Caótico viaje en autobús
By DANIEL SHOER ROTH
El Departamento de Tránsito de Miami-Dade no tiene suerte conmigo, ni con miles de pasajeros que somos testigos del desastre de nuestro sistema de autobuses públicos.
Esta vez, a mi regreso de un corto viaje a Nueva York y huyéndole a los desorbitados precios del estacionamiento en el Aeropuerto Internacional de Miami, opté por usar transporte público para llegar a la redacción de El Nuevo Herald el lunes por la mañana.
El trayecto de 6.7 millas -- que en automóvil se transita en 10 minutos sin tráfico -- se convirtió en una odisea que tomó casi dos horas, tres autobuses y $6.
Esta es la crónica de un caótico viaje en el Metrobus de Miami.
Para empezar, no había una ruta directa del aeropuerto al Omni, estación de transbordo muy frecuentada, próxima a la sede del Miami Herald, en el downtown. Para llegar, era necesario hacer una transferencia de buses en Biscayne Boulevard y la calle 36 del noroeste.
Es inaudito, pero tampoco hay autobuses públicos que lleven pasajeros directamente desde el aeropuerto, la puerta del condado Miami-Dade, a South Beach, el destino favorito de los turistas que nos visitan.
Con mi equipaje y el abrigo subí a la ruta J, por un costo de $2, junto con otros turistas confundidos sobre las transferencias que debían hacer para llegar a sus hoteles. Nuestro autobús estaba repleto. Una veintena de pasajeros iba de pie. Además de los visitantes con mochilas que obstruían el pasillo, había madres con bebés, jubilados con andaderas y empleados en camino al trabajo. Viajábamos unos encima de los otros.
Al parar en la estación del Metrorail de Allapattah, súbitamente, el autobús se descompuso y quedamos varados. Uno pensaría que la agencia de tránsito sería suficientemente eficiente para despachar un autobús de repuesto. En cambio, nos mandaron a bajar en pleno sol a esperar al menos 20 minutos por la próxima J que, por el horario y su popularidad, también vendría llena.
Previendo que no íbamos a entrar todos, pregunté al conductor si había otra manera de llegar al Omni desde ahí sin más transferencias. Me indicó que tomara la ruta 36. Al subir y pagar el boleto de nuevo, le dije al chofer que iba al Omni. Pero me respondió que, tras los recortes de las rutas hace unos meses, la 36 ya no llegaba al Omni. Lo más cerca que podía dejarme era Biscayne Boulevard y la calle 33 del noroeste, 19 largas cuadras al norte del Herald.
Bueno, no quedaban muchas opciones, era eso o seguir esperando por la J, sudando a gota gorda. Me resigné, tenía que llegar pronto al trabajo. Sin embargo, me enfadó que el chofer me diera la información equivocada.
Cuando finalmente bajé en Biscayne Boulevard, me encontré con que las sendas vía sur estaban bajo construcción y los autobuses no podían detenerse. Guiado por otra pasajera igualmente frustrada, caminé con el equipaje cinco cuadras más, hasta abordar la ruta 3, que me costó $2 adicionales, porque el Departamento de Tránsito eliminó en septiembre las transferencias de 50 centavos para los pasajeros que pagamos en efectivo.
Soy joven y estoy en forma, pero no todos los pasajeros pueden caminar esa distancia para cambiar de autobús. Tampoco pueden pagar $6 para recorrer seis millas o $3 si tienen MetroCard. Además, pude pedir a un amigo o colega que me recogiera. Pero no todos tienen amigos con automóvil. Un taxi me hubiera costado $24.
El episodio del lunes no es un suceso aislado. Los usuarios de los autobuses guardan con ira un repertorio de anécdotas similares: horas perdidas en un recorrido con transferencia de rutas, autobuses que se descomponen en medio del camino, choferes carentes de paciencia y mal informados, falta de coordinación entre la agencia de tránsito y el Departamento de Obras Públicas de Miami-Dade.
Con nuevos líderes en los gobiernos municipales, es hora de que haya más consideración hacia las personas que dependen del transporte público. Es hora de que los líderes en este condado dejen sus autos en el estacionamiento y se movilicen en autobuses para que experimenten un poco de nuestra cotidiana desdicha.
Si el condado Miami-Dade quiere ser un destino de primera clase, necesitará ofrecer mejores opciones de transporte público para llegar y salir del aeropuerto en rutas directas. Mientras tanto, para el próximo viaje, pediré a alguien que, por favor, vaya a buscarme.
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