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ALBERTO MILIAN: Retrato de un terrorista

En mi opinión, Luis Posada Carriles es un terrorista. Otros dicen que es un ``patriota''. ¿Qué es un terrorista? Uno que utiliza la violencia dirigida contra los que no son combatientes con el objetivo de intimidar y manipular a una población para fines políticos. A través de los años, Posada Carriles ha declarado con orgullo su involucramiento en actos de terror utilizando bombas que han mutilado y asesinado a civiles. Tan peligroso como sus bombas es nuestro silencio ante su terror.

Mientras tanto, se ha escondido y justificado detrás de un escudo ideológico defendiéndose como ``patriota'' en una lucha contra el dictador Fidel Castro. Irónica excusa porque Posada comenzó su carrera de violencia política imitando las tácticas del déspota cubano. Pero siempre ha existido un vínculo moral entre terroristas de la derecha y la izquierda. El terror no tiene ideología, solamente víctimas.

A través de una carrera sangrienta, Posada fue implicado en el ataque terrorista que resulto en el derribo de un avión comercial de pasajeros en 1976. Setenta y tres vidas fueron extinguidas. Una corte militar venezolana lo encontró no culpable, pero se escapó y se convirtió en prófugo de la justicia antes de ser juzgado por un tribunal civil. Un experto del Buró Federal de Investigaciones (FBI), Carter Cornick, ha declarado que Posada estuvo involucrado ``hasta los ojos'' en la planificación del ataque terrorista. Con vanidad amoral Posada ha admitido planificar ataques terroristas contra turistas que resultaron en la muerte de un visitante en 1997. En tres décadas ha sido sirviente asalariado de varios gobiernos, cambiando de amo como si fueran cambios de ropa.

Ahora se ha dado a conocer a través de documentos desclasificados que, en 1965, Posada Carriles se vendió por una subvención mensual de $300 a la Agencia Central de Inteligencia (CIA). No era un oficial de carrera, ni siquiera un ciudadano americano. Simplemente era un chivato y criado de la CIA dispuesto a cumplir cualquier tarea que sus patrones le exigían a pesar de que esos intereses no beneficiaban a una Cuba libre y democrática.

Recordaremos que en 1965 Fidel Castro, después de venderse a la Unión Soviética, había consolidado el poder. EEUU y su presidente John F. Kennedy habían traicionado a los cubanos en Bahía de Cochinos y secretamente, con el pacto Kennedy-Jrushov, garantizaban la permanencia del régimen castrista. Cuba y su pueblo fueron entregados y condenados a una dictadura comunista por las dos superpotencias. Los cubanos que reclamaban la democracia se quedaron huérfanos.

Acostumbrado a un radicalismo profesional, Posada Carriles decidió venderse a un amo multimillonario, la CIA. En documentos oficiales de esa agencia, Posada escribe una carta vergonzosa en la cual les implora a sus patrones que está a la completa disposición de ellos para impedir cualquier acción contra el régimen de Fidel Castro. Además, se brinda como espía contra sus compañeros en la lucha anticastrista. En tono de siervo sumiso explica en la misma carta que su único interés es su ``record'' con la CIA. Sus aparentes objetivos fueron avanzar los intereses foráneos y recibir reconocimiento y compensación. Asegura a sus amos que él impediría cualquier acción de sus compañeros que fuera adversa a los intereses norteamericanos. En otra época, Judas no pudiera escribir mejor petición.

Como hizo Castro con la Unión Soviética, Posada se vendió a los intereses extranjeros y se prostituyó políticamente. Y eso no nos debe sorprender. Posada Carriles pertenece a una clase de políticos que produjo a Fidel Castro Ruz. Castro llegó a ser la máxima expresión del gansterismo político. Si Cuba tiene suerte y puede ser libre, esa clase está desapareciendo.

Los gánsters políticos cubanos estuvieron en la vanguardia de los que destruyeron la república cubana con violencia y corrupción. Eran matones a sueldo que sufrían analfabetismo moral e intelectual. Una tribu de guapetones que lucraron en la política utilizando la violencia para adquirir poder, dinero y ``botellas''. El retrato es bien conocido: no trabajaban, se pasaban la vida agitando a favor o en contra de alguna causa, siempre recaudando dinero para subvencionar su vagancia, y siempre estaban dispuestos a venderse al mejor comprador. Como lo perfeccionó Fidel Castro, usaron el terror para beneficio personal.

En resumidas cuentas, esos hombres sin ética y sin compromiso con la libertad, de derecha o izquierda, entregaron a Cuba y a su pueblo a la esclavitud. Y aquí está la lección: para ser libre no se puede ser terrorista ni mudo ante sus víctimas.

Abogado criminalista y ex

oficial del ejército de EEUU.

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