Piden aclarar presuntas ejecuciones extrajudiciales en Colombia
GONZALO GUILLEN / El Nuevo Herald
BOGOTA
La Oficina en Colombia del Alto Comisionado de las
Naciones Unidas para los Derechos Humanos pidió al gobierno
y a las fuerzas militares de este país "esclarecer y poner
fin a las prácticas de presuntas ejecuciones
extrajudiciales'' que en menos de una semana han dejado un
saldo provisional de 45 jóvenes muertos.
Aunque no hay una conclusión definitiva de los autores
de las ejecuciones las autoridades investigan si se trata
de fusilamientos hechos por miembros del Ejército Nacional
con el fin de presentar los cadáveres como bajas enemigas
en falsos combates.
Otras hipótesis señalan que los jóvenes fueron
inicialmente reclutados por paramilitares que se están
reorganizando tras la disolución de las temidas
Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) en el 2006, en virtud
de un acuerdo con el gobierno del presidente lvaro Uribe.
Otra sospecha del reclutamiento proviene de las mafias
del narcotráfico, que en muchas ocasiones trabajan de la
mano de los paramilitares.
La Fiscalía General de la Nación indicó el viernes que
algunos de estos jóvenes habían desaparecido de barriadas
del sur de la capital colombiana después de haber recibido
supuestas ofertas de trabajo.
La secretaria de gobierno del Ayuntamiento de Bogotá,
Clara López, reveló esta semana que los jóvenes muertos
fueron víctimas de "desaparición forzada con fines de
homicidio'' tras ser reclutados por grupos ilegales.
"No fallecieron en combate'', como había dicho el
Ejército, según López, cuyo planteamiento se basa en el
poco tiempo transcurrido entre el momento en que fueron
reportados como desaparecidos y su supuesta caída en
enfrentamientos con las fuerzas del orden.
"Estos muchachos fueron retenidos en la capital
colombiana y máximo dos días después ya estaban en combate,
armados, organizados, en un enfrentamiento, en fechas
distintas'', indicó la responsable de Interior del
Ayuntamiento de Bogotá.
La mayoría de estos jóvenes procedía de Ciudad Bolívar,
un gran barrio del sur de Bogotá de tierras baldías que
cuenta con 300 distritos, concentra a unos 700,000
habitantes y que se expandió ante la llegada de miles de
desplazados de la guerra a partir de los años 80 del siglo
pasado.
Además de estos jóvenes, Naciones Unidas sostiene que ya
había advertido, entre finales de 2007 y abril de 2008,
sobre, "al menos'', otros 35 muchachos desaparecidos de
los departamentos caribeños de Sucre y Córdoba, asesinados
a la postre en idénticas circunstancias, con los cual el
número de jóvenes pobres eliminados en ejecuciones
extrajudiciales sería de, por lo menos, 80.
Este número provisional de 80 jóvenes asesinados y
sepultados en fosas comunes pocos días después de haber
desaparecido, resulta de sumar 19 de suburbios del sur de
Bogotá (la Defensoría del Pueblo el viernes estimaba que
esta cifra se había elevado a 23), 18 de la región central
andina conocida como Eje Cafetero; cuatro del departamento
norteño de Cesar, otros cuatro de la ciudad andina de
Popayán, en el sur del país, y los 35 que Naciones Unidas
dice haber reportado en vano a las autoridades.
"En relación con estos y otros casos, la Oficina
exhortó al Alto Mando del Ejército a adoptar medidas
extraordinarias para que las investigaciones disciplinarias
internas esclarecieran responsabilidades, sin que hasta el
presente se hayan obtenido resultados''.
La mayor de las fosas comunes está en el municipio de
Ocaña, departamento de Norte de Santander, en la que
podrían estar los cadáveres de más de 35 jóvenes. Hasta el
viernes allí habían sido hallados por la Fiscalía 23
cuerpos.
El general Pauselino Coronado, comandante de la Brigada
30 del Ejército, unidad militar a la que se le atribuyen la
mayoría de estas muertes, mantiene la versión de que los
jóvenes no fueron sacrificados fuera de combate.
Fueron dados de baja, de acuerdo con el oficial
‘‘durante cinco eventos [de guerra] que se suceden desde
enero hasta agosto (del 2008). Estas personas murieron en
combates con tropas''.
El ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, no ha
respaldado esa posición y reveló que "todavía hay reductos
de nuestra Fuerza Pública que exigen como resultados
cuerpos'' para presentar saldos de guerra favorables.
"Habrá cero tolerancia con cualquier comportamiento que
no esté ajustado al respeto por los Derechos Humanos'',
advirtió Santos.
Para el Fiscal General de Colombia, se rata, al parecer,
de "un horroroso y tenebroso fenómeno'' de ejecuciones
extrajudiciales practicado por miembros del Ejército de
Colombia y anunció sanciones ejemplares para quienes
resulten responsables.
Entre tanto, el número de presuntos fusilados sigue
creciendo en la medida que surgen por todo el país reportes
de más desaparecidos asesinados.
De acuerdo con su comunicado de prensa, "la Oficina
[del Alto Comisionado] alertó a fines de 2007 a las máximas
autoridades del país sobre lo ocurrido en los departamentos
de Sucre y Córdoba, donde varios jóvenes fueron reportados
como muertos en combate bajo el patrón arriba descrito''.
"El informe anual de la Alta Comisionada”, continúa el
comunicado, “reiteró el caso a fines de febrero del
presente año. Desde entonces y hasta abril de 2008 suman al
menos 35 víctimas en dichos departamentos en circunstancias
similares''.
La comunicación agregó que “otras informaciones recogidas
por la Oficina, ya transmitidas oficialmente a las
autoridades competentes, se refieren además a previas
denuncias sobre la desaparición y muerte de jóvenes
pobladores en otras ciudades tales como Montería y
Medellín, así como en distintos municipios del país, entre
ellos, Toluviejo (Sucre), Sahagún (Córdoba) y Remedios
(Antioquia)''.
"En las versiones que dan cuenta de estos hechos, se
revela que las víctimas reciben promesas de trabajo,
aparentemente legales o incluso ilegales, para trasladarse
a municipios y departamentos distintos de sus lugares de
residencia'', sostiene la Oficina del Alto Comisionado, y
“en la mayoría de los casos, uno o dos días después de
haber sido vistos con vida por última vez por sus
familiares, resultan reportados como muertos en combate por
el Ejército''.
Naciones Unidas sostienes que "resulta particularmente
grave y preocupante que estos asesinatos se pudiesen estar
cometiendo a través de verdaderas redes criminales,
encargadas de engañar y conducir a las personas hasta el
lugar donde se les da muerte''.
Asimismo, advierte: "de establecerse la responsabilidad
de miembros de la fuerza pública, directa o en modalidades
de tolerancia, aquiescencia, complicidad o apoyo en este
tipo de hechos, se configurarían graves violaciones
Derechos Humanos, que incluirían la desaparición forzada y
la ejecución extrajudicial''.