El verdadero problema de la agricultura en Cuba
By DIOSMEL RODRIGUEZ
Especia/El Nuevo Herald
Un simple análisis de la realidad agrícola cubana de las últimas cinco décadas confirma que la gestión estatal ha sido un fracaso total, con el gran impacto social consiguiente, al ser la agricultura la columna vertebral de la economía nacional.
El Estado cubano mantiene una política de regulación constante de la actividad agropecuaria, desde su organización, cultivo y mercado. Si bien los expertos destacan algunas causas posibles que conspiran contra el desarrollo de una agricultura sostenible y a la vez rentable, hay factores --como el mercado-- que hacen del caso cubano uno sui generis, muy diferente al de otros en América Latina, donde la actividad del sector está fundamentalmente en manos de pequeños agricultores.
Mi experiencia en un proyecto de desarrollo agrícola en una comunidad rural en Masaya, Nicaragua, sirve para entender la problemática de los pequeños productores agrícolas de América Latina: a la hora de la comercialización, se imponen las reglas del mercado. Los pequeños productores nada pueden hacer contra eso, ya que su comunidad no tiene poder de compra y los mercados están saturados o en balance con la oferta y la demanda.
De otro lado, estos pequeños agricultores no llevan el control de los costos, sólo toman en cuenta los ingresos, sin cuantificar el valor de la fuerza de trabajo. Esto es así porque, en la gran mayoría de los casos, se trata de una mano de obra familiar y eso hace que se la menosprecie --incluso que se la ignore-- y no se la cuantifique. Esto lleva a serios errores, como, por ejemplo, a que mientras el ingreso sea superior a los insumos invertidos se le considere a la diferencia, falsamente, como ganancia. La agricultura familiar se basa en ese criterio y ahí está su talón de Aquiles.
En Cuba, una demanda enormemente insatisfecha permite una sobrevaloración de los productos agropecuarios, lo que hace que la agricultura sea vista como una actividad sumamente rentable, sin tener en cuenta las verdaderas limitaciones que tiene la actividad agrícola y cayendo en el falso concepto de que Tierra + Trabajo + Capital asegura el éxito de una verdadera economía agrícola.
Las limitaciones políticas que la isla lleva viviendo durante 50 años no deben conducir a implementar las mismas políticas agrarias --radicalmente fallidas, pero que en una primera etapa pueden parecer tentadoras o aperturistas-- que ha venido desarrollando el campesinado latinoamericano hasta la fecha. Si bien la crisis de la agricultura en Cuba se debe en gran medida a un control estatal que no permite que las fuerzas productivas se desarrollen, no es el único factor y una simple liberación de ese control estaría muy lejos de garantizar un desarrollo saludable y exitoso.
En las condiciones actuales, se requiere que los organismos de cooperación internacional actúen en coordinación con una verdadera sociedad civil, con las instituciones científicas y académicas del país y con el campesinado, organizado bajo sus propias normas y condiciones. Decir otra cosa sería engañar al pueblo y facilitar que la nomenklatura --los viejos dirigentes comunistas que controlan todos los cargos clave y tienen el know how-- se apodere del país bajo el pretexto del libre mercado.
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