Renuevan la iglesia católica más antigua de Miami

12/26/2012 12:01 AM

12/26/2012 2:20 PM

Para celebrar el nacimiento de Jesucristo, la iglesia católica más antigua de Miami que lleva su nombre en italiano, Gesù, se ha renovado.

En los últimos meses, el icónico santuario del downtown de Miami ha atravesado un proceso de transformación para restaurar la envejecida torre del campanario, pintar la fachada con nuevos colores, revitalizar el interior del templo y añadir escudos con el emblema de la Compañía de Jesús, la orden religiosa que dirige la parroquia desde finales del siglo XIX.

“Siempre hemos querido revitalizar nuestra presencia en el centro del downtown porque el propio downtown se ha desarrollado y la Iglesia Católica no se iba a quedar atrás”, explicó el padre Eddy Alvarez, superior y párroco de la Iglesia Católica Gesù. “Necesitamos modernizarnos y atraer a nuevos católicos que se han mudado al área”.

Por la cercanía al mar, el salitre y la humedad le habían pasado factura al inmueble en forma de grietas y otros deterioros, que ponían en peligro la estructura de la iglesia, agregó el padre Eduardo Barrios, quien vive en la casa parroquial que en viejos tiempos de abundancia de vocaciones albergada a más de una decena de sacerdotes.

Pero mucho ha cambiado desde entonces. Hoy son apenas tres los sacerdotes que llevan el fardo pesado de la parroquia, la cual ha visto un crecimiento y diversificación de su feligresía, particularmente con profesionales jóvenes que han poblado las nuevas torres de condominio.

Entre esta nueva generación de católicos se encuentra Alberto Carrillo, de 30 años, quien se mudó al área de Brickell con su esposa Janel poco después de su matrimonio en el 2009.

Cuando Carrillo usó en su teléfono inteligente la aplicación Yelp, el motor de búsqueda de sitios locales, para buscar una iglesia católica en el área, la primera opción que apareció en la pantalla era Gesù. Y tenía buenas reseñas.

Además de la cercanía —la mayoría de los devotos llegan caminando— lo cautivó el carácter histórico del templo, aunque notó que estaba resquebrajado afuera y sus murales en el interior descoloridos.

“Ahora tiene una apariencia más fresca manteniendo su belleza original”, apuntó Carrillo, corredor de bienes raíces que estudia informática en el vecino Miami Dade College. “Es muy atrayente si eres católico”.

Cuando fue erigida en 1896 como parroquia en un terreno donado por el pionero Hernry Flagler, los católicos eran una pequeña minoría y Miami todavía no se había convertido en ciudad. Se llamaba Sagrado Nombre de Jesús y su jurisdicción abarcaba desde el sur de Palm Beach hasta la parte norte de los Cayos. La diócesis que regía la iglesia estaba a más de 300 millas, en San Agustín.

La iglesia original de madera, que costó $3,600, fue reemplazada en 1922 por el actual templo estilo mediterráneo andaluz que cambió entonces su nombre a Gesù, debido a que el fundador de los jesuitas, San Ignacio de Loyola, está enterrado en la Chiesa del Gesù en Roma.

Hasta hace poco, la iglesia de Miami, en 118 NE 2nd Street, se distinguía por un color poco tradicional en la arquitectura cristiana: rosado.

Uno de los cambios más notables tras la restauración que costó $220,000, es precisamente la pintura del exterior a dos tonos, ocre y terracota, que hacen lucir mejor su interior barroco y los vitrales germánicos que plasman la historia de Jesús y María.

“Es un color más sobrio que se destaca más entre los edificios nuevos que la circundan”, declaró Alvarez. “Realmente no se ha podido descubrir en los archivos de la Ciudad cuál era su color original”.

Para reafirmar la identidad jesuita, se acentuó por toda la iglesia el sello de la orden religiosa, un escudo con las siglas IHS, el tradicional monograma en griego de la palabra Jesús, que soldaron en los barrotes de las puertas y ventanas. También lo dibujaron sobre los paneles que contienen el Credo a lo largo del Vía Crucis.

El próximo paso, que aún no tiene fecha, es trasladar la enorme campana de bronce que se encuentra en la entrada del santuario, a su sitial arriba en la torre restaurada. Obsequiada por un sacerdote de Nueva Orleans en 1897, fue esa la campana que llamó por primera vez a los católicos de Miami a congregarse para rezar a Dios. Y todavía hoy sigue sonando al comienzo de cada misa.

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