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SHOW AEREO DE HOMESTEAD VUELVE AL AIRE

jpagliery@MiamiHerald.com

Cuando su F-15 Eagle dio una vuelta y subió hacia el sol, Alvaro Ramos estiró el cuello y derramó su cerveza sobre la pista.

Ramos, un antiguo piloto de la fuerza aérea colombiana, vino desde Naples para sumarse a los miles de asistentes al Show Aéreo de Homestead de este fin de semana, el primero de su tipo en casi veinte años.

``Vine a recordar'', dijo. ``Yo solía hacer eso''.

A los que ayudaron a coordinar el masivo evento de dos días, que sólo el sábado atrajo a unas 80,000 personas, les encantaría oír eso.

Desde que su base fuera devastada por el huracán Andrew en 1992, el personal de la 482 Fighter Wing no había invitado a los vecinos a la pista para la pompa que normalmente acompaña la presencia militar. Pero poco después de tomar el mando de la 482 el año pasado, el general de brigada William Binger recibió solicitudes de oficiales preocupados de que los vecinos se hubieran olvidado de que la existencia de la base.

``Hay gente fuera de la cerca que no sabe lo que hacemos aquí'', comentó el general, añadiendo que la falta de consciencia comunitaria lo había golpeado en el rostro ``como una bofetada''.

El formidable programa del sábado de la potencia y habilidad de la ingienería, precisión de los pilotos y el simple patriotismo apuntaba a cambiar ese concepto.

Padres de todo el sur de la Florida estaban junto a sus deslumbrados hijos viendo un como un F/A-18 Hornet, poco después de despegar, hacía un fuerte giro hacia la derecha, impulsado por 36,000 libras de presión. El estridente sonido del quemador auxiliar estremeció la multitud haciendo que la mayoría se pusiera las manos sobre las orejas.

``Creí que los oídos se me iban a explotar'', dijo Edward Williams, de 10 años.

La multitud presenció horas de giros y vueltas de aviones que iban desde los Mustangs P-51 de la II Guerra Mundial hasta los cazas jet actuales. En algunos casos, viejos y nuevos aviones volaron juntos en lo que los anunciadores llamaron ``vuelos de legado''. A los curiosos se les dio la oportunidad de tocar el fuselaje de los enormes aviones estacionados como un B-52 Stratofortress y un KC-135 Dtratotanker.

Las acrobacias aéreas, realizadas por pilotos locales y los famosos Thunderbirds, asombraron a Ileana Ruiz, de Fort Lauderdale. Ruiz, nacida en Nicaragua, estaba con su esposo y su hijo de 3 años. Dijo que el show la hacía sentirse orgullosa de haber venido a Estados Unidos cuando era niña.

``Uno ve lo que nuestra nación nos puede ofrecer'', dijo, mirando volar los jets. ``Ningún país tiene lo que tenemos nosotros''.

Es ese sentido de apreciación, dijo el general Binger, lo que hará a los vecinos más conscientes de la Homestead Air Reserve Base. Y espera que eso, a su vez, tenga un efecto secundario: hacer que los ciudadanos exhorten a los funcionarios electos a dar más fondos para la base que, según dijo, necesita una nueva entrada, un nuevo comedor y un nuevo hangar.

``Esta es una gran base... y me hace falta el apoyo de la comunidad'', agregó.

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