Tras limitadas reformas, ¿qué tan capitalistas son ahora los cubanos?

01/08/2013 1:46 AM

09/09/2014 9:38 AM

Era sólo una pequeña señal, roja, redonda y lumínica, que anunciaba pizza hecha en casa —la clase de cosas que nadie notaría en Nueva York o Roma. ¿Pero en La Habana? Era algo sorprendente.

Después de todo, Cuba ha estado dominada todo el tiempo durante décadas por una ideología anticapitalista, en la que se promueven sólo tres cosas en las vallas publicitarias, la radio o la televisión: el socialismo, el nacionalismo, y Fidel y Raúl Castro. El anuncio de pizza colgando de un edificio comercial en descomposición representaba aquí todo lo contrario —el mercadeo, la búsqueda pública del beneficio privado.

Y no sólo se colocó allí. Contrario a los anuncios en cartones que pude ver en el mismo pobre vecindario en una visita a Cuba en el 2011, la señal costó dinero. Era una inversión. Era una señal clara de que algunos nuevos empresarios de Cuba —legalizados hace dos años por el gobierno en un desesperado intento por salvar la economía de la isla— se adaptaban a la lógica de la competencia y el capitalismo.

¿Pero cuán capitalistas son los cubanos en estos días? ¿Están abrazando lo que Friedrich Hayek describió como el “sistema auto organizado de cooperación voluntaria”, o simplemente resisten?

“Es una combinación”, dijo Arturo López Levy, un ex analista del gobierno cubano quien ahora es profesor en la Universidad de Denver. “Cuando más personas se hacen más proactivas y más asertivas, entonces las otras —quieran o no— tienen que hacer lo mismo. Tienen que competir. Creo que esa es la dinámica”.

Ciertamente, como Irak, Rusia, México u otros países que experimentaron décadas de gobiernos dictatoriales que terminaron eventualmente, Cuba es hoy una sociedad marcada por años de abuso, dividida e incierta sobre su futuro. Los cambios en los últimos años —que permitieron el empleo por cuenta propia, viajes más libres, y la compra venta de casas y autos— ha sido tan destacados, como extremadamente limitados. Las razones por las que pequeñas cosas como las señales importan tanto aquí es porque todos están preocupados con el impulso y nadie parece saber si Cuba está realmente en el camino al capitalismo, como aseguró The Economist en marzo del año pasado, o si la isla está destinada a simplemente a hacerlo de forma atropellada con un capitalismo restringido para algunos y una subsistencia socialista para el resto.

El debate es más complicado porque los mismos líderes que rechazaron durante tanto tiempo el capitalismo, son ahora los que tratan de estimular a las personas a que lo intenten. Raúl Castro fue notoriamente el comunista más leal de la revolución; ahora, como presidente del país, es el principal impulsor de las reformas de libre mercado. Por una parte, una reunión del Partido Comunista de Cuba de hace dos años incluyó una sesión sobre vencer los prejuicios contra los empresarios; por la otra, Raúl Castro ha dicho que “nunca permitiría el regreso del sistema capitalista”.

“Ellos son un poco esquizofrénicos”, dijo Ted Henken, un experto en Cuba en el Baruch College. “Ellos dicen que están cambiando, pero tratan estas cosas como regalos, no como derechos”.

Capitalismo controlado

Y sin embargo, ya no hay más dudas de que están surgiendo en Cuba bolsas de capitalismo controlado. En La Habana, en particular, las pequeñas empresas están en todas partes. Industrias urbanas completas, como los taxis y restaurantes, se transforman por medio de los nuevos competidores, quienes compiten cada vez más por los clientes, la mano de obra y los materiales. Incluso las tareas más elementales que acostumbraban a ser administradas por el estado —como la compra de alimentos— está cada vez más en manos de un sistema privado que establece sus propios precios basados en el suministro y la demanda.

Aunque el estallido inicial de actividades se ha hecho más lento, algunos expertos dicen que la explosión en el comercio mostró cómo eran todo el tiempo los capitalistas cubanos. De las 350,000 personas con licencia para ser empleados por cuenta propia bajo las nuevas leyes a finales del 2011, el 67 por ciento no tenía una afiliación laboral anterior —lo que más probablemente signifique que administraban negocios clandestinos que se convirtieron entonces en legítimos.

Algunos de los empresarios más exitosos están optimistas de que Cuba se abra más a las ideas de libre mercado. Héctor Higuera Martínez, de 39 años y dueño de Le Chansonnier, uno de los mejores restaurantes de La Habana (el pato es prácticamente parisino), dice que los funcionarios “comienzan a darse cuenta que hay una razón para apoyar los negocios privados”. Por ejemplo él le ha dado trabajo a la gente, y gana moneda dura de los extranjeros, incluyendo estadounidenses.

“Antes no teníamos nada”, comentó Higuera. “Ahora tenemos una oportunidad”.

El hace todo lo que puede para sacarle el máximo provecho. Cuando nos conocimos una noche en el restaurante, él ya había escrito varias páginas de notas y gráficos explicando lo que hacía falta que creciera en su industria —de los mercados al por mayor, a un mejor transporte para los campesinos, a poner fin al embargo comercial estadounidense, a cambios en el código impositivo cubano. En una cocina curiosamente adoquinada, en que sólo funcionaba uno de los tres hornos, él casi parecía salivar con la idea de empacar al vacío para que sus alimentos se pudieran enviar de una forma más eficiente.

El era casi tan capitalista como era posible. ¿Pero se adoptarían alguna vez sus ideas? Como todos, él enfrenta grandes límites. Por ejemplo, no puede contratar a más de 20 empleados. No tiene acceso a préstamos de la banca privada y el gobierno ha mostrado poca inclinación para permitir que personas como Higuera tengan éxito a gran escala.

Al contrario, cuando llega el éxito, el gobierno parece ponerse nervioso. Este pasado verano, funcionarios cerraron un próspero restaurante y cabaret que presentaba ópera y danza en lo que era un solar yermo vacante, al acusar al dueño de “enriquecimiento personal” debido a que cobrara una entrada de $2 en la puerta. Un artículo noticioso de Reuters lo había descrito como el mayor negocio privado de Cuba. Unos pocos días después, había desaparecido, junto con 130 puestos de trabajo.

El gobierno de Castro también ha tratado de mantener bajo control la innovación en otras formas. No ha permitido que profesionales como abogados y arquitectos trabajen por cuenta propia. Y sus esfuerzos de represión política se han centrado durante los últimos años en jóvenes innovadores que buscan espacio para un discurso civil en público y en internet —la bloguera Yoani Sánchez, o Antonio Rodiles, director de un proyecto independiente llamado Estado de Sats, que fue arrestado a principios de noviembre y dejado en libertad la semana pasada después de 18 días de prisión.

Capitalismo esposado

Así que por ahora, con lo que ha finalizado Cuba es con un capitalismo esposado: mercados competitivos altamente regulados para empresas familiares, pequeñas y poco calificadas. La libertad económica existente se ha acumulado principalmente en los que su principal ambición es hacer y vender pizzas.

Lo que de nuevo provoca la pregunta, ¿se encamina realmente o no Cuba hacia el capitalismo? Los escépticos son fáciles de encontrar.

“Todos los lugares en el mundo que han tenido un verdadero cambio, lo han hecho porque el régimen mismo ha permitido algunas aperturas significativas y la puerta se ha abierto por completo”, dijo el senador Robert Menéndez, demócrata por New Jersey. “Eso no es lo que está pasando aquí”.

Muchos cubanos dicen que están ansiosos de que se vaya un sistema confiable descrito por un chiste muy común: “Nos hacemos los que trabajamos, ellos se hacen los que nos pagan”. Taxistas dijeron a López Levy que trabajaban más por menos dinero debido al aumento de la competencia. Un campesino que me encontré en un mercado al por mayor en las afueras de La Habana dijo que el capitalismo era igual a mayores precios, y agregó que el gobierno tenía que intervenir.

Pero principalmente, ésta es una población envejecida y López Levy —quien aún tiene amigos y parientes en el gobierno— dice que incluso entre los burócratas cubanos, la mentalidad es el cambio. Si es así, parece inevitable más capitalismo. Porque con cada nuevo empresario que le concede una licencia Cuba se hace menos socialista, más excepcional, menos del rebelde barbudo levantando su puño contra los horrores del capitalismo yanqui. A los ojos de algunos cubanos, el baile ya terminó.

“El gobierno ha perdido la batalla ideológica”, dijo Oscar Espinosa Chepe, un economista educado por el estado que fue enviado en el 2003 a prisión por criticar al gobierno. “La batalla por las ideas era la más importante, y ellos la han perdido”.

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