#MeToo:

Para sanar, estas mujeres están transformando el dolor en arte

08 de marzo del 2018

Cuando una mujer ha sido acosada, violada y abusada, ¿cómo lidia con el trauma, cómo sana, dónde se siente segura?

A veces se refugia en el arte.

Al calor de la campaña #MeToo, 16 mujeres de Miami, de minorías, inmigrantes, abrieron sus corazones en una reunión íntima y compartieron sus testimonios de acoso y abuso sexual. Ellas limpian casas y hoteles, cuidan niños, ancianos y enfermos o sirven en restaurantes. Algunas son también activistas comunitarias.

El Nuevo Herald documentó el encuentro, donde las sobrevivientes compartieron testimonios tan desgarradores y conmovedores que convertimos algunas de sus citas en poemas e invitamos a mujeres artistas de varios continentes a ilustrarlos.

Entre las artistas está Yuleidy González Nieto, quien participó en la reunión organizada por el Centro de Trabajadores de Miami. Ella es una sobreviviente que fue abusada sexualmente cuando era una niña en su natal Colombia.

Para Yuleidy, el arte es su manera de sanar, su forma de lidiar con el trauma y de ayudar a los demás a expresarse. “El arte es una manera positiva de liberar energía negativa”, dijo. “El arte sana”.

En conmemoración del Mes de la Mujer, por ellas, por su coraje, compartimos estas imágenes:

Los hombres no tienen reparo

En ocupar espacios

Aunque esos espacios

No estén disponibles

Estas fueron las palabras de Jasmen Rogers, moderadora del encuentro de mujeres, realizado en diciembre. La ilustración es de Xaivier Ringer, una muralista de Boston que vive en Santo Domingo, República Dominicana, donde trabaja con comunidades marginadas para empoderar a través del arte.

“La declaración [de Rogers] es pura y poderosa y habla sobre el dilema que enfrentamos las mujeres en una sociedad que permite que ocurran incidentes en los que los hombres amenazan la soberanía de las mujeres”, dijo Ringer. “Tenemos que enseñar a los hombres a moverse libremente entre nosotros, sin llegar a donde no tienen permiso de llegar”.

Nosotras ocupamos espacios

Estando en comunidad

Juntas

Y declarando que

No toleraremos abusos

Nunca más

Las palabras de Rogers también inspiraron esta ilustración de Jazmin Freire, una artista ecuatoriana americana que creció en Chicago y estudia arte en París.

“Todas nosotras somos parte del movimiento #MeToo. Somos una hermandad y ninguna debe desestimar un movimiento porque piensa que no le afecta personalmente”, dijo Freire. “Es importante que la gente se sienta escuchada. Una vez que logremos sacar todo lo negativo podremos ver la luz en los espacios que usamos para escondernos. Es importante que las víctimas, sobrevivientes, hombres, mujeres, todos se sientan importantes, porque lo son. Debemos usar nuestras diferencias para unirnos, porque todos sufrimos de alguna manera”.

Aquí estamos, ocupando espacios

Aquí estamos, luchando para recuperar nuestra dignidad

Y diciendo que merecemos nuestra dignidad

Que merecemos estar en control de nuestros cuerpos

Ringer, quien ilustró otra declaración de Rogers, dijo que constantemente se ve obligada a negociar y luchar para ocupar el espacio que le pertenece, especialmente liderando proyectos.

“Es un reto, sobre todo en ambientes en los que los hombres no lo piensan dos veces para hacer lo que quieren. Muchas veces yo tengo que reclamar y demandar mis derechos”, declaró.

Hay que entender que hemos sido

Abusadas sexualmente, acosadas sexualmente

En momentos en que nuestro cuerpo no es nuestro

Nuestras mentes no son nuestras

Nuestros hogares no son nuestros

Janae Lynch, una artista de Tampa que estudia antropología en París, ilustró las palabras de Marcia Olivo, directora del Centro de Trabajadores de Miami. Olivo explicó en diciembre que decidió hablar sobre #MeToo en el encuentro, llamado ‘círculo de mujeres’ y que se lleva a cabo mensualmente, porque es primordial proveer espacios de expresión y sanación.

Al leer las palabras de las sobrevivientes, Lynch dijo: “Sentí rabia, tristeza. Sentí que las mujeres no deben experimentar estas cosas de manera constante. Pero las experimentamos”.

“Afecta como somos, nuestra personalidad, la manera en que vestimos, la manera en que caminamos, dónde caminamos y como interactuamos con los demás”, declaró Lynch. “No es normal, y no debería ser normal”.

Es como una flor 

Que da otra flor

Y esa flor da otra flor

Yo soy fruto de una violación

Y yo también fui violada

Un ojo llorando pétalos es la interpretación de Lynch del conmovedor testimonio de Milagros Jiménez, quien fue abusada sexualmente desde los 4 años de edad.

Durante el círculo de mujeres, las palabras de Jiménez provocaron que el salón se quedara en silencio.

“Mi mamá era una trabajadora doméstica [en Santo Domingo]. Mi papá era el patrón. Él abusó de mi mamá y yo nací de eso”, dijo Jiménez, de 51 años, al grupo de sobrevivientes. “Pienso cómo habrá sufrido mi madre durante ese tiempo. Estos tiempos, estas historias me remueven todo por dentro”.

Entendí que

Nunca dejaré de ser

Sobreviviente

De una violación



Entonces decidí

Lidiar con mi porquería

Llevarla a rastras

Y convertir en algo bueno

Mi desgracia

Yuleidy González Nieto ilustró sus propias palabras.

Durante el círculo de mujeres, habló por primera vez públicamente sobre su experiencia de abuso sexual. Poco después formó el colectivo MotherShip junto a las artistas de Miami Toni-Symone y Sabii, para promover la sanación a través del arte. Mediante el colectivo organizan ferias de salud y planean proveer espacios para la terapia del arte y la expresión.

“Algunos de los mejores trabajos de arte son de personas que han estado en un lugar muy oscuro en sus vidas, como los que se cortan la oreja”, dijo González Nieto, coordinadora de justicia de género de la organización The New Florida Majority, en referencia a artistas famosos como Vincent van Gogh.

“Ya dijimos #MeToo, y ahora, ¿qué?”, preguntó. “Necesitamos fomentar la comunidad, espacios para sanar, para apoyarnos entre nosotras. Nunca seré libre ni estaré completamente sana hasta que mis hermanas sean libres y sanas”.

 

Carmen Ferreras no eligió un poema específico, sino que creó una ilustración inspirada por el espíritu de supervivencia que encontró en las palabras del grupo de mujeres de Miami.

Hace poco más de un año, Ferreras, quien ahora estudia en Madrid, fue asaltada en una calle de Santo Domingo, la capital dominicana, su país natal.

“El chico me sujetó para arrebatarme el móvil. Esa sensación de sentirte acorralada, abusada emocionalmente, te vuelve desconfiada”, contó. “¿Deberíamos andar por las calles preocupadas de que, por el hecho de ser mujer, te vean frágil?”

“A diario me digo: yo no tengo porque vivir así, ni sentirme así. Estoy en mi derecho de ser respetada, no importa como me vista, no importa cuán pequeña pueda lucir. Y al final pienso que no me voy a doblegar ante el abuso al que nos vemos sometidas socialmente”.

Nosotras ocupamos espacios

Estando en comunidad

Juntas

Y declarando que

No toleraremos abusos

Nunca más

Mardi Hartzog dijo que decidió ilustrar el poema creado con las palabras de la activista comunitaria Jasmin Rogers, para honrar a la comunidad de mujeres que la apoya día a día.

“Tristemente yo, como tantas mujeres que conozco, he experimentado abuso de alguna forma. Para mí, mi comunidad ha sido vital y una gran bendición en mi vida, para ayudarme a recordar que no estoy sola”, dijo Hartzog, una artista de Seattle que vive en la ciudad de México. “Sé que las flores se mencionan en otro poema como una metáfora de la violación, pero me gustaría repetir la analogía en mi trabajo para representar a mi comunidad como un jardín, siempre en crecimiento, hermoso y próspero”.

Es como una flor 

Que da otra flor

Y esa flor da otra flor

Yo soy fruto de una violación

Y yo también fui violada

Vian Paniagua ilustró la frase de Milagros Jiménez sobre el ciclo de abuso sexual en su vida.

“Este poema me gustó por la comparación de las mujeres con una rama llena de flores. Todas quisiéramos ser esa planta que florece pero estos ataques nos marchitan a muchas”, explicó Paniagua, una artista mexicana.

El proceso de ilustración la ayudó a reflexionar sobre su propia experiencia, dijo Paniagua.

“Admiro la fortaleza de estas mujeres por compartir con todos sus historias. Es preocupante la situación, sin embargo pienso que esto ayuda a sensibilizar y empatizar para seguir con la lucha como mujeres en unirnos para sanar y fortalecernos”, agregó.

Es como una flor 

Que da otra flor

Y esa flor da otra flor

Yo soy fruto de una violación

Y yo también fui violada

También inspirada por la cita de Jiménez, la artista mexicana Mónica Olivera creó esta imagen.

Muchos años después de ser abusada, Jiménez emigró a Estados Unidos, donde ha limpiado casas y hoteles por más de dos décadas. Dijo que desde que es adulta, se ha defendido “con uñas y dientes” ante los intentos de abuso de algún huésped de un hotel o de un dueño de casa.

“Pero que tú te defiendas no hace que los abusos paren. Siempre hay otro que lo intenta”, comentó Jiménez durante la reunión de diciembre.

Nosotras ocupamos espacios

Estando en comunidad

Juntas

Y declarando que

No toleraremos abusos

Nunca más

“Al leer los poemas y los testimonios de las mujeres inmediatamente me identifico como una de ellas”, dijo María Luisa Estrada Sánchez, una artista mexicana. “Entre mujeres nos entendemos, al contar nuestras experiencias sin necesidad de tener que explicar más que los hechos que nos han marcado en la vida”.

Estrada dijo que su ilustración de las palabras de Jasmen Rogers, es el granito de arena que está aportando desde su trinchera, para elevar las voces femeninas y liberar a las mujeres del absurdo “sentimiento de culpa”.

“Yo también me he sentido responsable por el acoso que sufro en la calle, en el transporte público”, dijo.

Entendí que

Nunca dejaré de ser

Sobreviviente

De una violación



Entonces decidí

Lidiar con mi porquería

Llevarla a rastras

Y convertir en algo bueno

Mi desgracia

La artista mexicana Isabel Ruiz Tello siente una responsabilidad de “hacer visibles los conflictos actuales y la necesidad inmediata de alzar la voz y concientizar sobre el acoso y violencia hacia la mujer”.

Tello, una especialista del grabado, trabajó con una brigada comunitaria para asistir a las víctimas del terremoto que sacudió a México en septiembre del 2017. Además de ayudar a reconstruir viviendas, la brigada trabajó con las personas afectadas mediante terapia artística.

Tello y Hartzog, la artista de Seattle, se han asociado para enseñar artes gráficas a comunidades indígenas.

“Creo que es momento de tomar conciencia entre todas y todos, de luchar por la vida y la dignidad de las mujeres, que deje de ser una costumbre el exhibir el cuerpo femenino, pasar por alto las pequeñas o grandes faltas de respeto y celebrar la individualidad, la belleza, fertilidad de las mujeres, que somos cíclicas, perceptivas, sensibles, intuitivas y hermanas”, dijo Tello.

 

Cuando Francisca Tillería leyó la historia de las mujeres de Miami, pensó en la canción “The Living Proof” (La Prueba Viviente), de la cantante estadounidense Mary J. Blige.

El coro de la canción dice: So many don’t survive… They just don’t make it through… But look at me… I’m the living proof. (Muchos no sobreviven… Simplemente no lo logran… Pero mírame… Soy la prueba viviente).

Entonces Tillería, una artista de Ecuador, tomó sus pinceles y creó esta imagen. Le agregó una frase suya, corta y contundente: “Yo seré escuchada”.

Busque y comparta esta serie de imágenes en la cuenta de Instagram de el Nuevo Herald.

Agradecimientos especiales a Janae Lynch, Ángela Medina, Mardi Hartzog, Matías J. Ocner y Germán Guerra.

Para continuar la conversación y compartir sus testimonios e ilustraciones, siga a la reportera Brenda Medina en Twitter y Facebook: @BrendaMedinar y @BrendaMedinaJournalist.