Anécdotas del actor cubano Armando Roblán

01/09/2013 6:26 PM

01/10/2013 11:51 PM

LA PRIMERA VEZ QUE IMITO A FIDEL CASTRO

“Media hora antes de empezar, me sucedió un incidente muy simpático: Estaba listo para salir a escena, dando un breve paseo por el escenario para ver cómo iba todo y se me acerca un empleado, me toma del brazo y me dice: ‘Venga, Comandante, para usted es el palco presidencial’. Yo trataba de sacarlo de su error, pero él insistía en llevarme al palco, y todos sus compañeros estaban muertos de risa”.

EN BEJUCAL VESTIDO DE FIDEL CASTRO

“Después del recibimiento me llevaron al Ayuntamiento. Naturalmente, yo conocía a todo el mundo. Sabía incluso muchas historias sobre varios de los presentes. Sabía, por ejemplo, que el comisionado del Ayuntamiento había estado en la Sierra Maestra, pero una semana nada más, porque se había enfermado del estómago. Y ese mismo señor al verme, se echó para atrás en su butaca y, lleno de orgullo, me dijo: ‘Comandante, yo estuve en la Sierra’. Lo miré y le contesté: ‘Sí, pero usted nada más estuvo una semana’. El pobre hombre no sabía dónde meterse”.

ESTRENO DE ‘El general huyó al amanecer’:

“Roblán, ‘¡se acabó el papel’, me decían. Yo no sabía qué contestarles, estaba nervioso. Pero como a la cuarta o quinta vez que me lo dijeron, le contesté a uno de los empleados: ‘Chico, yo soy el artista. No tengo nada que ver con el papel higiénico. Si se acabó pongan más y ya’. Entonces me aclararon que ése era un término teatral que se empleaba para decir que se habían vendido todas las entradas. ¡Se acabó el papel!”

EL DÍA QUE CAYÓ BATISTA

“Ese día ocurrió otra anécdota muy simpática con un locutor cubano. Su nombre: Mario Blanco. Era poeta y locutor del noticiero. Llevábamos ya muchas horas trabajando y Mario se quedó dormido en el asiento, echando una de esas siestecitas que son tan buenas porque te descansan la mente. Vino el cambio de turno y no le avisaron; aparentemente se habían olvidado de él. De pronto lo despertaron y sólo le dijeron: “Dale”. Mario se restregó un poco los ojos, miró a la cámara, tomó el papel y dijo: “Cayó la dentadura de Batista”. Imagínense lo que se formó en el estudio. No pudo seguir eran días de locura”.

Tomado de sus memorias inéditas

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