Miles de argentinos acompañaron la primera Pascua del papa Francisco

04/01/2013 3:10 AM

04/01/2013 11:34 PM

Miles de fieles dedicaron una especial oración por el Papa Francisco, en el primer domingo de Pascua de su pontificado, en las iglesias argentinas, entre ellas la de San Ignacio de Buenos Aires, donde el ahora sumo pontífice daba misa cotidianamente.

“Oremos por nuestro papa Francisco y sus intenciones”, invocó el jesuita Francisco Baigorria en la misa celebrada en San Ignacio, la iglesia más antigua de la capital argentina, fundada en 1675 por los jesuítas, la orden de la que proviene el Papa.

La capilla, situada a unos 100 metros de la Plaza de Mayo, se engalanó con arreglos florales para una misa en la que el coro y el órgano sonaron en el amplio recinto tres veces centenario.

“El Papa celebraba misa aquí cotidianamente y presidió la ceremonia con la que celebramos los 300 años del templo”, recordó Baigorria a los presentes, entre ellos más de 70 estudiantes del Colegio Jesuita San Luis Gonzaga de Washington, de visita en Buenos Aires.

Tras la ceremonia, fieles y religiosos consultados coincidieron en el festejo por la elección del primer Pontífice jesuita, pero discreparon sobre la posibilidad de que Francisco marque un antes y un después en la milenaria historia de la Iglesia.

“Que sea jesuita no necesariamente significa que sea un buen Papa. En la congregación hay gente más o menos santa y más o menos lúcida”, dijo Baigorria y destacó que el Pontífice ha sido un “excelente obispo”.

“Desearía que se le permitiera vivir su pontificado con el mismo espíritu con el que vivió su episcopado”, añadió.

Fanny Acevedo, una argentina de 47 años que desde hace cinco vive en España, se mostró esperanzada en que Francisco “acogerá más cristianos para la Iglesia”.

“Habrá cambios pero van a ser lentos”, estimó la mujer para quien la mayor innovación debería ser que “los sacerdotes estén más cerca de la gente, que salgan de las iglesias, que hablen un lenguaje más coloquial, más comprensible”.

La Iglesia de San Ignacio está emplazada en el corazón jesuita de Buenos Aires, cercana a la llamada “Manzana de las luces”, un área de la que la orden tomó posesión en 1661, llamada así por su brillo intelectual y cultural.

“El Papa Francisco me llena de orgullo”, dijo Claudia Barrionuevo, de 49 años, empleada, y destacó sus “intenciones de hacer cambios”.

“Yo creo que sería muy importante repensar, por ejemplo, el celibato. Me parece que no habría tantos abusos si los curas pudieran contraer matrimonio”, consideró.

Sin embargo, el párroco de San Ignacio sostuvo que hay demandas que son inviables dentro de la Iglesia.

“A veces, hay fieles que piensan en cambios totalmente impensables, antievangélicos, como por ejemplo el aborto o que la Iglesia bendiga el matrimonio igualitario” (entre personas del mismo sexo), afirmó Baigorria.

“En cambio -- continuó -- hay otras personas más sensatas, con más formación, que piensan en otros cambios, pero que son los que ya vivimos en Argentina, con pastores que salen al encuentro de la gente o una pastoral que prioriza la periferia, los niños, ancianos y enfermos”.

“Los cambios que la Iglesia debe dar no son solo de la jerarquía, sino sobre todo de los fieles que tienen prejuicios o ideas sobre cómo somos y nos relacionamos, que no son ciertas o lo fueron en el pasado”, sostuvo.

Austin Clark, 17 años, uno de los estudiantes de la escuela jesuita de Washington, se manifestó feliz por la designación de Francisco durante un bullicioso ‘mini-tour’ por el templo.

“Estoy emocionado porque tenemos por primera vez un Papa jesuita y yo conozco las tradiciones de la orden y me gustan mucho”, dijo en español Clark, hijo de madre italiana y padre alemán.

El pontífice, elegido el 13 de marzo pasado, hizo este domingo un llamado a la paz mundial en su primer mensaje de Pascua desde el balcón de la basílica de San Pedro ante decenas de miles de personas.

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