Trik o treat
A veces, cuando la distancia nos empolva la mente, quedamos en un estado de soñolencia tal que olvidamos parte de la vida. Y no estoy hablando de los males de la memoria que ahora con nombre alemán nos asustan a todos, ni de la consecuencia de cumplir cada año en el almanaque aunque nos propongamos seguir jóvenes; simplemente estoy hablando de esa nebulosa que nos crea el vivir entre dos culturas: tratamos de asumir una y se nos olvida la otra. Recuerdo que hace unos años alguien preguntó en una reunión de amigos por las jirafas de ``el zoológico de 26''. Todos nos quedamos en letargo, hasta que al fin hubo una respuesta sensata, aunque no sé si real: en el zoo de La Habana nunca hubo jirafas.
Hoy por hoy aún nos quedaba la duda de si alguna vez celebramos en Cuba Halloween. Claro, la respuesta no se hizo esperar, un no rotundo: imposible celebrar algo que para el gobierno cubano implica otra ideología. Y además, eso de hacer fiestas callejeras de disfraces es un peligro total en un país con tantos problemas ocultos.
Perdón, pero discrepo. Cuba es un disfraz perenne desde 1959. ¿Qué cubano no se vistió o se viste de un disfraz que no es su propio rostro para mantenerse a salvo? Nunca antes, creo, había existido un país donde la mentira se enseña, se aprehende al cuerpo como sanguijuela para poder sobrevivir. Un país donde se vive a ocultas, se esconde el alma, se respira miedo, una isla donde la frase trato o treta es la estructura básica del gobierno a dimensiones superlativas. Simplemente o haces un trato de buena conducta o asumes sus castigos, que pueden ser diversos.
Amelia M Doval
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