El empleo vulnerable en el 2013

01/22/2013 1:22 AM

01/22/2013 11:32 PM

El empleo seguirá siendo en el 2013 la gran víctima de la incertidumbre que persiste en la economía internacional, lo que se reflejará en un aumento de 5.1 millones de desempleados, lo que este año elevará a 202 millones el número de personas en busca de un actividad remunerada.

Según el informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre las Tendencias Mundiales del Empleo, 4.2 millones de personas entraron en una situación de desempleo a lo largo del 2012, las tres cuartas partes de ellas en las regiones en desarrollo, en particular en Asia oriental (China), Asia Meridional (India) y en Africa subsahariana.

“Las inciertas perspectivas económicas y las políticas inadecuadas para contrarrestarlas han debilitado más la demanda agregada y retenido las inversiones y la contratación”, declaró en una rueda de prensa para presentar estos datos el director general de la OIT, Guy Ryder.

Desde que estalló la crisis económica internacional, hace más de cinco años, el incremento total del desempleo ha sido de 28 millones de personas.

Actualmente, la OIT cifra la tasa de desempleo mundial en un total de 197 millones de personas, lo que representa un 5.9 por ciento de la fuerza laboral, una cifra que además esconde la magnitud del empleo informal y la de aquellos que a pesar de trabajar viven en la miseria.

Oculta igualmente el drama de las 39 millones las personas en edad y capacidad de trabajar que, empujados por la desesperanza, han decidido abandonar su búsqueda de un trabajo.

La categoría de personas que se han retirado del mercado laboral por esa circunstancia es particularmente importante en los países desarrollados y sobre todo en la Unión Europea, donde la tasa de participación en la fuerza de trabajo descendió casi un punto porcentual el año pasado, aunque en algunos países -que no se identificó- bajó más del 4 por ciento.

En las economías avanzadas, la mitad de desempleados buscan un puesto desde hace un año o más, según la OIT.

Sin embargo, Ryder pidió no concentrar toda la atención en la mala situación de las economías avanzadas y mirar también a lo que sucede en los países en desarrollo, donde la “respuesta a la crisis ha comenzado a ser más negativa de lo que habíamos anticipado”, con significativas “desaceleraciones” de los mercados de trabajo.

Sin embargo, una buena noticia en esa área ha sido el incremento de los trabajadores que se pueden considerarse de “clase media” –gracias a un ingreso superior de $4 dólares diarios por persona– en el conjunto de países en desarrollo, una tendencia que ha sido notoria en China.

Esa categoría ha pasado de representar el 23 por ciento de trabajadores en el 2001 al 42 por ciento actualmente, precisó Ryder.

De otra parte, el alto funcionario consideró un problema que la mayoría de países en desarrollo no hayan sido capaces de sacar a una parte de su fuerza laboral de actividades de baja productividad, como la agricultura, y dirigirlos hacia sectores de mayor valor agregado como la industria y los servicios.

De manera general, la crisis del empleo se sigue cebando con los jóvenes (15 a 24 años), que –con una tasa de desempleo del 12.6 por ciento o casi 74 millones– serán nuevamente este año quienes más sufrirán de las condiciones críticas de los mercados laborales.

El organismo técnico de la ONU estima que la desaceleración de la actividad económica podría empujar a otro medio millón de jóvenes al desempleo de aquí al 2014.

En la actualidad, un 35 por ciento de todos los jóvenes desempleados han estado sin empleo durante seis meses o más en los países desarrollados, frente a un 28.5 por ciento en el 2007.

“Con el desperdicio de este talento se está haciendo un daño extremo a la juventud”, lamentó Ryder, quien dijo que una de las razones de la inquietante situación que afrontan los jóvenes es el desajuste entre las habilidades y conocimiento de éstos y los que requieren los sectores que crean empleos.

España fue citada como ejemplo de esta incompatibilidad, que quedó en evidencia al entrar en crisis el sector de la construcción, del que dependía muchos jóvenes que quedaron desempleados, pero que luego no recibieron ninguna formación para facilitar su reinserción en los sectores que demandan mano de obra.

Entre ellos se citó -basándose en datos de la Comisión Europea- el área de cuidados médicos, las tecnologías de la información y las comunicaciones y el sector relacionado con la producción y uso de energías sostenibles.

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