En una semana la Iglesia católica se queda sin pontífice

02/21/2013 12:15 PM

02/21/2013 4:50 PM

El papa Benedicto XVI formalizará su renuncia al pontificado en una semana, el próximo 28 de febrero, una decisión inédita que cayó como una ducha fría en algunos católicos, aunque para otros abre esperanzas de cambio y renovación dentro de la Iglesia católica.

Cientos de peregrinos de todo el mundo, pero sobre todo de Alemania, Francia e Italia, se preparan para asistir el domingo en la plaza de San Pedro al último ángelus del pontífice alemán, quien anunció que se “esconderá” del mundo el próximo jueves a las ocho de la tarde, abriendo un curioso periodo de transición y negociaciones para la elección de su sucesor.

La decisión del Papa marca un precedente en la historia de la Iglesia católica moderna y al mismo tiempo obliga a su sucesor a encarar los retos que la milenaria institución exige para generar un impulso modernizador y pesar en el mundo globalizado, como representante de 1.200 millones de católicos.

Un gesto de ruptura

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“Es una oportunidad para el cambio, un gesto de ruptura, que obliga a la Iglesia a hacerse un examen de conciencia para volver a comenzar con el pie correcto”, declaró a la AFP el italiano Paolo Colonnetti, del movimiento católico de los Focolares.

“Un gesto elevado, que pone un sello extraordinario a su pontificado, pero que abre una nueva época en la forma de entender y administrar el ministerio del papado”, escribió por su parte Piero Coda, rector del Instituto Universitario Sophia, del mismo movimiento.

Por lo sorpresivo y radical de la renuncia, sus efectos reales sobre la institución son aún difíciles de prever.

Antes de irse, Benedicto XVI ha pronunciado varios discursos en los que pide una “verdadera renovación de la Iglesia”, lo que ha sido interpretado como su “testamento” espiritual y político al llamar a sus miembros a superar “hipocresías” y “rivalidades”, que marcaron sus difíciles ocho años de pontificado.

Por ello muchos observadores se interrogan sobre “la convivencia” con el nuevo Papa e inclusive se debate sobre cómo deberá ser llamado cuando se marche del pontificado (¿exPapa?) y si cobrará jubilación cuando se instale dentro de dos meses en el apacible convento de los jardines del Vaticano que le están adecuando.

“Será seguramente discreto con su sucesor, es una persona con un fuerte sentido de la Iglesia. No molestará ni concederá entrevistas, y si acepta serán verificadas milimétricamente”, comentó a la AFP un veterano cardenal.

Para el padre Sergio, superior general de los Misioneros Oblatos de María Inmaculada, la renuncia del Papa no ha generado alegría sino sorpresa.

“No sabemos las consecuencias que tendrá para la elección del futuro Papa ni cómo se va a comportar envejeciendo. Lo que sí creo es que servirá para renovar a la Iglesia”, asegura.

“Por ello queremos que su sucesor sea de América Latina, de América del Norte, de Asia. Sin duda nos enriquecerían. El futuro de la Iglesia está allá”, sostiene.

Una rendición frente a los escándalos

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Celebrada por clérigos y laicos como un gesto de valentía y dignidad, e incluso de humildad, la renuncia constituye para otros un acto de rendición frente a la compleja maquinaria de poder que es el Vaticano y sobre todo la Curia Romana, blanco de críticas y polémicas.

“Se va del Vaticano dejando intacto un sistema esencialmente corrupto”, escribió en su blog el teólogo vasco José Arregi, quien pide con irreverencia al Papa que concluya su gestión con una declaración solemne: abolir el modelo monárquico del papado.

“La tiara y el trono, la terrible infalibilidad, el tremendo poder absoluto, siguen intactos, esperando al siguiente candidato”, se lamentó.

El futuro Papa deberá encarar un asunto aún más delicado, según revela este jueves el diario italiano La Repubblica: la trama de corrupción, sexo y tráfico de influencias que reinan en el Vaticano.

Según el rotativo, el Papa decidió renunciar tras recibir un informe de 300 páginas, realizado por tres ancianos e intachables cardenales, en el que salen a relucir las luchas por el poder y el dinero, así como sus debilidades sexuales.

“Fantasías, invenciones, opiniones”, transó el portavoz del Vaticano, el padre Federico Lombardi, tras advertir que no comentará el artículo.

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