La discusión necesaria
Tres años después de que el presidente Felipe Calderón iniciara en México ``la guerra sin fin'' contra el narcotráfico, siguen aumentando las ejecuciones, la violencia, el tráfico infantil, la inseguridad estatal y el tráfico de armas.
Sin embargo, lo que no aumenta a estas fechas es el debate público sobre el tema. A primera vista parece que el apoyo popular se ha debilitado por las masacres que cotidianamente encuentran eco en la prensa de México y de todo el mundo. Me pregunto entonces: ¿será posible que los mexicanos se hayan resignado a vivir en la violencia?
Como cubana, exiliada de un gobierno represivo y corrupto que no cree en las libertades básicas, espero que no. Aunque nadie sabe si se está ganando, esta lucha contra la narcoviolencia debe mantenerse a toda costa. Los estadounidenses y en general los amantes de la libertad en todo el mundo tenemos el deber de apoyar con más fuerza la cruzada del gobierno mexicano contra el narcotráfico, porque lo que está en juego es el más caro de todos los derechos: la libertad.
Los gobiernos son responsables de la seguridad pública de sus soberanos. Fuera de México, el país más afectado por esta batalla es Estados Unidos. Por lo tanto, ambos gobiernos tienen el deber de conducir entre sus ciudadanos una rigurosa evaluación del impacto social a corto y a largo plazo de los recursos que invierten contra la narcoviolencia, y sobre cómo conseguir que esta inversión sea más efectiva sin erosionar la estabilidad fiscal.
Aunque estoy de acuerdo con la opinión del ex canciller mexicano Jorge Castañeda y de Rubén Aguilar, que las guerras generan intereses e interesados, y por lo tanto sé muy bien que en México esta guerra le ha dado poder y dinero al grupo que la encabeza --los mismos que tratan de convencernos de que la estamos ganando y de que es una guerra necesaria--, la alternativa es inconcebible y aún más peligrosa.
Conchita Sarnoff
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