Nostalgia, dolor, fiesta y música para celebrar muertos en América Latina

11/02/2012 12:35 AM

11/02/2012 5:04 AM

Recuerdo, nostalgia, dolor, pena por aquellos que ya no están, pero también música, flores, color, comida y cementerios convertidos en lugar de fiesta y congregación social: la celebración de Todos los Santos este jueves y el Día de los Muertos el viernes varía enormemente en tradiciones de fuerte arraigo en América Latina.

México, con una cultura fuertemente marcada por la presencia de la muerte, celebra con especial fruición la que puede considerarse como una de sus fiestas grandes, al igual que muchos lugares de Centroamérica o Perú.

En México millones de personas se preparaban este jueves para acudir a los panteones, donde familias enteras pasan la noche acompañando a sus muertos que según la tradición prehispánica regresan al caer la luz a convivir con los vivos.

“Estamos viviendo la esencia de México, porque esta fiesta viene desde nuestros ancestros, y nuestros antepasados no tenían ese prejuicio en contra de la muerte, por eso ahora podemos convivir en un panteón, comer, cantarles y estar felices”, afirma Edson Salinas desde el panteón municipal de Xoxocotlan, en Oxaca, al sur del país.

Las tumbas se engalanan y se preparan los platos especiales y bebidas favoritas de los que ya no están, que serán consumidas en su homenaje la mañana del viernes.

“Compramos flores de cempasúchil y veladoras, porque la comida para nuestros muertos ya está lista en casa”, afirma Jorge Romero desde el mercado de San Juan en el centro de Ciudad de México.

“Es un día para celebrar en familia, para unirnos en torno a nuestras tradiciones y recordar de donde venimos, aunque cada vez las fiestas están más comercializadas”, añade.

Todo es amenizado con la presencia de bandas musicales o los tradicionales mariachi, que también entonan las canciones favoritas de los que se fueron.

Similar espíritu festivo se vive también en los cementerios de Lima, donde miles de peruanos acudieron este jueves para celebrar el día de “Todos los Santos” con coloridos ramos de flores en un clima de dolor y nostalgia, pero donde la costumbre manda celebrar con rezos, comidas, bailes y licor.

Los peruanos transformaron así los principales cementerios del país en una gran fiesta con guitarras, arpas, saxofón, violines y en lugares abarrotados de vehículos que se convierten en un gran mercado donde se puede adquirir helados, frutas, cerveza o platos regionales y donde los gritos de los vendedores se mezclan con los lamentos y llantos de familiares, pero también con la música de las bandas y de improvisados cantantes.

Los guatemaltecos por su parte también acudieron a los camposantos de forma masiva, para celebrar Todos Santos cargados con velas amarillas y blancas, flores de papel y plástico y comida.

“Nosotros les llevamos pan y frutas, porque los difuntos siempre están cerca y de repente viene el espíritu a comer”, comentó a la AFP el indígena Ponciano Ramírez, mientras pintaba de verde la precaria tumba de un hijo que murió de diarrea a los dos años en la aldea Chiabal de Todos Santos, un municipio de población predominantemente indígena.

En este lugar, además, se organiza una peculiar carrera de caballos en la que los jinetes deben permanecer durante ocho horas para honrar a los muertos.

La celebración en Todos Santos contrasta con la del vecino municipio de Chiantla, distante unos 40 km, pues los parientes no visten trajes indígenas, aunque sí adornan ostentosamente las tumbas y rinden homenajes a sus seres queridos, a veces a través del canto.

“Primero le fui a cantar a mi mamá que murió hace diez años, ahora estoy aquí como mi amigo el doctor Mariano Díaz, quien perdió a su hijo hace tres años”, explica a la AFP Martín Tello, quien, acompañándose de la guitarra, acaba de cantar Amor Eterno, del mexicano Juan Gabriel.

También la comida juega un papel fundamental, con platos únicamente preparados en estas fechas: los guatemaltecos acostumbran celebrar con el platillo tradicional llamado fiambre, elaborado con verduras, carnes, mariscos, quesos y embutidos y en estos días aumenta el consumo de conservas dulces.

Por su parte, en las cocinas, restaurantes y mercados mexicanos la muerte también se degusta, comiendo el típico pan de la época, que simula una tumba con huesos, y el dulce de calabaza, que representa cráneos cubiertos de una espesa y obscura miel.

Aunque el toque más macabro en este país que se ríe de la muerte consiste en regalar “calaveritas”, poemas que hacen alusión al momento en que ésta vendrá por los vivos, dedicadas a personajes políticos principalmente, mientras que entre amigos se regalan cráneos de azúcar o de chocolate con su nombre.

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