Secuestradora en caso de niña Rilya Wilson encara cadena perpetua

01/26/2013 5:00 AM

01/26/2013 11:54 PM

Más de una década después de que la niña mofletuda que estaba bajo su custodia estatal desapareciera, provocando una extensa investigación policial y grandes reformas de la agencia de bienestar infantil de la Florida, Geralyn Graham se salvó de una acusación de asesinato por el voto de un jurado.

Pero Graham no escapará a su castigo.

Los 12 jurados de Miami-Dade, muchos de ellos emocionalmente exhaustos tras dos días de deliberaciones, estuvieron de acuerdo en que Graham abusó y secuestró a Rilya Wilson. Graham, quien será sentenciada el 10 de febrero, podría ser condenada a cadena perpetua por el cargo de secuestro.

Lo más probable es que Graham, de 67 años, morirá en la cárcel. El cadáver de Rilya no se ha encontrado nunca.

“Hay muchas maneras de conseguir que se haga justicia, y el hecho de que ellos no la encontraron culpable del cargo de asesinato no significa que no se hizo justicia a Rilya Wilson”, dijo el fiscal de Miami-Dade Joshua. “Pero podemos asegurar que esta mujer no salga nunca del sistema carcelario, y eso asegurará que se hizo justicia”.

No obstante, los jurados entrevistados por The Miami Herald salieron sintiéndose frustrados por la única de ellos que se mantuvo firme en que no existe evidencia “sólida” alguna de que Graham matara a Rilya.

Una jurado que votó a favor de su culpabilidad dijo que Graham fue la última persona que vio a la niña, y sus múltiples mentiras sobre lo ocurrido a Rilya ayudaron a convencerla de la culpabilidad de la mujer.

“Fue algo muy intenso. Hicimos lo mejor que pudimos, pero no podemos forzar a nadie, eso viola las reglas”, dijo entre lágrimas. “Es algo muy triste. Esta niña no le importó a nadie desde el principio”.

Otro jurado dijo que el grupo revisó cuidadosamente el testimonio y estuvo de acuerdo. “Ella no podía ver la evidencia como la veíamos los demás”, dijo de la persona que no estuvo de acuerdo.

El Departamento de Niños y Familias de la Florida (DCF) colocó a Rilya, nacida de una madre adicta al crack, en casa de Graham en Kendall a principios del 2000. No fue hasta abril del 2002 que un trabajador social descubrió que la niña ya no estaba allí.

Graham insistió que una empleada del DCF — una mujer alta, de tez clara y acento caribeño — se había llevado a la niña para una evaluación de salud mental y nunca regresó.

En el furor resultante, los investigadores descubrieron que la trabajadora social de Rilya, Deborah Muskelly, no había visitado la casa de Graham en más de un año. Muskelly fue convicta más tarde por fraude relacionado con su trabajo del DCF.

Poco después, Graham fue arrestada y, en febrero del 2003, un jurado la halló culpable de fraude por usar la identificación de una amistad suya para comprar un SUV. Menos de un año después, en base a declaraciones acusatorias de su pareja de hecho, Graham fue acusada de abuso infantil con agravantes con respecto a Rilya.

Su pareja, Pamela Graham, que no es familia suya, acordó declararse culpable de un cargo menor de negligencia infantil.

La convicción de Graham no resultó fácil: sin una confesión a la policía, sin testigos oculares, sin cadáver ni evidencia forense, la fiscalía tuvo que crear un caso circunstancial.

Pamela, una mujer apagada y sumisa, testificó en juicio que Graham encerraba a Rilya en el cuarto de lavado durante horas y horas, y le ataba las manos a la cama con esposas plásticas.

Una amistad de la pareja dijo a la policía que Graham había pedido prestada una jaula para perros y encerraba en ella a Rilya cuando se portaba mal, aunque nadie pudo decir haber visto a la niña en ella como castigo.

Conocidos suyos testificaron además que Graham les había hecho historias contradictorias sobre lo ocurrido con la niña; a algunos, ella dijo que la niña estaba de viaje en Nueva York u Orlando con una “amiga española”.

Pero el cargo de asesinato dependía de la palabra de una presa excéntrica y desfachatada, Robin Lunceford, quien dijo a los detectives que Graham le había hecho una confesión detallada y lacrimosa en la cárcel.

Con un odio enconado a la niña, Graham asfixió a Rilya con una almohada, y luego enterró el cadáver cerca del agua en South Miami-Dade, dijo Lunceford a los jurados durante cuatro días de testimonios.

La credibilidad de Lunceford — quien recibió una sentencia de cadena perpetua reducida a 10 años de cárcel —fue siempre sospechosa. Pero ella conocía detalles íntimos que sólo sabían los investigadores, incluyendo el incidente de la “gota que desbordó el vaso”, en el cual Graham se encolerizó porque Rilya quería vestirse de Cleopatra, y no de ángel, para Halloween.

Tras un juicio de ocho semanas en que desfilaron docenas de testigos, los jurados deliberaron por más de 12 horas en dos días, y enviaron repetidas veces notas a la jueza para decir que estaban estancados por un voto.

La jueza de circuito de Miami-Dade Marisa Tinkler Méndez, tras implorarles que se pusieran de acuerdo en un veredicto unánime, declaró el juicio nulo para la acusación de asesinato. Cuando se leyeron los veredictos sobre los demás cargos, los jurados se veían evidentemente alterados: algunos lloraban y otros tenían los brazos cruzados de un modo sombrío.

Graham enfrenta entre 30 años y cadena perpetua por secuestro, y hasta 30 años por abuso infantil con agravantes.

“Cada vez que se lleva a juicio un caso sin cadáver, es una batalla cuesta arriba”, dijo el detective retirado de Miami-Dade Greg Smith, quien testificó en el caso. “Geralyn Graham es la encarnación del mal, y no se debería permitir que vuelva a salir en libertad”.

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