Barbero de Caracas descubre el éxito con sus películas sobre el crimen

12/05/2012 3:05 AM

12/05/2012 8:26 PM

Jackson Gutiérrez recortaba el cabello a uno de sus clientes habituales cuando este le contó el último chisme del barrio: un grupo de hombres en motocicletas habían perseguido a un ladrón y lo habían tirado a un precipicio.

“No te creo”, dijo Gutiérrez sin levantar la vista de sus tijeras. “Deberíamos poner eso en la próxima película”.

El primer amor de Gutiérrez es cortar el cabello. Su segundo amor es hacer películas. Y el duro barrio caraqueño de Petare le ha dado la oportunidad de hacer ambas cosas.

Gutiérrez, de 30 años, corta el cabello a los traficantes de armas, rateros y buscavidas de la calle locales. Decir que la gente cuenta todo a sus barberos podrá ser un cliché, pero es cierto.

Y Gutiérrez ha metido muchas de sus historias en los 17 filmes que ha hecho sobre la delincuencia, las pandillas y los asesinatos. Sus películas se hacen de un modo rápido y barato, y se distribuyen a través de una red de vendedores callejeros que piratean las películas junto a las últimas superproducciones de Hollywood.

Su primer éxito, Azotes de Barrio en Petare, se hizo en 2006 por $230. Fue vista más de un millón de veces en YouTube antes de que la quitaran, y se cree que ha vendido en la calle cientos de miles de copias.

“Sus películas son una especie de fenómeno entre los vendedores callejeros”, dijo Carlos Caridad, cineasta venezolano que tiene un blog sobre la industria. “Si él hiciera dinero de esas ventas, sería un hombre rico”.

Sus películas no lo han hecho rico, pero le han abierto puertas. Gutiérrez recibió un trabajo de productor en una estación local de televisión, y él y el director Carlos Malavé hicieron una nueva versión de Azotes de Barrio que saldrá a la pantalla grande a principios del año próximo. Otro filme suyo, Caracas: Las Dos Caras de la Vida, ganó un premio especial del jurado en el Festival de Cine Venezolano de este año, así como un premio para Gutiérrez como mejor actor de reparto.

Gutiérrez ha recibido el reconocimiento sin inmutarse. Casi todos los días se le puede ver en Tazmania, su diminuta barbería de una sola silla escondida entre tiendas de chatarra en Petare.

Una noche reciente de entresemana estaba cortando el pelo a “El Gocho”, un ex traficante de armas que se interpretó a sí mismo en la tercera película de Gutiérrez, Azotes de Barrio III. Gutiérrez actúa en la mayoría de sus propios filmes, y a menudo pone a sus amigos como extras. Una de las razones que El Gocho recibió el papel fue porque se necesitaban sus armas para la película, dijo Gutiérrez.

“La gente me ha contado tantísimas cosas sentados aquí”, dijo Gutiérrez, dando unas palmaditas a su silla de barbero. Su primera película estaba basada en uno de sus clientes, “Junior,” quien lo entretuvo con historias sobre una pandilla de muchachos, algunos de apenas 12 años, que usaban drogas y le robaban a la gente del barrio.

Últimamente, Gutiérrez ha estado recogiendo historias de vengadores que se toman la justicia por su mano.

“Ahorita mismo lo que parece popular es ‘linchar’ ladrones. El mes pasado quemaron vivo a un chamo”, dijo Gutiérrez. “Eso es lo más loco que está pasando ahorita mismo”.

El uso de actores no profesionales y la sensibilidad de cero presupuesto de Gutiérrez se han propagado como una ola de crimen por todo Caracas, y ahora todos los barrios pobres parecen contar con un puñado de cineastas que lo están emulando, dijo Ociel López, profesor de comunicaciones de la Universidad Central de Venezuela y fundador de Ávila TV, donde Gutiérrez trabaja a veces.

“No es exagerado decir que el trabajo de Jackson ha revolucionado la manera en que se hacen películas en Venezuela”, dijo López. “El filmaba en la calle y contaba historias reales que encontraron un seguimiento en el mercado masivo sin distribución fílmica ni de televisión de ningún tipo”.

Caracas es una especie de meca para las historias de crímenes verdaderos. La ciudad tiene uno de los índices de asesinato más altos de cualquier metrópolis del mundo, según la Oficina de Drogas y Crimen de las Naciones Unidas. Y los secuestros son el pan de cada día. Los caraqueños dicen que si se exprime el periódico lo suficiente gotea sangre.

Aunque los filmes de Gutiérrez parecen animado entretenimiento impulsado por la violencia, él afirma que tiene la esperanza de que su trabajo abra los ojos de la gente a la delincuencia de los barrios pobres y sirva de advertencia a la comunidad.

“Mucha gente le echa la culpa al gobierno [de la violencia], pero no es culpa del gobierno”, dijo. “Es culpa de nuestros padres, que han dejado de revisar los cuadernos escolares de sus hijos o preguntarles con quiénes andan o por qué llegan tarde a casa”.

La pasión por contar historias de Gutiérrez llega en un momento en que Venezuela está viviendo un boom en su cine nacional. A diferencia de otras naciones latinoamericanas, donde las superproducciones de Hollywood a menudo acaparan el mercado, a los cines en Venezuela se les exige reservar algunas de sus pantallas para las producciones nacionales, lo cual reduce los riesgos para los productores. Hace una década, las producciones venezolanas atraían a unos 5,000 espectadores al año, dijo a la prensa estatal José Antonio Varela, presidente de la Fundación Villa del Cine, la agencia financiada por el estado. Ahora, el país está produciendo alrededor de 20 largometrajes al año, que atraen a unos 1.6 millones de espectadores nacionales.

Gutiérrez ya no necesita cortar cabello. Él hace suficiente dinero con su trabajo como productor y actor para sostener a su familia. Pero afirma que nunca renunciará a la barbería. Cuando le preguntan qué haría si tuviera que escoger entre ser barbero o director, Gutiérrez no lo duda un momento.

“Yo me quedaría siendo barbero; es una profesión a largo plazo”, dijo. “Uno sólo es director siempre y cuando tenga una historia que contar”.

Súmese a la Discusión

El Nuevo Herald tiene el gusto de ofrecerle la oportunidad de compartir información, experiencias y observaciones sobre las noticias que cubrimos. Los comentarios que haga pueden ser publicados tanto en nuestro sitio en línea como en el periódico. Lo invitamos a que participe en un debate abierto sobre los asuntos del día y le pedimos que evite el uso de palabras obscenas, frases de odio, comentarios personales y señalamientos que puedan resultar ofensivos. Gracias por ofrecernos sus opiniones.

Términos del Servicio