Cabilderos frustran ahorros en plan de Obama
By DAVID D. KIRKPATRICK / NYT
WASHINGTON
Mientras el debate sobre el cuidado médico pasa al pleno del Congreso, la mayor parte de las proposiciones serias para cumplir con la promesa inicial del presidente Barack Obama de controlar los gastos han caído víctimas de los intereses organizados y la política provinciana.
Y ahora las últimas dos iniciativas de verdadero efecto que todavía están sobre el tapete, un ahora moderado ``impuesto tipo Cadillac'' a los planes de seguro médico de alto costo y una comisión para recortar el presupuesto del Medicare, son objeto de un feroz asalto.
La idea favorita de la mayoría de los economistas para detener el aumento del cuidado de la salud era ponerle fin a la exención impositiva de los seguros médicos pagados por los empleadores para hacer los planes menos costosos más atractivos. Pero eso perjudicaría a los trabajadores con planes de muchos beneficios, y una intensa campaña por parte de los sindicatos anuló esa idea antes del 4 de julio.
Mientras tanto, el cabildeo de médicos, hospitales y otros proveedores de atención médica, ensombreció las perspectivas de varias propuestas de rebajarles sus ingresos, incluyendo permitir negociaciones del gobierno sobre los precios de las medicinas del Medicare y crear una compañía de seguros con la potestad de reducir los pagos de las cuotas.
``Los cabilderos están ganando, dijo el representante Jim Cooper, demócrata conservador de Tennessee que enseña política sobre salud.
Los gastos del cuidado de la salud se han duplicado en los pasados 20 años, y han llegado a constituir alrededor del 16 por ciento de la economía, sin señal alguna de menguar. Juntamente con la cobertura universal, Obama ha convertido el control de esos gastos en un pilar central de sus reformas a la atención médica, diciendo que el curso que lleva eso ahora es ``insostenible''. El esfuerzo es una prueba básica de su promesa de campaña de romper el firme control en el país de los intereses particulares.
En su discurso radial semanal el sábado, Obama aplaudió el proyecto, que será llevado a votación la semana próxima por la Comisión de Finanzas del Senado. ``Atacar el derroche y el fraude en el sistema'', dijo, ``moderará el crecimiento de los gastos del sistema médico sin añadir 10 centavos a nuestro déficit''.
En una entrevista, Peter R. Orszag, director presupuestario de la Casa Blanca y el funcionario mas asociado con el concepto de reducir los gastos, señaló a la proyectada comisión del Medicare y al ``impuesto Cadillac'' como evidencia de adelanto. ``Una prioridad clave'', indicó, es ``asegurarnos de que contener los gastos se mantenga mientras avanzamos en el proceso legislativo''.
Pero ninguno de esos elementos aparece ya en ninguno de los cuatro proyectos de reforma de la salud que están en el Capitolio, y ambos confrontan una resistencia bien atrincherada en la misma Casa Blanca.
Aunque los proyectos contienen otras medidas que tienen como objetivo los gastos médicos, la mayoría de los que sobreviven hasta ahora no antagonizan a ningún interés organizado. Incluyen medidas voluntarias de eficiencia, tales como estimular la coordinación de los archivos médicos, diseminar información comparando la efectividad de los tratamientos y varios proyectos de prueba.
La Casa Blanca sostiene que en cualquier caso, es prudente empezar con esas medidas. Pero el verdadero impacto de éstas sería difícil de calibrar y la Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO), que no es partidista, les asigna poca influencia.
La CBO le acreditó a la Comisión de Finanzas del Senado el haber reducido el déficit federal; detener el aumento del gasto total público y privado es un asunto separado.
El impuesto a los seguros sumamente costosos es el último vestigio de la idea favorita de la mayoría de los economistas y eliminaría la exención de impuestos de los planes provistos por los empleadores. La medida de finanzas impondría un gravamen de consumo del 40 por ciento a los seguros que cuesten más de $8,000 al año para un individuo o de $21,000 al año por familia.
Eso ha suscitado una oposición frenética por parte de los sectores laborales y los cabilderos de empresas que aparentemente han hallado amigos en el Capitolio. El miércoles, 157 representantes demócratas (una mayoría) le extendieron una carta firmada a la presidenta de la Cámara, Nancy Pelosi, oponiéndose al impuesto.
``No se moverá en la Cámara Baja'', dijo el representante Pete Stark, demócrata por California que preside la subcomisión de salud del panel de comercio.
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