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Frank País y sus motivos antagónicos con Fidel Castro

Especial para El Nuevo Herald

Corto y azaroso fue el camino recorrido por Frank País (1934-1957) durante los 20 meses vividos desde que integró el grupo Acción Nacional Revolucionaria (ANR) a la organización liderada por Fidel Castro. “Ahora somos 26 de Julio” anunció a sus subalternos. La decisión vino después de muchos meses de consultas y meditación. Aunque admiraba la acción de los que habían asaltado los cuarteles de Santiago de Cuba y Bayamo en 1953, dudaba de los propósitos de Fidel Castro, a quien consideraba un político en busca de un nombre para regresar a la lucha electoral.

En definitiva, pensaba País, el golpe de estado del 10 de marzo de 1952 había sorprendido a Fidel Castro en la contienda por un acta de Representante.

El caso es que el proceso de la toma de esa decisión duró desde mediados de junio hasta fines de octubre o principios de noviembre de 1955. Lo que muchos creen que fue una decisión inmediata, demoró más de cuatro meses de meditación y negociaciones al dirigente santiaguero. Una vez tomada, trabajó de manera frenética en la organización del Movimiento. Viajó casi toda la provincia oriental dejando establecidas células. Luego pasó a otras provincias y a la capital. No descuidaba un aspecto. A pesar de su corta edad, no había entre sus seguidores quien cuestionara su liderazgo. “Surgió de manera natural, casi sin darnos cuenta,” confesaría uno de sus hombres de confianza, varios años mayor que País, en una reciente entrevista con la prensa de la isla. No es hasta el año siguiente que Frank y Fidel se conocen personalmente. Sucedió durante un viaje de País a la capital mexicana en agosto de 1956. Cuando su madre le preguntó la razón de aquel viaje repentino, le contestó sonriendo: “Si alguien le pregunta, dígale que me fui con una mujer; que los jóvenes de esta época somos así”. Cuentan los testigos en la capital azteca que hubo una mutua simpatía entre ambos, que compartieron ideas y criterios y comenzaron a elaborar un plan de alzamiento para antes del fin de año.

De regreso en Santiago, País se dedica a preparar las acciones de apoyo al desembarco de Fidel Castro. “Héroes o mártires en el 56” se convirtió en la principal consigna del M-26-7. Pero antes, le encargó a tres de sus fieles compañeros redactar un programa que tituló Tesis Económica del Movimiento 26 de Julio. Previo al comienzo del curso escolar le comunicó al director del Colegio El Salvador, donde enseñaba desde hacía dos años, que dispusiera de su plaza. “Porque Cuba me necesita”, le respondió cuando se le preguntó el motivo. Había llegado el momento de dejar de enseñar Historia para ir a hacerla.

A pesar del tremendo esfuerzo, Frank País comprendió que ni los de la isla ni los de México estaban listos. Así se lo hizo saber a Castro en su segundo viaje el 23 de octubre. Pero Castro se negó a aplazar la lucha porque había empeñado su palabra de honor. Frank regresa a Cuba y produce el levantamiento del 30 de noviembre. Después del “naufragio” del Granma en las orillas de la costa oriental, Frank echa sobre sus hombros el hacer que la incipiente guerrilla sobreviva y crezca. Envía desde Santiago, junto a Celia Sánchez en Manzanillo, jóvenes, armas, municiones y cuanto artículo pueda ser utilizado por los alzados. Lleva a Herbert Matthews y comienza la leyenda del Robin Hood que ha cambiado el arco y la flecha por un rifle de mira telescópica. La subida del editorialista del New York Times (a quien Anthony DePalma ha llamado “el hombre que inventó a Fidel”), coincide con la primera reunión de la Dirección Nacional (DN) del M-26-7 en las montañas. Es alrededor de esa época que comienzan a desarrollarse las discrepancias que habían comenzado en México con la negativa a postergar la invasión y a publicar un programa de gobierno. En mi libro Principio y fin del mito fidelista (Trafford Publishing, 2008), aparecen identificados y desarrollados seis temas del antagonismo entre ambos líderes:

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