Rebeca Sosa al frente de la Comisión de Miami-Dade

01/02/2013 12:00 AM

10/08/2013 10:38 AM

El nombre de Rebeca Sosa ha sido excluido con tanta frecuencia de los cargos políticos altos, que cuando surgió como candidata para encabezar la Comisión de Miami-Dade, las personas enteradas dentro del Ayuntamiento se preguntaron si esta vez ella estaría interesada.

Lo estaba.

Sosa, cuyo atractivo y encanto de abuela la han hecho popular entre políticos y votantes en su distrito central de Miami-Dade, tomó el martes las riendas de su distrito central de Miami-Dade, en la culminación de una carrera política que comenzó en la pequeña villa de West Miami y se ha extendido por más de dos décadas. Es la primera presidenta hispana de la comisión.

Sosa, de 57 años, quiere usar su nuevo y poderoso puesto para hacer que la comisión resulte más viable, después de varios años de interminable politiquería motivada por la frustración publica con un gobierno del condado percibido como falto de contacto con la gente. El ampliamente difundido sentimiento resultó en las revocaciones de un alcalde y un comisionado, y, subsecuentemente, en elecciones que llevaron a cinco nuevos comisionados a una junta considerada largamente como impenetrable.

“Es hora de que unamos nuestras fuerzas contra una gran cantidad de percepciones que han sido visualizadas incorrectamente en la comunidad”, dijo ella a sus colegas cuando fue nominada como presidenta. “Mi visión de esta junta es que la administración y la junta puedan trabajar unidas, incluso cuando no estén de acuerdo”

Pero, como una señal de las crecientes dificultades de pasar de un puesto con poder en todo el condado a uno que implica un solo distrito, Sosa ya ha tenido algunos encuentros personales con los comisionados, durante los cuales ha propuesto recomponer los pocos departamentos bajo el control de la junta.

Eso no preocupa a sus defensores, muchos de ellos parte de la muy unida familia política que ha rodeado a Sosa durante años.

“Va a tener una gan presión sobre ella”, dijo la administradora de la ciudad de West Miami, Yolanda Aguilar, ex jefa de personal de Sosa. “Todo el mundo va a querer algo de ella, porque esa es la forma en que esto funciona. Ella ... nunca pierde el coraje”.

Una sobreviviente

Las raíces de la carrera política de Sosa están en Camagüey, Cuba, donde nació en 1955. Su bisabuelo era amigo de políticos, y su difunto padre fue concejal, dijo la madre de Sosa, de 85 años de edad, Isabel “Bellita” Arias de Díaz.

“Ella es muy parecida a su padre, con un carácter muy alegre”, dijo.

Cuando Sosa tenía 9 años, su familia huyó de Cuba a bordo de un Vuelo de la Libertad. Se establecieron en Puerto Rico, donde se casó con Armando Sosa y tuvo un hijo, Armando Jr. Los tres se mudaron a Miami en 1979.

Sosa, que comenzó sus estudios en la Universidad de Puerto Rico, completó su licenciatura en educación en Biscayne College, ahora St. Thomas University. Durante años enseñó en escuelas primarias, y todavía trabaja para el distrito escolar de Miami-Dade, formando a maestros, desarrollando planes de estudio y buscando puestos de trabajo apropiados para los estudiantes en el Centro de Educación Técnica Lindsey Hopkins. Reportó un salario de casi $79,000 en el 2011; ganó casi $50,000 en su puesto de la comisión el mismo año.

Tres meses después de dar a luz a una hija, Verónica, Sosa, entonces de 28 años de edad, fue diagnosticada con cáncer de mama y se le dieron sólo unos meses de vida. Escribió cartas a sus hijos, para que les fueran entregadas en los momentos importantes de sus vida. Una era para el día de la boda de su hija.

Pero Sosa sobrevivió, sometida a cirugías durante cinco años. Todavía tiene las cartas.

“Cuando me muera, las recibirán”, dijo, refiriéndose a sus hijos. Su hija, una enfermera, se casó apenas hace algunas semanas; su hijo, un maestro, está casado y tiene un hijo de 11 años de edad, Alexander, con quien Sosa juega Nintendo DS. Su esposo, un ex urbanizador de la construcción y vendedor de seguros, está retirado.

La pareja vive en West Miami, la pequeña ciudad de cerca de 6,000 habitantes que eligió a Sosa, que es republicana, como comisionada en 1990 y alcaldesa en 1994. En un momento dado, ella compartió el estrado con un comisionado joven llamado Marco Rubio. Los dos siguen teniendo buenas relaciones.

Como alcaldesa, Sosa se hizo cargo de una ciudad al borde de la bancarrota y la ha ayudado a recuperar su salud financiera. Luchó por obtener dinero del estado para construir un sistema de drenaje de aguas pluviales que alivió las inundaciones de West Miami. A Sosa le gusta recordar cómo hizo que el entonces gobernador Jeb Bush recorriera su anegada ciudad y se metiera dentro del agua para darse cuenta de su nivel.

“Ella lo puso en un Jeep, y le dijo: ‘Quítese los calcetines’”, recordó Aguilar, la administradora de la ciudad. “Él, literalmente, se quitó los calcetines, y se subió los pantalones”.

Sosa saltó a la comisión del condado en el 2001, en una elección especial tras la marcha de Pedro Reboredo, quien renunció después de un escándalo de corrupción. Una clara favorita, Sosa aspiró como, con el apoyo del entonces alcalde Alex Penelas, de urbanizadores y otros donantes con conexiones políticas. Desde entonces, sólo ha enfrentado una oposición de menor importancia, en todo caso, para representar al Distrito 6, que incluye West Miami y porciones de Hialeah, Miami Springs, Coral Gables y Miami.

Entre los aspectos más destacados de su carrera en la comisión ha estado el dirigir a un grupo que renovó la forma en que el condado gestionaba las ofertas para nuevos contratos, un esfuerzo que le ganó Miami-Dade un prestigioso premio nacional. Pero se opuso a limitar o eliminar el poder de la comisión para adjudicar contratos, según lo propuesto por el entonces alcalde Carlos Alvarez, con el argumento de que hacerlo sería ocultar las decisiones de contratación al público.

Un grupo de trabajo con el que estuvo involucrada recomendó maneras para reducir el abuso contra los ancianos. Estuvo en un comité que estudió la forma de modernizar las cárceles del condado para proporcionar más rehabilitación y capacitación laboral. Y Sosa, una ávida viajera con vínculos familiares en España, ha presionado para atraer a más compañías de cruceros al Puerto de Miami, y para establecer vuelos sin escalas a Tenerife, en las Islas Canarias, desde el Aeropuerto Internacional de Miami.

Uno de sus votos más sujetos al escrutinio fue el de aprobar un acuerdo muy criticado para construir un nuevo estadio de béisbol para los Marlins de Miami.

“Consideré que la forma en que el acuerdo fue estructurado estadio, donde no utilizó un centavo del dinero de impuestos a la propiedad de los residentes pero los impuestos deportivos e impuestos hoteleros cama, era otra manera de traer el turismo y los residentes se sientan orgullosos de algo”, dijo Sosa. Pero admitió que el acuerdo podría haber sido menos desequilibrado a favor de los Marlins si el condado había sido capaz de revisar los libros contables de la equipo de béisbol de. “Si hubiera tenido los estados financieros en la mano, tal vez habría pensado en un contrato más beneficioso”, dijo Sosa.

“Consideré que la forma en que el acuerdo sobre el estadio fue estructurado, donde no se utilizó un solo centavo del dinero de los impuestos a la propiedad de los residentes, sino impuestos deportivos e impuestos hoteleros, era otra manera de atraer el turismo y de hacer que los residentes se sientan orgullosos de algo”, dijo Sosa.

Pero admitió que el acuerdo podría haber sido menos desequilibrado a favor de los Marlins si el condado hubiera podido revisar los libros de contabilidad del equipo de béisbol. “Si hubiera tenido los estados financieros en la mano, tal vez habría pensado en un contrato más beneficioso”, dijo Sosa.

A pesar de su voto a favor del estadio, Sosa no ha atraído la ira del adinerado crítico de la comisión, Norman Braman, el magnate de autos Miami, tal vez porque ella no apoyó un posterior e impopular aumento de las tarifas en el impuesto a la propiedad, en medio de una recesión. También ha patrocinado legislaciones reformistas, como la imposición de límites a los mandatos de los comisionados, que los votantes aprobaron en noviembre.

“Ella no es controversial”, dijo Roly Marante, también ex jefe de personal de Sosa. “Ha sido visto como la comisionada más amistosa. Cuando tiene un desacuerdo con el alcalde, lo pueden hacer de una manera muy elegante.”

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