraño tipo de cirrosis hepática; también padecen de epilepsia sus dos hijos varones David y Daniel, y su nieta Alyssa. Su vida, al igual que la de los seres que más ama en el mundo ha transcurrido en medio de consultorios médicos y salas de emergencia, sin embargo, para esta Navidad solo pide paz y tranquilidad en su hogar, en donde hay menos lágrimas y más fe.

Elsa llora muy poco, y cuenta su historia con la convicción de que vendrán tiempos mejores, pero también con la resignación de aquel al que le han asignado una tarea que pocos pueden cumplir. Estar enferma más de la mitad de su vida, y ver cómo sus hijos sufren lo mismo o peor que ella, ha sido la pesada maleta que ha llevado a cuestas durante casi 30 años, y que se hizo más pesada aún cuando su esposo, el padre de sus hijos los abandonó hace tres años.

Cristina de 27 años, quien vive en su casa y es su única hija mujer, también padece de epilepsia, pero, según ella misma, eso es lo que menos le preocupa. Cristina sufre de cirrosis en el hígado, que no ha sido ocasionada como ocurre en muchos casos por ingerir alcohol, sino que se trata de una de esas raras enfermedades de causa desconocida, o tal vez heredada por algún miembro de la familia, según lo que le han dicho los médicos.

La joven Cristina es la mamá de Alyssa, quien está a la espera de un donante de hígado, y quien acaba de sumar a su lista de enfermedades un Lupus recién diagnosticado. La hija de Elsa confiesa que lo que más desea ahora es poder darle a su hija todo lo que necesita para que siga siendo una buena niña, y que el trasplante no es lo que la trasnocha. Le preocupa mucho más que su hija no sufra, ya que el padre está recluido en una cárcel, y la relación con su ex familia política ha sido muy difícil.

Por eso, todas las mañanas sale a llevar a la pequeña a la escuela en una bicicleta que consiguió en $50 en Walmart, arrastrándola en un pequeño tráiler. A falta de un carro para transportarse, las dos se pasean por Homestead en bicicleta, a pesar de las dolencias o molestias que sufren a causa de las enfermedades que ambas padecen, pero eso no evita que Alyssa sea la mejor de su clase, o que Cristina sea un buen ejemplo para su hija.

En casa de doña Elsa, como la llaman sus vecinos, también viven Daniel y su esposa, y su hijo Jonathan, además de un perro y un gato que han recogieron de la calle, porque para esta puertorriqueña lo más importante es darle amor y protección a su familia, sin importar sus propios problemas de salud. Rivera es Contadora profesional, pero no ejerce desde hace muchos años, luego de verse obligada a renunciar al trabajo a causa de sus frecuentes crisis epilépticas, y vive de lo poco que recibe del Seguro Social; sin embargo, para esta Navidad ya está preparando con alegría los pasteles, alcapurrias, empanadas y sancochos que le va a cocinar a su familia, recordando su infancia en Puerto Rico, y ofreciéndole a sus hijos el invaluable regalo de sus costumbre hispanas.

“Mis hijos saben que no les puedo dar regalos de Navidad, pero yo les digo que lo más importante es que estemos en familia y unidos. Mi mejor ofrenda para ellos es la comida, que además de unirnos en torno a una mesa, ¡me queda deliciosa!” asegura doña Elsa, soltando una carcajada despreocupada, como picando en rebanadas sus problemas para hacerlos más fáciles de digerir.

En medio de los 12 medicamentos diarios que consume Elsa, quien además es sobreviviente de cáncer de tiroides y de matriz, en su cabeza tiene también el listado de prescripciones que debe tomar su hija Cristina, su nieta Alyssa, y sus dos hijos, uno de ellos también con diabetes. Pero para todos siempre hay una sonrisa, un abrazo, o uno de esos famosos pasteles que hornea en su recién arreglada cocina.

“Mi deseo más grande era tener una buena cocina y mis hijos me lo hicieron realidad. Yo conseguí los materiales muy baratos, porque estaba cocinando casi en el piso, y ellos se encargaron de poner los gabinetes, el piso y hasta de abrir el hueco para el horno. Ahora puedo cocinar tranquila, aunque a veces la nevera me da un poco de guerra” cuenta soltando otra risotada, enseñando su vieja nevera que ya no cierra, y cuya puerta debe empujar con un ingenioso sistema de cajas y palos.

Johnatan, el único sano de la familia se disfraza de Capitán América por las tardes cuando regresa de la escuela, y se asegura todos los días de que su carta esté bien puesta en el árbol para que el Niño Dios la lea; mientras sueña con su súper héroe favorito y juega con su prima Alyssa, los adultos de la casa batallan para sobrevivir a estas enfermedades crónicas, pero sobre todo, para mantenerse unidos en medio de la tormenta.

Para esta Navidad, doña Elsa solo pide paz y tranquilidad para su familia, y tenerlos completos en la mesa para poder gozar de sus deliciosas recetas, que espera todos puedan saborear en paz y tranquilidad.

Elsa Rivera forma parte de la Epilepsy Foundation of Florida, entidad que la nominó para el Wishkbook de The Miami Herald y El Nuevo Herald.

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