Moscú y La Habana ¿Juntos otra vez?

07/20/2014 7:50 AM

07/20/2014 12:51 PM

Como amantes que se pelean y luego se reconcilian tiernamente, Cuba y Rusia están volviendo una a los brazos de la otra, evocando recuerdos de sus más de 30 años como los aliados más cálidos de la Guerra Fría.

El renovado romance se mostró en todo su esplendor cuando el presidente ruso Vladimir Putin se reunió tanto con Fidel como con Raúl Castro y firmó una docena de acuerdos durante una visita a La Habana que inauguró su gira de seis días por América Latina.

“Eso no sorprende a nadie. Cuba y Rusia fueron aliados por muchos años y todavía son los aliados más naturales, mucho más que China”, dijo Alcibíades Hidalgo, periodista de Miami que sirvió de jefe de despacho a Raúl Castro, el gobernante actual de Cuba.

La perestroika del líder soviético Mijail Gorbachov marcó el punto de ruptura de esa alianza de la Guerra Fría, cuando se derrumbó el imperio comunista y Moscú eliminó sus subvenciones a La Habana estimadas entre $4,000 y $6,000 millones al año. Cuba se hundió en una recesión atroz, y Fidel Castro denunció enfurecido a Gorbachov como traidor al socialismo.

Putin, entonces en su primer término como presidente de Rusia, empeoró las cosas en el 2000 cuando visitó La Habana para presionar a Cuba a que pagara su deuda de $32,000 millones de la era soviética, y anunciar que cerraría la base de espionaje electrónico de Lourdes en las cercanías de La Habana. Fidel Castro se negó a pagar y Lourdes fue clausurada poco a poco entre el 2001 y el 2002.

Las relaciones bilaterales empezaron a entibiarse de nuevo luego de que Raúl Castro –a quien Hidalgo describe como un gran admirador de todo lo ruso– sucediera a su hermano en el 2006 y visitara la nación euroasiática en el 2009 y otra vez en el 2012.

Pero el romance floreció durante la visita de este mes de Putin a la única nación comunista del Hemisferio Occidental donde firmó una docena de acuerdos que vinieron muy bien a los nuevos intereses de Cuba en crédito, viajes e inversiones.

Rusia condonó toda la deuda excepto $3,200 millones, y anunció un crédito de $1,600 millones por la construcción de cuatro nuevas plantas eléctricas. Las compañías petroleras Rosneft y Zarubezhneft prometieron reanudar la exploración en busca de crudo en las aguas profundas de la costa noroccidental de Cuba. Hubo incluso reportes –y desmentidas– de que Rusia había acordado reabrir la base de Lourdes y reanudar la escucha de las comunicaciones estadounidenses.

“Nosotros brindaremos apoyo a nuestros amigos cubanos para superar el bloqueo ilegal (del embargo de EEUU)”, declaró Putin en La Habana. Raúl Castro respondió que la condonación de la deuda mostraba “una gran generosidad palpable del pueblo ruso hacia Cuba”, y agregó que la revolución de los Castro no hubiera sobrevivido sin la ayuda soviética.

Más allá de los factores económicos y políticos, sin embargo, existen afinidades culturales e históricas que ambas naciones alimentaron entre 1960, cuando establecieron relaciones diplomáticas, y 1991, cuando se derrumbó la Unión Soviética.

Muchos, si no la mayoría de los principales generales y funcionarios del gobierno de Cuba estudiaron en el bloque soviético. Las fuerzas armadas y el Partido Comunista de la isla copiaron el modelo soviético, y las destilerías cubanas fabrican vodka a partir de la caña de azúcar.

Algunos cubanos llevan nombres rusos como Yelena o Dmitri, algunos se casaron con rusos, y muchos recuerdan algunas de las palabras y canciones rusas que aprendieron en la escuela y los dibujos animados soviéticos (“los muñequitos rusos”) que vieron en la televisión cuando eran niños.

El restaurante Tavarich de La Habana, abierto por dos hermanos rusos en el 2013, atiende a los rusos que viven en Cuba –794, según el censo del 2012– y “a los cubanos que sienten nostalgia por la era soviética”, dijo su gerente a un periodista de visita el pasado año.

Fidel Castro permaneció leal a Moscú aun cuando prácticamente todos los demás líderes nacionales condenaron la invasión soviética de 1968 a Checoslovaquia. Y, justo la semana pasada, dio su respaldo a la alegación de Moscú de que el gobierno ucraniano había derribado el vuelo 17 de Malaysia Airlines.

En contraste, La Habana nunca estuvo muy cerca de Beijing, señaló Hidalgo, aun cuando su combinación de una economía relativamente libre y rígidos controles económicos ha sido citada repetidas veces como modelo a seguir para la nación insular.

Cuba se puso de parte de Moscú en la disputa chino-soviética que dividió al mundo comunista en el período de 1960-1989. Los créditos comerciales del gobierno de China a Cuba han sido moderados, e inversionistas privados se han retirado varios importantes proyectos de inversión en años recientes.

“Los chinos nunca abrieron los grifos (de las subvenciones) como la Unión Soviética”, dijo Hidalgo.

En el lado de Moscú, también existe un componente cultural, pues muchos rusos recuerdan con añoranza los días en que Fidel Castro era un aliado juvenil y entusiasta en los trópicos, así como una prueba de que su propia revolución de 1917 seguía siendo atractiva para otros.

Pero el comercio entre las dos naciones es moderado en el mejor de los casos, alcanzando apenas unos $272 millones en el 2012 y haciendo de Rusia el décimo socio comercial en importancia de Cuba, que está varada en el estancamiento económico, y no puede permitirse aumentar sus importaciones sin créditos.

Militarmente, el ministro de Defensa Serguei Shoigu ha dicho repetidas veces que planea bases de reabastecimiento de combustible en Cuba, Nicaragua y Venezuela. Pero expertos creen que, aunque los buques de guerra y los bombarderos de largo alcance rusos pueden ocasionalmente “representar a su país” en la región, Moscú es demasiado débil militarmente para proyectar un poder verdadero.

Políticamente, no obstante, la alianza cada vez más cálida Cuba-Rusia parece ser una señal de desafío de Putin frente a la oposición de la administración de Obama, la Unión Europea y la Organización del Atlántico Norte (OTAN) a su toma de Crimea y su apoyo a los combatientes prorrusos en el oriente de Ucrania.

Andy Gómez, especialista retirado sobre Cuba de la Universidad de Miami y ahora asesor político principal del bufete Poblete Tamargo en Washington, dijo que, en la práctica, Putin está mofándose abiertamente de Washington con su acercamiento a Cuba.

“Putin considera que la política exterior de EEUU está ahora probablemente en su punto más débil en los últimos 10 o 15 años”, dijo Gómez. “El se ha dado cuenta de que puede salirse con la suya con cualquier cosa, que él puede decir a los estadounidenses: “Estamos de vuelta en la región, ¿y qué van a hacer ustedes?”

Carl Meacham, jefe del programa de las Américas del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (Center for Strategic and International Studies), dijo que la visita de Putin a Cuba señala, de un modo más general, “que si Estados Unidos y la OTAN se entrometen en Ucrania, Rusia puede entrometerse en Cuba”.

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