Una cubana adelantada a su tiempo

02/20/2013 6:49 PM

02/21/2013 11:38 PM

Un dia en 1971 desde la ventana de un tren en Nueva York, la cubana Helena Rodríguez Bobes vio un lugar en el que hacían letreros luminosos comerciales. La mujer se bajó y le preguntó al dueño cómo se manejaba la máquina para hacer los anuncios. Ese mismo día terminó entregando un pago inicial para comprar la máquina y poco después se mudó a Puerto Rico para abrir su propio negocio.

“El que le vendió la máquina le dijo que en Puerto Rico tendría que pagar menos impuestos y se fue para allá”, contó la doctora Grecia González, prima de Rodríguez. “Siempre tomó riesgos y siempre tuvo éxito”.

La exitosa negociante falleció en Miami el 12 de febrero a los 84 años, luego de sufrir de Parkinson por algunos años. Le sobreviven varios primos y ahijados.

En Puerto Rico su negocio la llevó a viajar por toda la isla, supervisando que las luces de los letreros de neón que fabricaba estuvieran funcionando. Entre los letreros que produjo se encuentras las pizarras de algunos estadios en la isla.

“Creo que le gustó tanto Puerto Rico porque después de vivir por años en Nueva York, se acordó que había un sol y un clima de isla”, bromeo González. “Por eso se quedó allí”.

Rodríguez se mudó de Cuba a Nueva York en 1960 poco después de quedar viuda a los 29 años. Se casó con Francisco Picasa cuando éste era aun estudiante de Medicina en La Habana. Picasa falleció apenas unos años después de graduarse de gastroenterólogo. Rodríguez nunca se volvió a casar.

Rodríguez era hija de Ricardo Rodríguez, quien falleció en 1959 y de Helena Bobes, quien murió en Miami en 1996. En Cuba la familia Rodríguez era dueña de la fábrica Cartonera Modelo. González contó que la cartonera fue uno de los primeros negocios intervenidos por el gobierno de Fidel Castro. Rodríguez y su madre de se mudaron a Nueva York un año mas tarde. Mientras aún vivía en Cuba Rodríguez estudió Negocios en la universidad católica Santo Tomas de Villanueva. Además estudiaba inglés, francés y alemán.

Antes de empezar su negocio en Puerto Rico, Rodríguez trabajó por unos siete años como representante del gobierno de Singapur ante las Naciones Unidas. Los días en que el país se abstenía de votar, era ella quien iba a pronunciar la decisión.

“Todo lo que tenia que decir era ‘ Singapur abstains ’ ”, contó González. “Pero le encantaba trabajar con ellos. Siempre me decía, ‘imagínate que papi me viera aquí en las Naciones Unidas’ ”.

Entre las historias favoritas de Rodríguez estaba la del dia que el entonces primer ministro de Singapur, Lee Kuan Yew, se negó a entrar a una reunión en Nueva York, si no la dejaban entrar también a ella.

“Dijeron que tradicionalmente no le spermitían a mujeres entrar a esa reunión pero ella era la que los representaba”, contó González, quien escuchó la historia varias veces. “Entonces el ministro dijo: si Helena no entra, yo no entro”.

“Todo el mundo la quería mucho”, dijo Estela López, prima y ahijada de Rodríguez. “Era una persona alegre, y ha sido una pérdida muy grande para nosotros”.

López compartió mucho tiempo con Rodríguez en Cuba, Nueva York, y Puerto Rico, donde vivieron en las mismas épocas. En Puerto Rico fue Rodríguez quien le presentó a Harry Marín, con quien López se casó más tarde.

“Ella era buzo y me invitó a ir a bucear con ese amigo una tarde, que terminó siendo mi esposo”, contó López. “Fue mi Cupido”.

Además de bucear, Rodríguez también tenía un bote de vela y montaba bicicleta. Con más de 70 años se le podía ver paseando en bicicleta por Coral Gables, contó González, quien compartió casa con Rodríguez durante sus últimos años.

López dijo que siempre admiró a su prima, a quien considero una mujer adelantada a su tiempo, que tuvo éxito en todo lo que hacía a pesar de que los negocios eran un área dominada por hombres.

Rodríguez vendió sus empresas en Puerto Rico y se mudó a Miami para complacer a su madre, quien quería vivir más cerca de su hermana. En Miami, Rodríguez vendió seguros de vida y salud y luego trabajo para Caballero Rivero Woodlawn vendiendo planes de entierro. Hasta cuatro años aún atendía a algunos clientes.

“Yo digo que ella era tan buena vendiendo que le podía vender un par de guantes a un manco y él se iba contento con la compra”, apuntó González. “Era muy fuera de lo común”.

Súmese a la Discusión

El Nuevo Herald tiene el gusto de ofrecerle la oportunidad de compartir información, experiencias y observaciones sobre las noticias que cubrimos. Los comentarios que haga pueden ser publicados tanto en nuestro sitio en línea como en el periódico. Lo invitamos a que participe en un debate abierto sobre los asuntos del día y le pedimos que evite el uso de palabras obscenas, frases de odio, comentarios personales y señalamientos que puedan resultar ofensivos. Gracias por ofrecernos sus opiniones.

Términos del Servicio