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Casa sitiada

La casa de Vladimiro Roca es otro infame ejemplo del bloqueo castrista a las libertades del pueblo cubano. Esa casa está sitiada en La Habana. En ella hay once personas, once cubanos, mujeres y hombres que han elegido como muchos otros un camino independiente. Entienden que la dictadura castrista no es la solución a los problemas de la nación y piden espacio político para expresar sus pensamientos y discrepar pacíficamente.

No tienen armas ni material explosivo, sólo cuentan con sus ideas y algunos equipos para darlas a conocer. Sin embargo, están sitiados y han sido agredidos, verbal y físicamente. Sus familiares y amigos no pueden aproximarse ni ayudarlos llevándoles algún alimento, el criminal cerco represivo lo impide.

Los grupos agresores organizados por el aparato político castrista tienen tomadas las calles próximas a la residencia. Permanecen apostados para caer de forma artera y criminal sobre sus presas, gritando ofensas y obscenidades, porque carecen de razones, lanzando objetos, piedras y huevos, porque adolecen de ideas justas.

Las hordas castristas escupen odio y desprecio sobre una parte del exilio cubano a la que llaman intolerante, pero no dudan en atribuirse todo el derecho de responder con actos, a los que no cabe otro calificativo que fascistas, ante un grupo de opositores pacíficos.

El silencio, la amenaza, la agresión, la prisión y la muerte son las opciones que ofrece el régimen a sus opositores. Duele que todavía haya quienes estrechan la mano de los Castro y secuaces, callando ante tanta infamia. Otros demuestran su total carencia de escrúpulos asumiendo la denigrante misión de cabilderos de la cincuentenaria tiranía.

Hoy debemos denunciar esta nueva escalada represiva y cobarde.

Una vez más los Castro demuestran cuán poco valen cuando sus esbirros apedrean en las calles de Cuba a opositores pacíficos.

Nelson Núñez Dorta

Querétaro, México

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