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Séptimo Día  

Europa contempla la batalla de los demócratas

Le Monde

Victoriosa en las primarias de Pennsylvania celebradas el martes, Hillary Clinton seguirá haciendo campaña para la candidatura demócrata a la Casa Blanca. Barack Obama, por su parte, pone el máximo cuidado en no dar la impresión de que le niega a la senadora de Nueva York el derecho a disputarle los votos de los electores que todavía no se hayan expresado, en nueve estados y territorios.

Ninguna autoridad podrá zanjar esta competencia antes de la convención que se reunirá a fines de agosto en Denver, en la cual la decisión dependerá de los ''superdelegados'', a falta de la mayoría absoluta al término de las elecciones.

De este modo se han reunido las condiciones para que estalle una batalla entre dos campos cada vez más irritados el uno contra el otro. Obama va a la cabeza por el número de estados donde ha ganado las primarias, en el recuento de votos y en el de los delegados designados en esos escrutinios. Clinton señala que ella ha ganado en los estados más poblados y en aquellos cuya elección entre demócratas y republicanos será decisiva el 4 de noviembre. También señala el caso de Florida y de Michigan, estados que fueron privados de delegados a la convención por indisciplina.

Desafiada por el senador de Illinois cuando parecía más segura de ser designada candidata del Partido Demócrata a la Casa Blanca hace un año, Clinton y su esposo Bill decidieron atacar a Obama poniendo en duda su ``elegibilidad''.

''¿Por qué no puede dar por cerrada la competencia con su extraordinaria ventaja financiera?'', se preguntó Hillary el martes.

La respuesta es clara: porque él no le gusta a una fracción del electorado blanco, cercana a los demócratas en cuestiones económicas y sociales, pero poco dispuesta a poner en la presidencia de Estados Unidos a un mestizo de origen estadounidense

y keniano llamado Barack Hussein Obama.

El candidato republicano, John McCain, se prepara para enfrentarse a Obama, probable vencedor del proceso demócrata, dirigiéndose a los electores más receptivos a los argumentos de Clinton. El saldo de la presidencia de George W. Bush es tal que nadie en el mundo podría alegrarse con la idea de que la incapacidad de los demócratas para ponerse de acuerdo le abra el camino del poder al Partido Republicano. Estados Unidos y el mundo entero tienen necesidad de que haya alternancia en Washington.