Hay que saber sacarles provecho a las crisis. Se habla y escribe sobre la escasez de alimentos y nos ha sorprendido una medida insólita, el racionamiento del arroz.
La primera solución sería incentivar la agricultura. Hay tierras fértiles y baldías en el planeta. Los incentivos deben incluir llevar la civilización al campo: luz, acueductos, caminos. Eso frenaría el éxodo del campesinado productivo hacia las ciudades.
La segunda solución vendría de los países prósperos, en los que admiramos cómo se desplazan por doquier anatomías voluminosísimas. Eso revela crisis de sobrealimentación. Haciendo de la necesidad virtud, deberíamos reducir voluntariamente nuestras porciones. También se impondría reeducar el paladar para consumir lo que menos escasea, aunque no guste tanto, reduciendo el consumo de lo más escaso, aunque guste más.
¿Quién dijo que se debe comer arroz todos los días? Pues eso sucede en no pocos hogares hispanos. El ama de casa no dice: ''Voy a cocinar arroz'', sino ''voy a poner el arroz''. Sí, se le menciona con artículo...
Hace rato que la mitad de la humanidad muere prematuramente por comer demasiado poco, mientras que la otra mitad muere de hartura.
Eduardo M. Barrios, S.J.