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``Regresé a casarme con mi ex esposa...''

Especial para El Nuevo Herald

Soy cubano, residente legal de EEUU desde el mismo día que entré por la frontera mexicana el 12 de septiembre del 2005. En el año 2008, después de varias visitas, regresé a Cuba a casarme con mi ex esposa, madre de mi único hijo de 14 años, después de 2 de separación, inmediatamente iniciamos los trámites de reunificación bajo el programa de visa de parole. Nos dieron la entrevista para febrero del 2009. Esperamos esos meses con mucha ansiedad. Nuestra sorpresa --desagradable--fue constatar que las preguntas de la funcionaria estuvieron basadas todo el tiempo en el otro matrimonio de mi esposa, en los 2 años que estuvimos separados. La visa, al final, no fue otorgada y hemos quedado en una especie de limbo migratorio. Cuando les escribo, en inglés, me responden que la visa de parole es un derecho que otorga, a discreción, el funcionario de la Sección de Intereses en La Habana.

Entretanto, seguimos separados. A pesar de las cuentas de teléfono, los estados bancarios que dan fe de mi solvencia económica, las fotos y la correspondencia que prueban que nuestra unión es real y no por conveniencia --todo lo cual les hemos hecho llegar--me siguen respondiendo que USCIS otorga visas a discreción.

Me mantengo yendo a Cuba cada 3 a 4 meses. Como se imaginará, no podemos entender. Nos piden cartas hechas por ambos--por mi esposa y por mí--y firmadas de puño y letra. Las hemos enviado y nos responden que nuestro caso pasó a reconsideración de visas. Algunos amigos nuestros de aquí, ciudadanos norteamericanos, me han planteado la idea de escribir, abogando por nuestra situación, pues, a todas luces, pasaré las Navidades y fiestas de fin de año a solas por la demora de este trámite.

Soy cuentapropista desde hace 2 años y medio y, con el favor de Dios, me habré convertido en ciudadano estadounidense en el próximo año.

José C., Miami

Usted, a las claras se nota, es un hombre de éxito en su trabajo, persona de iniciativas y logros, y en lo personal, yo les deseo a usted, a su esposa, y a su muchacho de 14 años todas las cosas buenas que nuestro Dios, el de Arriba (y del final de su carta...) nos regala todos los días cuando nos echamos a la cama tras otra jornada de lucha y esfuerzo. Pero, su carta no es clara. Es dolida, es impaciente, es de contrariedad y fastidio, e incluso todo esto se puede entender. Lo que no se entiende con tanta facilidad es la manera con que usted explica su matrimonio, el que la Sección de Intereses de EEUU en La Habana ha puesto como en entredicho, como en una especie de ``¿Será o no será?!''

Usted utiliza seis u ocho renglones para explicar su matrimonio, su gestión de parole, etc. y por ahí en la octava línea manifiesta su sorpresa (más bien, su molestia) porque la funcionaria se haya enfocado a hacerle preguntas sobre...¡``el otro matrimonio de su esposa en los 2 años que estuvimos separados''!

La ``discreción'' que utiliza Inmigración el --big ``D'', como lo llamaba un sabido colega mío, es potestativo de la autoridad cuando hay algo que no gusta, que no convence, sino que, por el contrario suscita aquel famoso refrán de Shakespeare en Hamlet: ¡``Algo huele mal en Dinamarca...!'' Lo suyo, me da pena decirlo pero concuerdo con Inmigración.... huele mal. Matrimonio con hijo adolescente, separado físicamente por dos años y con otro matrimonio de la señora insertado por el medio, como sin ton ni son, es cosa de rascarse la cabeza... y la nariz.

¡Usted sí que necesita abogado! Si le interesan mis servicios queda de su parte buscarme y acercarse.

MANFRED ROSENOW es un abogado y periodista de Miami especializado en temas de inmigración. Escríbale a El Nuevo Herald, 1 Herald Plaza, Miami, FL 33132.

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