Sangrienta contraofensiva de los carteles mexicanos
JAMES McKINLEY / AFP
WASHINGTON
En lo que parece ser una contraofensiva sangrienta de los carteles de la droga que responden a las medidas enérgicas tomadas por el gobierno, han asesinado nueve policías federales, incluido el jefe de la división de crimen organizado.
Los asesinatos descarados demostraron no sólo la incapacidad de la policía federal para proteger su propia gente de ataques sorpresa, sino también que la ofensiva antidrogas que inició el presidente Felipe Calderón el año pasado añn enfrenta una resistencia poderosa.
``Son tiempos difíciles para la policía federal y para México", dijo el secretario de Seguridad Pública Genaro García Luna, en un acto realizado el sábado para honrar a los policías caídos.
``La nación ha perdido algunos de sus mejores hombres''.
México ha padecido una ola de violencia desde que el año pasado, el presidente Calderón envió tropas y policías federales a ciudades y estados plagados por los narcotraficantes para restablecer el orden y limpiar las corruptas fuerzas del orden locales. Han muerto al menos 3,500 personas en el caos, entre ellas, al menos 200 policías.
Más de 30 de ellos eran policías federales, que por lo general están mejor entrenados y son menos corruptos que las policías locales, y a los que usualmente matan en emboscadas.
Dos hombres dispararon en la cabeza al comandante de la división de crimen organizado, el inspector Roberto Velasco Bravo, el jueves por la tarde y se dieron a la fuga en el coche lujoso de su víctima. La policía dice que aún no se tiene claro cuál fue el motivo del asesinato. El crimen pudo deberse a un intento de robo del coche que salió mal, pero es posible que su trabajo haya motivado los asesinos.
El viernes, menos de 24 horas después, mataron a tiros a un segundo policía federal de alto rango, el inspector José Aristeo Gómez Martínez, cuando salía de su casa en un barrio elegante de Coyoacán. Había sido administrador en las oficinas centrales de la policía federal, la cual dice que también se cree que murió al resistirse al robo, aunque sigue sin haber certeza en cuanto al motivo.
También el viernes, cuatro policías federales fueron emboscados en la ciudad de Culiacán, la sede de una federación poco articulada de carteles que controlan el tráfico ilegal de drogas a lo largo de la costa del Pacífico y la frontera en Ciudad Juárez.
Varios hombres no identificados abrieron fuego con ametralladoras contra policías cuando patrullaban en una camioneta de carga; en el atentado murieron el sargento Manuel García Pérez, el capitán Víctor Hugo Martínez Bravo, el capitán Genaro Francisco Nicolás y el agente Guillermo Martínez Alvarado.
Funcionarios dijeron que creen que la emboscada fue una represalia porque la policía federal capturó a 13 personas sospechosas de ser narcotraficantes a principios de la semana pasada, después de un tiroteo en las calles. También se confiscó una gran cantidad de armas. Dos gatilleros y dos policías estatales murieron en la escaramuza.
La emboscada se produjo dos semanas y media después de que secuestraron y ejecutaron a dos policías federales en Tijuana, al otro lado de la frontera de San Diego.
Esos policías eran Guillermo Cuautle Hernández, Manuel Alejandro Arellano Figueroa y José Ignacio Badillo Jasso. Funcionarios dijeron que se cree que el asesinato fue una represalia de los narcotraficantes, los que se han visto afectados por más de tres mil detenciones hechas por la policía federal en la ciudad desde enero del 2006.
Dos gatilleros asesinaron en septiembre al anterior comandante de la división de crimen organizado, Omar Ramírez de 44 años, en una calle muy transitada en el centro de la Ciudad de México.
Al igual que la mayoría de los demás ataques, aún no se resuelve el asesinato de Ramírez, aunque los funcionarios creen que un capo del cartel del Golfo, que opera en el estado de Tamaulipas, tiene alguna relación con el crimen. En privado, altos funcionarios federales han dicho que es casi imposible capturar a los autores intelectuales detrás de esos asesinatos.