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Cuba  

Cineasta desertor dice que Cuba es "un escenario del no futuro"

El Nuevo Herald

Con 31 años y una carrera cinematográfica en ascenso, el realizador Jeffrey Puente comenzó a cuestionarse su permanencia en una Cuba que cada vez más se revelaba como "un escenario del no futuro''.

"Llegué a preguntarme qué iba a hacer yo allí si los que tienen una carrera establecida por largos años no pueden hacer nada... Simplemente decidí que no me interesaba quedarme allí respondiendo a los intereses del ICAIC [Instituto de Cine] o del ICRT [Instituto de Radio y Televisión], vigilado por la policía cada vez que iba a rodar un documental, y comprendí que había llegado la hora de partir'', comentó Puente durante una entrevista en la casa de sus familiares en Hialeah.

El cineasta se suma a la estampida de artistas y deportistas que han decidido abandonar Cuba y radicarse en Estados Unidos desde finales del 2006, luego de anunciarse la enfermedad y retiro del poder de Fidel Castro. Puente se encontraba en la Ciudad de México cursando estudios de postgrado desde agosto del pasado año, pero en marzo determinó cruzar la frontera y pedir refugio a las autoridades estadounidenses.

‘‘No hay futuro en Cuba'', declaró Puente en la conversación con El Nuevo Herald. ‘‘Después de que Fidel Castro ‘dejó de existir', aquello es un barco sin timonel. Antes el rumbo era predecible, ahora no se sabe realmente adónde va el barco... La gente está obstinada, sin esperanzas, y la generación más joven no cree en nada, ni en discursos oficiales ni en promesas de cambios''.

Graduado de la Facultad de los Medios de Comunicación Audiovisual del Instituto Superior de Arte (ISA), Puente forma parte del movimiento de jóvenes cineastas que se lanzó a la producción independiente desde finales de los años 90, rechazando la tutela de la cinematografía oficial. La emergencia del cine independiente cubano es un resultado directo del acceso de los noveles realizadores a las tecnologías digitales, que les permitieron abaratar las producciones y explorar zonas conflictivas de la realidad con mayor libertad creativa.

La proliferación de barrios marginales, la prostitución, las frustraciones nacionales, las restricciones migratorias internas, el racismo latente y las vidas errantes de locos y personas que sobreviven rescatando desechos de los basureros públicos, son temas recreados por las producciones independientes que no figuran en el catálogo de documentales y películas producidos por el ICAIC.

Sin embargo, las autoridades culturales han tomado ya cartas en el asunto.

Desde el 2000, el ICAIC comenzó a auspiciar muestras de jóvenes realizadores de carácter nacional, con un programa abierto al público en cines de La Habana.

"Hay conciencia en las autoridades cubanas de la influencia que ha adquirido el cine independiente'', explicó Puente. "Ellos se dieron cuenta de lo peligroso que podía ser una persona con una cámara digital o una Hi8 sin control de nadie, y concibieron la muestra como un mecanismo regulador... más que la exhibición y la competencia, es la forma que tiene el gobierno de saber lo que están haciendo los jóvenes, quiénes son y qué piensan''.

Según él, en años recientes se han recrudecido los controles oficiales sobre los permisos de filmación. Para muchos rodajes en La Habana, la autorización tenía que proceder del actual primer vicepresidente José Ramón Machado Ventura, quien hasta el pasado febrero estuvo a cargo del Departamento de Organización del Partido Comunista.

"Las presiones no vienen del ICAIC, sino de la Seguridad del Estado'', enfatizó.

Incluso, Puente recuerda la experiencia de su colega Alina Rodríguez con el documental Buscándote Havana (2006), compuesto por testimonios de orientales que viven ilegalmente en barrios marginales de la capital cubana.

"A pesar de contar con permisos, la policía le incautó materiales filmados que no fueron devueltos e incluso llegó a arrestar a Alina Rodríguez'', relató.

La obra documental de Puente se resume en una trilogía que explora la religiosidad e idiosincrasia de comunidades rurales en la zona de Pinar del Río: 25 Kilómetros (2005), 72 Horas (2007) y Para subir al cielo (2008). El realizador es natural de Candelaria, es católico y mantuvo estrechos vínculos con el Centro Cívico Religioso de la Arquidiócesis de Pinar del Río.

"Me interesaba penetrar en el mundo de un sector marginal de católicos del campo cubano que vive la religión de una manera orgánica y que en condiciones de máxima precariedad mantienen su fe como refugio para sobrevivir en la Cuba de hoy'', relató el cineasta. "Pero esas imágenes de fe, de templos y de vocación religiosa no podían aparecer por la televisión cubana''.

Puente tiene aún mucho material inédito y piensa que podrá emplearlo en un futuro, si logra canalizar sus esfuerzos en la televisión de Miami. "De todas formas estoy en un proceso de aprendizaje y me siento confiado'', confesó. "El error de mucha gente es venir a Miami a repetir su experiencia de Cuba, olvidando que aquí las reglas de juego son diferentes''.


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