Kerry tuvo reunión secreta con el canciller cubano

El objetivo era obtener la liberación de Alan Gross, subcontratista de EEUU encarcelado en la isla, reveló la revista “Foreign Affairs”

01/07/2013 4:47 PM

01/08/2013 1:23 AM

El senador John Kerry, nominado para ser el próximo secretario de Estado, sostuvo en el 2010 una reunión secreta con el ministro cubano de Relaciones Exteriores en un fallido intento para obtener la liberación del subcontratista de USAID encarcelado Alan Gross, de acuerdo con un informe publicado recientemente.

Un importante funcionario del Departamento de Estado también se reunió en secreto con el canciller cubano, Bruno Rodríguez, para discutir el caso Gross. Rodríguez le dio un sermón de una hora al funcionario de EEUU, agregó la información de la respetada revista Foreign Affairs.

José Cárdenas, un ex alto funcionario de la Agencia de EEUU para el Desarrollo Internacional (USAID), escribió que el artículo era “una lección sobre la estupidez de intentar apaciguar a los dictadores”.

Por su parte, un ayudante republicano en el Senado cuestionó la descripción aparecida en el artículo sobre el papel que Fulton Armstrong, un alto empleado de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado y ex analista de la CIA, desempeñó en la campaña para liberar a Gross.

Gross fue arrestado en La Habana a finales del 2009 y sentenciado a 15 años de prisión por darle a los judíos cubanos equipo sofisticado de comunicaciones pagado por los “programas pro democracia” de USAID y proscritos por Cuba por considerarlos diseñados para provocar un “cambio de régimen”. Su detención ha sido un obstáculo clave en los esfuerzos para mejorar las relaciones entre EEUU y Cuba.

El articulo en Foreign Affairs de R.M. Schneiderman, un editor de Newsweek, incluye detalles previamente desconocidos sobre un esfuerzo de EEUU para obtener la libertad de Gross a cambio de reducir los programas pro democracia.

En septiembre del 2010, funcionarios del gobierno español ayudaron a concertar un encuentro secreto entre el entonces subsecretario de Estado Arturo Valenzuela y Rodríguez para discutir una posible liberación de Gross, de acuerdo con el articulo.

“Los cubanos fueron mucho menos flexibles de lo que esperaban los estadounidenses. EEUU (…) quería que Cuba liberara a Gross, y sólo entonces trataría otros cambios de política”, escribió Schneiderman. “Supuestamente Rodríguez sermoneó a Valenzuela por casi una hora sobre la historia de reclamaciones de Cuba”.

Un mes después, a solicitud de diplomáticos cubanos en Washington y con la aprobación del Departamento de Estado, Kerry se reunió con Rodríguez en la casa en Nueva York del embajador cubano en las Naciones Unidas, agregó el reportaje.

“No hubo un intercambio de posiciones, pero la reunión pareció confirmar a los cubanos que los programas pro democracia cambiarían, y los cubanos expresaron confianza” de que Gross sería liberado después de su juicio, que se celebró en marzo del 2011, destacó el articulo.

El presidente Barack Obama ha nominado a Kerry, un demócrata por Massachusetts y partidario de relaciones más estrechas con Cuba, para sustituir a Hillary Clinton al frente del Departamento de Estado. Se espera que la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, que preside Kerry, apruebe fácilmente su nominación.

Schneiderman escribió que a comienzos del 2010, el Departamento de Estado y USAID le pidieron a Armstrong, un crítico de los programas de USAID, que los ayudara a hacer los programas menos provocadores para La Habana, con la esperanza de que Cuba entonces podría liberar a Gross.

Armstrong los persuadió a recortar de inmediato $5 millones de los $20 millones aprobados para los programas, reducirlos más en el futuro y suavizar algunos de ellos, de acuerdo con el reportaje.

Y ese verano, “a petición del Departamento de Estado”, Armstrong comenzó a reunirse con funcionarios de la misión diplomática cubana en Washington para hablarles sobre los cambios en los programas, escribió Schneiderman.

“Dijimos: ‘Miren, mensaje recibido’”, afirmó Armstrong, según citó Schneiderman. “‘Estos [programas] son estúpidos. Los estamos eliminando. Simplemente dennos tiempo, porque políticamente no podemos eliminarlos’”. Los cubanos parecieron agradecidos. “Les preguntamos: ‘¿Esto los ayudará a liberar a Alan Gross?’” continuó Armstrong. “Y la respuesta fue: ‘sí’”.

Pero el senador Bob Menéndez, un poderoso demócrata cubanoamericano de Nueva Jersey, salió a defender los programas en la primavera del 2011 y persuadió a la Casa Blanca a dar marcha atrás en la mayoría de los cambios, escribió Schneiderman.

Al mismo tiempo La Habana se puso cautelosa, agregó, debido a que el gobernante Raúl Castro enfrentaba una oposición domestica a sus reformas económicas y un jurado de EEUU encontró no culpable a Luis Posada Carriles, un cubano exiliado a quien se acusa de colocar varias bombas en La Habana, de mentir a funcionarios de inmigración de EEUU.

“Atrapadas en la desconfianza y los errores de cálculo, cada una de las partes parecía esperar a que la otra parpadeara”, escribió Schneiderman. “Eventualmente, sin embargo, Estados Unidos pareció dar marcha atrás a una oportunidad para liberar a Gross y dar un golpe a la anticuada política de la Guerra Fría (…). Ganó el grupo de presión cubanoamericano”.

El artículo de Schneiderman provocó duras críticas de los que favorecen los programas de USAID como Cárdenas, que fue subadministrador de la agencia durante la administración de George W. Bush.

El artículo mostró “los heroicos esfuerzos de algunos de los funcionarios de la administración Obama para dar al régimen de Castro todo lo que quería” a cambio de Gross, escribió Cárdenas en una columna publicada en varios sitios de la internet. “El ofrecer cortar un programa pro democracia porque un dictador se le opone envía un terrible mensaje a los regímenes autoritarios alrededor del mundo”.

Cárdenas también describió a Armstrong como “un fuerte promotor de la normalización de las relaciones EEUU-Cuba” y agregó, “Esperemos que este fiasco encabezado por Fulton Armstrong ponga fin a más intentos de apaciguamiento”.

Armstrong fue el principal analista de la CIA para América Latina, luego se le asignó a la Casa Blanca de Clinton y después a la OTAN en Europa. Una colega suya en el Pentágono, Ana Belén Montes, analista sobre Cuba, fue arrestada en el 2001 por espiar para La Habana y cumple actualmente una sentencia a 25 años de prisión.

Después de retirarse de la CIA en el 2008, Armstrong fue contratado como un alto miembro del personal de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, posición que dejó en el 2011 para unirse al Centro de Estudios Latinoamericanos y Latinos de la Universidad Americana en Washington. Armstrong no respondió a un correo electrónico de El Nuevo Herald solicitando una entrevista para esta información.

Mientras tanto, un alto ayudante del Senado Republicano con conocimiento de primera mano de los programas cubanos de USAID declaró que Schneiderman exageró el papel desempeñado por Armstrong en el esfuerzo para obtener la liberación de Gross en el 2010 y el 2011.

“Mis conversaciones con el Departamento de Estado revelaron lo contrario, que el Departamento de Estado estaba molesto con Fulton, que quería que no se metiera en el asunto”, escribió en un correo electrónico a El Nuevo Herald el asistente, quien pidió el anonimato porque no estaba autorizado para comentar.

“Sus esfuerzos en realidad hicieron más difíciles las cosas… más difícil para el Departamento de Estado lograr la liberación de Gross, porque Fulton estableció expectativas (...) que los cubanos se creyeron y que eran políticamente imposibles en EEUU”, agregó el ayudante.

Funcionarios cubanos han dejado prácticamente en claro que sólo liberarán anticipadamente a Gross si el gobierno de EEUU poner en libertad a cinco espías cubanos convictos en un juicio en 1998 en Miami por formar parte de la Red Avispa.

La administración de Obama ha dicho en varias ocasiones que no es posible el intercambio porque Gross no es un espía, y uno de los cinco espías cumple dos sentencias a cadena perpetua por su papel en el derribo en 1996 de dos avionetas civiles de la organización de exiliados cubanos Hermanos al Rescato, donde murieron cuatro residentes de Miami que iban a bordo.

Schneiderman escribió que la oferta de Cuba es “una posición que muchos piensan que es negociable”.

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